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Os dejo las notas de Juan De Udaeta sobre la partitura de Don Chisciotte, obra que se ha encargado de recuperar. Espero que os resulte interesante.
Un abrazo
Kraus
"¿...Pero cómo es posible que esta música no se conozca todavía?". Era la pregunta que se hacía Teresa Berganza, en voz alta, cuando apenas acabábamos de leer al piano los últimos compases del Finale del “Don Chisciotte” de Manuel García. Y esta es la misma pregunta que muchos nos hemos hecho en España –y seguimos haciéndonos- cada vez que salen a la luz las recientes transcripciones de partituras olvidadas, como si viéramos emerger de las profundidades, entre la sorpresa y la incredulidad, un viejo barco hundido. Afortunadamente existen personas e instituciones cuya labor, y habría que añadiría que titánica, está cambiando la percepción y el conocimiento de nuestro pasado musical. Naturalmente siempre hay que alguien recurre, también, al conocido argumento según el cual el olvido es una suerte de condena que el tiempo impone a obras o autores como pago a su falta de valía. Hasta tanto no conozcamos, no ya a fondo sino mejor, el patrimonio musical oculto, que es verdaderamente considerable, lo único que sí parece cierto de todo ello, justa o injustamente, es que uno de los rasgos sobresalientes de la historia de nuestra música es la condena, y especialmente las "condena al olvido". Manuel García no iba a ser una excepción, y aún hoy, ciento setenta años después de su muerte, es una de las figuras más olvidadas de nuestro pasado. Y lo que resulta verdaderamente más sorprendente todavía es que siendo uno de los protagonistas de la vida musical europea y norteamericana de comienzos del siglo XIX, y siendo español, sea prácticamente desconocido precisamente en España.
A pesar de esta lamentable situación y gracias al trabajo de un número importante de musicólogos -y de manera especial la labor de investigación iniciada hace algunos años por Celsa Alonso y James Radomski-, vamos conociendo de forma pormenorizada lo que fue la andadura personal y artística de un personaje tan singular como Manuel García. Fruto de esta paciente labor de recuperación histórica está siendo el interés creciente por su obra; interés que nos está haciendo conocer no sólo las primeras obras de su "época madrileña" -"tonadillas" de verdadero éxito en los teatros madrileños y en las que ya comenzaba a brillar el talento de este sevillano singular , sino aquellas otras obras compuestas a lo largo de su vida, así como su faceta como gran "maestro" de cantantes. Que duda cabe que la presencia de Manuel García en los centros líricos más importantes de Europa, ya desde su llegada a Paris en 1807, siempre estuvo ligada a su faceta, dadas sus condiciones vocales excepcionales, como cantante, y unido a ellas sus dotes, también excepcionales, como actor. Ambas fueron las que hicieron de Manuel García uno de los mitos de la interpretación operística europea de principios del XIX. Sin embargo también existe un Manuel García. Junto al "primo tenore" se daba el compositor de verdadera "proyección y lenguaje internacionales", como bien señala Emilio Casares. Él fue también compositor de óperas para consumo de los grandes teatros europeos, donde sólo a los autores verdaderamente considerados les era permitido estrenar, y no debiéramos olvidar que nuestro Manuel García compartía programación como compositor, nada más ni nada menos, que con Mozart o Rossini, por citar dos referencias operísticas incuestionables. Probablemente esta faceta, muchísimo menos conocida, ha quedado escondida tras la potente imagen que de él se hizo en Europa como intérprete, y esto tal vez explique , entre otras razones posibles, el lugar muy secundario al que ha sido relegada su extensa producción operística, con más de una veintena de títulos.
Por una afortunada coincidencia, la celebración del IV Centenario de la primera publicación del Quijote y los trabajos de recuperación sobre determinadas obras de Manuel García, tuve ocasión de buscar con detenimiento, o más bien exhumar, una de las obras de Manuel García basada precisamente en la obra de Miguel de Cervantes: "Don Chisciotte". Del "Don Chisciotte" de García se conocía tanto la existencia de los manuscritos como del lugar en que éstos se hallaban: dos copias en la Biblioteca Nacional de Francia y una tercera en la Biblioteca Histórica del Ayuntamiento de Madrid. Sin embargo quedan todavía por conocerse datos precisos acerca de la fecha de composición, lugar del estreno o incluso sobre el autor del libreto. La propia vida de García, con sus sucesivos cambios de residencia (Francia, Italia, Inglaterra, Estados Unidos y Mexico) nos hacen movernos en el terreno de la conjetura y la reflexión hasta tanto la investigación musicológica nos aporte datos concretos que permitan fijar con exactitud en qué momento comienza a escribirse o cuándo tiene lugar su estreno, o incluso si fue el propio García quien la estrenó.
A falta de ella, se podrían plantear algunas reflexiones y tratar extraer de ellas las claves que nos ayuden a situarla en el tiempo. Atendiendo a ciertos aspectos del "Don Chisciotte" bien pudiera considerarse como una obra de madurez de Manuel García. Algunos autores hablan de Paris y 1827 como lugar y fecha de su estreno, aunque parece que no han sido suficientemente contrastados por lo que ya sabemos acerca de la estancia de García en América por esas fechas. Por la escritura puramente podríamos deducir que estamos ante una obra compuesta por un experimentado... cantante. No parece que exista un solo momento a lo largo de esta partitura en que sus diferentes partes vocales no representen sino la madurez de un estilo. Es más, si estableciésemos una línea de conexión entre esta partitura y el Método de Canto de Manuel García (hijo), quien sistematizó en su conocidísimo método las enseñanzas recibidas de su padre, no sería difícil asegurar que el "Don Chisciotte" es en sí mismo todo un exponente de la madurez de un estilo, todo un tratado del "bel canto": Conceptos, frases, ornamentos, improvisaciones, cadencias, estilos, todo está contenido en este Chisciotte. Como también lo está el tipo de voz de García. Voz que, a tenor de las referencias escritas de la época, gozaba de unas características muy especiales en cuanto a registro y timbre, al igual que el papel de Dorotea -¿pensó en su hija María Malibrán?-
Una segunda reflexión nos podría acercar a las referencias y rasgos musicales que aparecen en este "Don Chisciotte", o lo que para algunos de pensamiento rápido, y siempre listos para despachar en dos líneas, significa simple imitación del estilo de otros autores. Que duda cabe que como protagonista excepcional del "gran repertorio" operístico, y elevando algunas de sus interpretaciones a la categoría de auténtica leyenda, resulta comprensible que en el momento de componer aparecieran, como inevitables, las referencias que él mismo, en su condición de intérprete, tan bien conocía. Y muy especialmente las referencias mozartianas y rossinianas, puesto que con Mozart y Rossini (Don Giovanni y Otello) había conquistado, como hasta entonces nadie lo había hecho, la cima de la interpretación. Aunque más que simple imitación de tal o cual compositor deberíamos hablar de el estilo de toda una época, y lo que hoy nos parecen imitaciones tal vez fueran los lugares comunes de la estética musical del momento. Como también formaban parte de la estética musical de aquella época, especialmente en algunos teatros concretos, los textos hablados, no cantados, entre las diferentes arias y concertantes de la ópera.
Y a ello bien podríamos añadir una nueva reflexión sobre el propio título: Don Quijote. No debemos olvidar que Manuel García poseía igualmente unas dotes excepcionales como actor y él era consciente de ello. El personaje cervantino supone todo un reto, no ya vocal sino dramático, en su ópera. Él, que había encarnado a los grandes héroes operísticos, tal vez sintiera la necesidad de abordar otra de las grandes creaciones de la literatura universal: Don Quijote. Con el añadido de ser, como Cervantes, español, y sintiéndose tal vez por esta razón muy próximo al significado que para nosotros tiene esta obra. Seguramente con su "Don Chisciotte" quería mostrar al mundo no ya sus facultades vocales sino su capacidad como gran actor que da vida al héroe cervantino, todo un reto. Parece claro en la partitura, además, que el papel de Don Chisciotte se lo había reservado para él mismo. No ya porque con su aparición en escena, en el momento central del primer acto, emplea todo el aparato orquestal posible -incluidos trombones y timbales- sino por la aparición del primer "recitativo instrumentato" de la ópera. Momento musical reservado para las aparción estelares del papel protagonista. Junto al reto como actor quizás también se planteó el reto de ser el propio libretista. Sobre este punto resulta interesante destacar que no existe, en ninguno de los manuscritos, referencia alguna al autor del libreto. Y lo que parece claro es que quienquiera que fuera su autor conocía a fondo la obra de Cervantes y se ciñó, con bastante fidelidad, a la sucesión de capítulos en los que se van entrecruzando las historias y aventuras del cura, del barbero, de Dorotea convertida en la princesa Micomicona, de Cardenio, de Don Quijote en Sierra Morena y de Fernando hasta la escena final en que regresa Don Quijote encerrado en una jaula.
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