Bueno, bueno, bueno. Hacía mucho que no encontraba tanta unanimidad (para bien,

) en las críticas.
¡Aúpa Roberto Alagna!
Mengíbar escribió:
En medio del revuelo mediático promovido por el anuncio oficial de la separación de la pareja Georghiu-Alagna, el tenor franco-siciliano volvía a Sevilla a los pocos meses de su anterior comparecencia con aquellos olvidables Pescadores de perlas. En esta ocasión retornaba con una obra hecha a la medida de sus actuales perfiles canoros, alejados ya hace tiempo de las sutilezas belcantistas y los refinamientos estilísticos y volcados plenamente en una dimensión mucho más dramática y de mayor peso vocal. No parece irle mal en este nuevo repertorio a la vista de los buenos resultados de su Carmen londinense de hace unas semanas y, sobre todo, de su prestación vocal en este Cyrano de Bergerac.
[...]
Hay que reconocer que, al margen de la comodidad vocal del personaje, Alagna borda literalmente su parte. La voz le corre a la perfección, traspasa sin problemas el denso foso y brilla con un metal refulgente, de una calidad tímbrica impresionante. Puede faltarle a veces algo más de delicadeza en el fraseo en los momentos líricos, pues tiende a llevarse la representación a su terreno y en seguida coloca la voz en dinámicas fuertes, pero aún así sobrecoge escuchar una voz de tal carga de pasión y de fuerza dramática que, en los momentos finales, llega incluso a conmover.
Ismael G. Cabral (ElCorreoWeb.es) escribió:
Cyrano de Bergerac es una de esas óperas de voces ante la que cualquier cantante con un poco de aprecio por su carrera se lo pensaría dos veces a la hora de afrontarla. La escritura de Alfano, temible y de una enorme dificultad, está sólo a la mano de unos pocos tenores. El siciliano Roberto Alagna es uno de ellos. No sólo es capaz de salir airoso del papel, también se le ve cómodo en el escenario.
Gonzalo Alonso (Beckmesser) escribió:
Realmente carece de sentido resucitar la obra sin un tenor protagonista y Alagna lo es. Al margen de añorar la frescura de timbre de aquel joven que cantaba “Romeo y Julieta” de Gounod y, en general, un repertorio mucho más lírico, lo cierto es que la voz posee hoy la densidad y el poder para un papel que habitualmente se puede cantar entre el mezzoforte y el forte. De aquí que haya que aplaudir calurosamente su actual intervención.
Carlos Tarín (abcdesevilla.es) escribió:
Alagna se embutió en el narigudo como un alter ego, haciendo olvidar el fiasco de sus «Pescadores de perlas» de hace unos meses: Cyrano no le hubiera permitido medias tintas: una voz constantemente arriba, permanentemente en «forte», con tremendos saltos interválicos capaces de castrar cualquier registro y una presencia persistente en escena hubiesen puesto en evidencia cualquier debilidad; pero no la había. El registro estaba preparado a conciencia, y la línea continua de canto, fluida e inasible, se escurría sobre el río heraclitiano que corría en el foso. Incluso su debilidad más patente, los (escasos) apianamientos, los sorteó con discreción, incluso seguidos de cascadas interválicas. Voz poderosa, sugerente, bien templada y asentada, e incluso permítasenos decir que «natural», a pesar de su necesaria impostación.
Y, volviendo al tema del hilo,

, ¿podéis poner un par de ejemplillos sonoros sin/con
squillo?