Aflijido, emocionado, aún con opresión en el pecho, dolor de estómago, la tensión por las nubes, sin dormir (llegué a casa a las 3.,30 de la mañana) porque era imposible hacerlo, tras el apoteósico recital de Edita Gruberova en Oviedo y, particularmente, una escena final de Roberto Devereux, memorable. Uno de esos momentos mágicos que se dan en teatro y que explican por qué la ópera forma parte esencial de mi vida de tifoso y justificarían ir por la calle con chanclas y arapos por tener la oportunidad de disfrutarlos. ¡Ni 5 noches con Pilar Rubio, oigan!
La voz aún sanísima, firme, tersa, mórbida. El fiato eterno, el legato inatacable. La coloratura, las regulaciones dinámicas de fuoriclasse. En fin, una técnica ya legendaria
Después de "calentar" con un "Martern aller artern" que en su garganta ya es histórico, una escena de la locura de Lucia, completa y con cabaletta. NO menos histórica. Una escena final completísima de Il Pirata, sin caer en la trampa de exagerar o meter en pecho graves que no tiene, llegó el momento mágico, histórico, inolvidable. Le había visto en vivo dos funciones de Devereux, magníficas pero lós 18 minutos de OPERA con mayúsculas logrados ayer fueron un milagro. Emocionado, las lágrimas me caían por el rostro, los "brava" enloquecidos me dejaban afónico... el teatro rugía. Esto es OPERA y no el sucedáneo que nos dan actualmente.
Gracias una vez más, Doña Edita. Usted es una de las responsables de muchos de los momentos de felicidad de mi vida.
PD: Al próximo que se meta con esta mujer que busque dónde esconderse y no pase cerca de mí porque "mato", "despedazo", "torturo" y "asesino"
