Le Gouverneur escribió:
Cada vez cuesta más ponerse al día en el foro, incluso en los topics que más pueden interesar personalmente, no sé si hay más foreros o estamos más activos.
Sin duda somos más foreros pero el tema se calentó por el hilo el mundialito de compositores.
Le Gouverneur escribió:
Respecto al Siegfried, algo no me cuadra en que se quiera cortar una hora y media de esta jornada del anillo incluso en una versión excepcional. Por ejemplo en la versión de Keilberth desde el principio hasta el final la calidad es extraordinaria, cualquier corte y la imposibilidad de volver a escuchar cualquier fragmento sería un crimen contra la humanidad.
Totalmente de acuerdo, tal vez sería más importante replantear el problema hacia qué es lo quitarian de Siegfried o consideran innecesario, en cuanto al Siegfried de Keilberth, cuál el del 52, 53 o 55.
Le Gouverneur escribió:
Sobre los librettos. Otro de los temas debatidos ampliamente. No me interesa valorar la calidad literaria de los librettos separados de la música. Sería como valorar la calidad de una tuerca en un coche. Lo importante como ya se ha dicho muchas veces, es la calidad de la fusión de texto y música y esto se consigue con más vigor cuando todo surge del mismo impulso vital.
Si claro es imposible separar esa fusión que hizo Wagner de la palabra y la música, y más si tomamos como base que Wagner no concibió su poema como un libreto destinado sólo a la obra musical, sino como un componente del drama, sin embargo:
«De igual modo los poemas de Wagner, aunque revelan un gusto sincero y una perfecta inteligencia de la belleza clásica, participan también, en fuerte dosis, del espíritu romántico. Si hacen soñar en la majestad de Sófocles y Esquilo, constriñen al mismo tiempo al espíritu a acordarse de los Misterios de la época más plásticamente católica... y no es sorprendente que los hombres de letras, en particular, se hayan mostrado simpáticos para con un músico que se gloria de ser poeta y dramaturgo».
Charles Baudelaire.
«Los dramas líricos de Wagner, leídos y sin el encanto divino que la música presta a los versos, resultan verdaderas obras literarias dignas de un gran poeta».
V. Blasco Ibáñez.