Hace unos días se quedó un tema pendiente en el hilo que hablábamos sobre la pérdida de oscuridad de las voces actuales.
Gino escribió:
Por otro lado ahora creo que se ha exagerado la importancia del color del timbre para clasificar las cuerdas. Lo primero es tener la extensión sin trucos en la emisión.
Es lógico que desde el punto de vista del aficionado se piense de esta manera, ya que nos podemos preguntar de qué nos sirve por ejemplo un tenor que no pueda cantar una determinada ópera correctamente por tener serios problemas con la tesitura de esa ópera.
Sin embargo la postura del maestro de canto normalmente será con total seguridad distinta y sí dará una importancia primordial al color de la voz a la hora de clasificar al cantante.
La principal cuestión para aceptar este planteamiento es pensar en el orden y el momento en el que se desarrollan los acontecimientos.
Un joven cantante, pongamos de unos 18 años, que tiene facilidad para el canto y ha hecho sus primeros pinitos normalmente de forma autodidacta o por pequeños conocimientos que le hayan podido enseñar en el colegio, o por la primeras enseñanzas de algunas amistades, se dispone a tomar contacto con un maestro de canto ya sea particular o de alguna escuela de música.
El maestro tendrá que hacer un diagnóstico de cual es la voz adecuada para ir trabajando en ese sentido y en ese momento el parámetro adecuado es el color de la voz.
Un maestro con experiencia sabe distinguir los armónicos que produce la voz e intuye los que producirá en el futuro.
Además hay otros elementos que ayudan un poco a hacerse una idea, desde el habla normal, hasta el aspecto físico que por mera estadística puede ayudar.
En cambio la extensión del cantante en ese momento será poco relevante y es muy posible que aunque el joven sea tenor, la extensión en ese momento sea de un mi1 a un mi3 fácil mientras que a partir del Fa3 sea tendente al grito. Si el maestro apuntase los extremos de la extensión y se hiciese una opinión a través de ese dato sería un gran error.
Es muy frecuente que un joven vaya a la primera clase de canto cantando por extensión arias de bajo y de barítono y a la pregunta al profesor...
- ¿Soy bajo o barítono?
-Eres tenor
- Pero si tengo unos graves preciosos y no llego por arriba al Fa3
- Eres tenor.
Un violín, una viola, un chelo, pueden emitir la misma nota, pero evidentemente el sonido será distinto.
Es después con el trabajo y el aprendizaje de la técnica cuando el joven cantante con color de tenor irá adquiriendo la extensión de tenor. Si no lo consigue podrá cantar muy bien el aria de Felipe II pero en la ducha de su casa, no será cantante de ópera. Los graves es posible que los vaya perdiendo con la insistencia en las escalas en la zona aguda ya que la voz se desplaza en cierta medida hacia la zona que se trabaja, aunque hay tenores que trabajando siempre las escalas a partir del mi2 han mantenido una emisión correcta de notas tan graves como el sol 1 y más graves incluso.
El color es fundamental para el carácter del personaje y es cierto que ha habido grandes cantantes sin un color adecuado para su cuerda, pero que han salvado este defecto con su grandísimo arte.
Hay tenores que pueden cantar con una correcta emisión el Gunermanz de Parsifal pero el resultado es ridículo. Con los barítonos pasa algo parecido aunque admiten una mayor claridad siempre que sean voces envolventes. Sin embargo una voz auténtica de tenor chocará siempre en un papel de barítono. Lo veremos muy pronto con el Simón de Domingo, cantante que tiene un bello centro de tenor pero al que los teatros le permiten este capricho de cantar como barítono.
También es cierto que el timbre de un cantante en formación no es el verdadero y que con el paso del tiempo puede haber sorpresas ante la aparición del verdadero timbre con la correcta impostación, pero un buen maestro muy pocas veces se equivoca.
Según se avanza en el trabajo con las escalas se va consiguiendo la verdadera extensión y una cosa muy importante, la confirmación de la cuerda al comprobar en qué nota el cantante va pidiendo el paso de registro siendo normalmente el Fa3 aproximadamente para el tenor y un tono más grave según descendemos a barítono y otro para bajo.