Bueno, dejadme contaros una historia de Plácido Domingo que, gracias al juego de Chronos, empieza en el pasado y temina en el futuro. La historia, poco conocida, de su relación con la religión y la espiritualidad.
En sus años mozos, Domingo, como es bien sabido para desesperación de la “querida Marta”, era un señor tentado por la carne y a menudo, como decía Wilde, vencía la tentación cayendo en ella. Atestígüenlo tantas soubrettes y hasta alguna soprano lírico-ligera, a las que, eso sí, conquistaba con elevados conceptos y espirituales discursos …
En fin, que era bastante diablillo…
Hasta que un día empezó a escuchar voces:
Al principio no se las creyó mucho,
pero enseguida se dejó llevar por su invitación a seguir una vida de elevada espiritualidad
Y se decidió a abandonar la farándula y entrar en religión. No os voy a repetir la foto que ya puse ayer en que se le ve vestido de hermano lego en un convento de capuchinos, en el que entró haciéndose llamara “Hermano Rafael”, en obvio recuerdo contrito de su vida pasada y en especial de su exitoso papel de D. Álvaro en “La forza”.
Pero sus innegables cualidades en la vida monástica, en la que se distinguía por su piedad no menos que por el hermoso timbre baritonal de sus intervenciones en los maitines y las vísperas cantadas, le llevaron en poco tiempo a ascender en la jerarquía eclesiástiica hasta llegar a puestos de mayor responsabilidad.
Primero en las misiones donde llevó el consuelo a los infieles…
Y luego, poco a poco cada vez más alto hasta llegar a obispo (aquí una imagen de su primera Misa de proclamación)
Y al final, tras trabajar cerca de sus predecesores:
Al fallecer el último fue elegido Papa con el nombre de Rafaele I
Aunque no voy a examinar su papado, si dejaré un apunte sobre un estilo inusual en sus formas de ejercer el alto magisterio. Desde sus apariciones vestido de seglar, a sus conocidas ruedas de prensa (en la foto, una en la Sala de Prensa del Vaticano)
hasta su indisimulado apoyo (criticado a menudo por la curia por poco diplomático, especialmente cuando lo hace revestido con sus casullas rituales) por las causas que le parecen justas y merecedoras de triunfo…
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