El Tour de Francia en el siglo XIX
Los expertos dicen que el Tour de Francia es una prueba muy dura. No seremos nosotros los que digamos lo contrario, pero sí estamos en condiciones de afirmar que en el siglo XIX no es que fuese dura, es que era sobrehumana.
Comprensible, si tenemos en cuenta que en el siglo XIX Francia era mucho más grande de lo que es ahora; no entraremos en detalles para que no nos baneen por hablar de temas prohibidos, pero seguro que todos estáis al corriente. La cuestión es que, por aquel entonces, Francia era así:
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E incluso más extensa si abandonamos el continente europeo, con colonias en África (Argelia, Túnez, Madagascar...), América y Asia. Pero no, a Asia y a América no llegó nunca el Tour.
La información que existe sobre el Tour de Francia en el siglo XIX es muy escasa, pero tras una ardua labor de investigación hemos recuperado un recorrido oficial; lamentablemente desconocemos de qué edición se trata, pero sirva como ejemplo de lo que podría ser un año cualquiera.
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Google Maps patrocina el Tour de Francia del siglo XIX</center>
<center>Pincha aquí para ver el recorrido</center>
Se trata de un recorrido de dieciséis etapas, que pasa por treinta localidades que, curiosamente, han sido mencionadas alguna vez en alguna ópera. Si revisáis las chinchetas sobre el mapa podréis ver los detalles operísticos del recorrido de la
serpiente azul (durante el siglo XX se abandonó esta elegante denominación en favor de la cursi y tópica
serpiente multicolor).
Estas son las etapas:
- Primera etapa: 'Joie de vivre'(Contrarreloj en París). Visitando lugares frecuentados por mujeres extrovertidas como Manon, Violeta y Musetta. 18,7 km
- Segunda etapa: 'La pénitence' (París-Le Havre): rememoramos el trágico destino de una señorita de buen vivir. 195 km.
- Tercera etapa: 'Souvenirs' (Le Havre-Amiens-Arras). Recordamos, en plan flash-back, el pasado de la alegre damisela. 250 km.
- Cuarta etapa: 'Le voyage à Reims (I)': Divertida y políglota se desliza la serpiente blue por esta doble etapa con avituallamento (obbligato) en la pequeña localidad Plombiere-les-Bains. Tras 528 km no es extraño que muchos de los corredores no puedan continuar con su camino.
- Quinta etapa: 'Le voyage à Reims (II)': Conclusión lógica de la etapa anterior (para aquellos que han podido continuar). 356 km.
- Sexta etapa: 'Déjà vu' (Reims-Fourmotiers). Para completar el dislate de las dos anteriores jornadas visitamos un lugar de ambiente y música conocidos. 119 km.
- Séptima etapa: 'À la chasse' (Fourmotiers-Fontainebleau). Visitamos unos de los lugares de cacería de la realeza europea. Entre las piezas de caza se encuentran otros miembros de la realeza. 65,4 km.
- Octava etapa: 'Un autre type de chasse' (Fontainebleau-Tirol). Después de la cacería real, una visita a las actividades de caza propias del ejército. 691 km
- Novena etapa: 'Un monde bucolique' (Recorrido por el Tirol) Por algunos de los más conocidos lugares de esa imprescindible ópera que es la Wally. 471 km
- Décima etapa: 'Trauma' (Murzoll-Cesky Krumlov-Palacio Cirpiani). Un inolvidable e interminable paseo por lugares de la ópera Mignon. 867 km
- Undécima etapa: 'La belle Italie' (Venecia-Palermo-Roma). Un recorrido por la Francia más operística. Al más puro estilo Grand-Opéra. 2012 km
- Duodécima etapa: 'Vie d'art' (Contrarreloj en Roma). Un recorrido urbano por los lugares de vida y muerte de Tosca. 5,9 km
- Etapa décimotercera: 'Le sud' (Argel-Seville). Un curioso recorrido por la Francia más austral. Etapa también conocida como 'ET et le vélo volant'. Demasiado incluso para Google maps.
- Etapa décimocuarta: 'Le retour' (Sevilla-Arles-Provenza). Vuelta a los sabores más tradicionalmente franceses. 1504 km.
- Etapa décimoquinta: 'Le retour au bel-canto' (Provenza-París). Vuelta atrás en el tiempo, de Verdi a Bellini. 782 km.
- Etapa décimosexta (y última): 'Cristal de Bohème' (Contrarreloj etílica por equipos). Tradicional etapa parisina, con recorrido del casa al bar y vuelta. 0,5 km.
Como en la actualidad, el Tour comenzaba y acababa en Paris, aunque el paso por los Campos Elíseos es una costumbre relativamente reciente; en aquella época, como ahora, en la última etapa estaba ya todo decidido y se prefería un brevísimo recorrido en que público y corredores confraternizaban con pastís; muy probablemente la etapa duraba bastante más de lo previsto por la organización.
No faltaban las contrarrelojes, siendo especialmente celebrada la contrarreloj romana, ni las etapas rompepiernas, dos tremendos itinerarios de 1.500 km y 2000 km que ponían a prueba el pundonor, la hombría, el sufrimiento y todas esas cosas que se dicen siempre en las retransmisiones radiofónicas del Tour (no hemos podido confirmarlo, pero al parecer el gremio de ciclistas suplicó en diversas ocasiones a Verdi, Bellini, Rossini, incluso a Wagner, que estrenaran óperas ambientadas en las penínsulas Itálica e Ibérica para aliviar sus sufrimientos). Tampoco se prescindía de las etapas de montaña, recorriendo el Tirol en vez de subir al Tourmalet, y es de suponer que las jornadas de descanso serían imprescindibles para que los ciclistas volvieran a sentirse las piernas. En fin... una carrera con todos los ingredientes para ser considerada épica,
y para ser denunciada ante el tribunal de La Haya
Desconocemos cuántos corredores tomaron la salida y cuántos completaron la dieciséis etapas en el año que nos ocupa, y los nombres de los tres ciclistas que subieron al podio. Reciban todos ellos, los que llegaron al Café Momus y los que se quedaron donde Lilas Pastia, los que homenajearon a Manon quedándose en Le Havre y los que soñaron con la Provenza como papá Germont, nuestro más sentido homenaje.