Gino escribió:
Caramba, creo que no te has pensado muy bien la comparación.
Primero, porque Rossini es EL AUTOR de Barbiere. Segundo, porque una cosa es una adaptación de un papel que se hace para que lo cante una voz distinta y otra bajar un tono TODA LA PARTITURA por comodidad de un intérprete que ya no está para cantar lo escrito.
Nada que ver, por tanto
Si no estoy muy errado, Rossini se limitó a
tolerar las adulteraciones e interpolaciones introducidas por las ligeras de su tiempo en una ópera que se hizo tan popular y todas querían cantar. Él no reescribió un Barbero para ligera. Pero ello tampoco hubiera sido determinante; Massenet adaptó Werther para barítono y ahí quedó. Y Charpentier adaptó su inmortal Louise no a una voz sino a un medio técnico: la capacidad fonográfica de los años 30. El tema yo creo que es más lo que decía Gino: eran los autores.
Pese a que ser dogmático nunca es la mejor actitud (pues ha habido transportes convencionalmente aceptados por lo demencial de la escritura original), la música está escrita para sonar de una forma y a una determinada (no me gusta el térmnio, pero creo que es gráfico) "altura". Todo lo que suponga salirse de ahí tiene, al menos, una parte "fraudulenta" o sospechosa de serlo. Por eso los maestros italianos de otrora buscaban lugares para transportar alguna piezas (vgr. la Pira) "sin que se notara". El acto entero de Lecouvreur bajado por Domingo me parece, en ese sentido, la barra libre más absoluta ante las adulteraciones, pues ni su papel ni los demás están pensados para sonar así. Musicalmente no lo puedo aprobar. Cosa distinta es el elemento "emocional" de tornar al papel con el que debutó en el MET, aunque ya no pueda con él, y la generosidad del cast y el director de permitirle el exceso del tono entero bajo para el homenaje. Pero eso ya es totalmente subjetivo, y cada uno verá si se emociona por la rememoración de 40 años de aplausos o si el astronómico exceso no le dice nada.