Pues me ocurrió como a Toni: al divo JDF, en un recital en Oviedo. Desagradable como persona a más no poder, y haciendo realidad todo lo negativo del término divo. Aparte de eso, fue un programa muy mal combinado musicalmente hablando, y aún peor llevado por el cantante, que como venía de gran figurón, se permitió todo cuanto quiso
Vayamos por partes:
–Parte musical: la primera mitad del concierto se compuso de Donizettis demasiado parecidos entre sí. Había que ser un verdadero loco por Donizetti para que aquello no resultase un tanto monótono. Tras el descanso, canciones latinoamericanas, con una
Flor de la canela tan engoladamente operística y fuera de lugar que lógicamente hacía echar de menos todo el rato a María Dolores Pradera.
–Parte humana del asunto: el señorito JDF hizo pausas larguíiiiiiiiiiiiiisimas entre cada una de las arias, canciones, etc… tanto, que entre una y otra se formaron auténticas tertulias entre el público. Un recital carente de ritmo, sin mantener la atención. Y como guinda del pastel, las propinas. Todo el mundo esperaba, y confieso que yo también, el "Ah, mes amis" de
La fille du régiment. Entonces es cuando el ricitos se dirige al auditorio y nos espeta que "ya sabe lo que todos estamos esperando y lo va a cantar, pero de una forma que no conocemos –la versión italiana, pensé, pues muy bien–, pero que como no vamos a entender el idioma

, no lo vamos a distinguir de la versión habitual"
Creo que es una grosería hacia el público; en Oviedo se escucha ópera sistemáticamente desde finales del XVIII. Es algo habitual en esta ciudad, cuando el señorito JDF no sabía aún que la ópera existía.
Si no hubiese ido a este recital, no me habría perdido NADA, de verdad.