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| Idefixófila |
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Registrado: 08 Ago 2004 18:49 Mensajes: 4249 Ubicación: Agente Doble
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No sé muy bien dónde ubicar este hilo, pero he preferido hacerlo en uno nuevo que no colgarlo en Temporada Liceu o Temporada Verona.
Me ha parecido interesante porque se trata de la misma producción que inaugurará la próxima temporada en BCN (ballets y recitales aparte) :
El Festival de Verona abre con una 'Gioconda' de aire estilizado y melancólico El nuevo montaje de la obra de Amilcare Ponchielli, coproducido por el Liceu, inaugurará la temporada lírica barcelonesa el próximo cuatro de octubre
La producción, adaptada a la espectacular Arena di Verona, se ajustará sin grandes dificultades al escenario del Liceu MARINO RODRÍGUEZ - 19/06/2005 Enviado especial VERONA
Tras realizar el año pasado su primera coproducción con Salzburgo, La ciudad muerta,de Korngold, que llegará al teatro barcelonés la próxima temporada, el Liceu ha hecho ahora su también primera coproducción con otro de los más célebres festivales operísticos del mundo, el de la Arena di Verona. Se trata de un montaje de La Gioconda,de Amilcare Ponchielli, que anteanoche abrió el festival veronés y que será asimismo uno de los platos fuertes de la próxima temporada liceísta y que la inaugurará el 4 de octubre.
Única ópera de Ponchielli que permanece en el repertorio, La Gioconda es un culebrón sobre las desgracias de una pobre cantante callejera (Gioconda), hija de una ciega, que es deseada por un malvadísimo espía de la Inquisición (Barnaba), cuando ella a quien quiere es a un príncipe (Enzo) que anda liado con la mujer (Laura) de un cruel noble (Alvise). Ha perdido un poco de popularidad, y prueba de ello es que mientras para el Nabucco de hoy se anuncia casi lleno, anteanoche, de los 14.000 asientos de que dispone el magnífico coliseo romano de la Arena di Verona, sólo algo más de 10.000 fueron ocupados por un público que aplaudió con ganas al fin de la función.
La producción es del reconocido director de escena Pier Luigi Pizzi, que firma también la escenografía y el vestuario del montaje, que tiene su habitual estilo: decorado único de líneas sencillas y arquitectónicas -él estudió arquitectura-, escena limpia,reducida gama de colores... Dice haber avanzado un siglo la ambientación de la obra, que transcurre en la Venecia del 1600 -pero el espectador lo nota muy poco-.
La suya es una Gioconda de aire estilizado y melancólico. La evocación de Venecia está hecha con unos pocos elementos: cuatro puentes de escalones sobre un canal que cruza la escena de derecha a izquierda y por el que en algunos momentos navega una góndola. La escena sólo varía ligeramente en cada acto al juntarse o separarse los puentes. En primer término del escenario hay en todo momento una especie de templete (contiene la cabeza de león para la delación a la Inquisición que utiliza Barnaba, luego hace de lecho aparentemente mortuorio para Laura, etcétera). Todo está pintado de gris salvo lo que parece una gran media luna, que preside el fondo del escenario medio asomando de lo que se supone es el mar, pintada de plata. Y de intenso rojo está pintado el barco de Enzo. El vestuario y las máscaras son una versión simplificada y con toques modernos de los clásicos venecianos, todo ello, en pocos colores básicos : blanco, negro, gris y varios tonos de rojo. Aquí la producción tiene las amplias dimensiones que requiere la espectacular gran Arena di Verona, pero por todo lo dicho no parece que vaya a ser complejo su futuro ajuste y acomodo al escenario del Liceu.
Una de las razones fundamentales por las que se representa poco La Gioconda es porque requiere seis grandes cantantes, seis intérpretes de primera magnitud. Por ejemplo, en Verona la han cantado Gigli, Tucker, Cappuccilli, Callas -en el que fue su despegue internacional- o Pavarotti. El sexteto reunido esta vez ha cumplido bien, aunque sin hacer olvidar a sus legendarios predecesores. El joven tenor Marco Berti, poco conocido aún fuera de Italia, demostró su gran clase en la célebre y difícil aria Cielo e mar;la soprano Andrea Gruber lució su potente voz en un Suicidio notable, el barítono Alberto Mastromarino se entregó a fondo -y lo pagó un poco al final- a su Barnaba, y el bajo Carlo Colombara, que interpretará también el mismo personaje en el Liceu, fue un Alvise bastante imponente. La ciega de la mezzo Elisabetta Fiorillo -que en el Liceu será Laura- y la Laura de la también mezzo Ildiko Komlosi estuvieron un poco por debajo de aquéllos.
Sí estuvo a la altura de su gran fama el coro, en verdad estupendo, y el director musical Donato Renzetti sacó un buen partido de la orquesta, luciéndose, como ha de ser, en la célebre Danza de las horas -la de los hipopótamos y cocodrilos del clásico de Disney Fantasía-,donde hicieron lo propio los bailarines Robert Bolle y Letizia Giuliani, etoiles del Ballet de la Scala de Milán.
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