Registrado: 27 Nov 2007 18:17 Mensajes: 329
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bayista escribió: Esas mangas que son para marcar terreno y que la Von Stade no se acerque?
 je,je
Mi dueto preferido, de momento, es Fra gli amplessi, de Cosi.
Una buena versión que circula por el youtube:
[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=vBmJ6qq_8UI[/youtube]
Y encontré esto navegando por ahí también, que está interesante, para "evangelizar" al que todavía no vea lo maravilloso de este dueto...
Fuente: http://perso.wanadoo.es/antoninestres/artimozart.htm
La mujer en las operas de Mozart Fiordiligi Una vez que Fiordiligi, de las dos hermanas, la dotada un temperamento más delicado y sensible, advierte que se ha enamorado de Ferrando y está cada vez más cerca de traicionar a su prometido, toma la decisión, drástica y hasta quijotesca, de abandonar en seguida ese lugar que se ha vuelto tan peligroso y partir en busca de Guglielmo. No es la primera vez que Fiordiligi adopta ese tono de heroína, aprendido, sin duda, en las páginas de la literatura sentimental, con la que la suponemos muy familiarizada. De hecho el dúo comienza como si fuera un aria seria, tratada sin ninguna ironía. En un número anterior, el rondó “Per Pietá, ben mío, perdona”, Fiordiligi ha mostrado ya su arrepentimiento por lo atolondrado y peligroso de un juego que parecía inocente. Ahora, la certeza de haber tomado en firme la decisión adecuada la llena de un gozo sereno. Parece que se halla más lejos que nunca de su caída.
El dúo propiamente dicho comienza con la irrupción de Fernando, que renueva en tono lastimero sus apasionadas súplicas. En realidad, la íntima emoción con que se expresa el joven es uno de los aspectos más difíciles de resolver de toda la ópera, pues nos hace pensar que, de hecho, se ha enamorado de Fiordiligi, hasta tal punto no hay en su música sombra de distanciamiento o de ironía. Es muy interesante observar el juego de relaciones tonales y modulaciones que emplea Mozart para describir los cambios que van operándose en Fiordiligi en el transcurso del dúo. Así, cuando advierte la presencia de Ferrando, reacciona indignada, desentendiéndose completamente de la línea melódica de él y pasando de la tonalidad de “mi menor” a la, distante, de “do mayor”. Después de un pasaje altamente dramático y muy rico armónicamente, en el que Fiordiligi resiste con todas sus fuerzas, Ferrando restablece la tonalidad inicial, dando comienzo a una asombrosa melodía en “larghetto”, de belleza casi hipnótica. Todavía realiza Fiordiligi un último y denodado esfuerzo, suplicando al Cielo; se introduce en una tonalidad distinta, donde Ferrando la sigue, hasta alcanzar por fin una disonancia que es en realidad el acorde de dominante de una tonalidad nueva, tan alejada, que pensamos que, si hubiera conseguido resolver en ella, habría introducido un cambio de ambiente tan rotundo que seguramente el hechizo de Ferrando se habría roto y ella hubiese podido escapar. Pero justo en ese momento Ferrando lleva el tono disonante al acorde en segunda inversión de “la”, desde donde se inicia la vuelta a la tonalidad de partida en una modulación maravillosa (en realidad una de las más bellas de todo Mozart) que, subrayada por el oboe, expresa dulcemente el cumplimiento de lo inevitable. Realmente nos parece oír la voz de la naturaleza, a la vez ineluctable y hermosa.
A partir de este momento, el acuerdo entre los dos personajes es total. Sus voces se funden en una serie de terceras paralelas que ya sólo expresan júbilo y delectación (una vez más señales inequívocas de aprobación en la naturaleza). De la inquebrantable voluntad de Fiordiligi no queda nada. Ha desaparecido sin dejar rastro.
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