Simon Boccanegra
Mientras languidecía olvidada en Italia, sólo repuesta con ánimo enciclopédico para el cincuentenario verdiano, “Simon Boccanegra” no dejaba de aparecer en el MET desde su renacimiento de 1932. La base de esta presencia continuada fueron las encarnaciones del papel titular de
Lawrence Tibbett y Leonard Warren sucesivamente; en 1960 queda un vacío que intentan ocupar Frank Guarrera y Anselmo Colzani. MacNeil debuta el papel en el Colón durante 1964 y lo presenta el año siguiente en Nueva York. Para el MET sólo lo recuperará en 1968, completando doce actuaciones.
http://www.box.net/shared/s1klnbhwcc
http://www.box.net/shared/w5bdnny800
http://www.box.net/shared/mzkllback0
Macneil no intentó emular la heroica personalidad de Tibbett, prefiriendo seguir de nuevo los pasos de Warren. El Simone de Mac es ante todo padre, no podría esperarse otra cosa. Su dúo con Amelia es magnífico aunque no de antología, empezando por un
cantabile bien ligado (atención a “E stinto io sia della larva al dì sparir!”); en la escena donde se reconocen como padre e hija se muestra intencionado y progresivamente emotivo; la efusión de la
cabaletta encuentra un excelente vehículo en su timbre cálido. En realidad no se atiene a las indicaciones de Verdi todo lo exigible a un vocalista como él , en concreto a los
dolcissimi (el de “schiuderà”, sobre el paso, le oscila) pero gracias a la morbidez de su voz una ligera modulación hace buen efecto. En cambio sólo puede admirarse el excelso fa agudo de “Figlia!”, esta vez
dolcissimo de verdad, algo al alcance de contados barítonos.
"Plebe! Patrizi!"
"Ecco la spada!"
Debemos la gran escena del Consejo a la revisión en colaboración con Boito previa a “Otello”; es lo más próximo a una página solista que canta Simone, pero suficiente para producir un temor reverencial en los intérpretes, que suelen reservarse para la misma. MacNeil quizá ponga demasiado peso en la primera parte (“con maestà”) en vez de buscar la dicción incisiva y esculpida de los viejos maestros de su cuerda (que sólo podemos imaginar pues no hay testimonio grabado) En el
meno mosso (“Piango su voi”) pasa por alto algunas acentuaciones que le habrían dado mayor expresividad a la cantinela, pero desde luego es asombrosa la expansión de los ascensos al fa agudo. Pasando a la confrontación con Paolo, traduce bien el amenazante discurso, aunque quizás no con “violenza sempre più formidabile”. Por lo menos, hasta el momento en que tras su “Sia maledetto” (
terribile) hiela la sangre con un espeluznante “E tu ripeti il giuro”, de verdad “cupo e terribile” y sin necesidad de gritar o algo peor.
Escucha obligada, señores.
http://www.box.net/shared/78qd0xnsoo
http://www.box.net/shared/s42xyaukog
Escuchamos una de las escenas más nostálgicas jamás compuestas por Verdi: el Doge, moribundo, sale a refrescarse en la brisa marina. Dulcísimos “Il mare, il mare” y emotiva ligadura hacia “Ah! Perchè, perchè in suo grembo”. El dúo con Fiesco se habría beneficiado de un bajo menos estentóreo que
Jerome Hines, demasiado pendiente de volcar toneladas de sonido que sepultan el
dolcissimo de Mac (“Vien ch’io ti stringa al petto”)
Gran Dio! Li benedici
Hasta ahora quizá se haya podido advertir que este Simón no alcanzó la fantasía y refinamiento de fraseo exhibido en MacBeth. Es de lamentar que no tuviera el auxilio de un
Mitropoulos (que dirigió magistralmente la ópera en 1960 en el MET) para obtener la variedad de matices que exhibiría Cappuccilli con Abbado (en La Scala). Tampoco el altísimo nivel vocal iguala el que se ha escuchado en “Ernani” o “Rigoletto”. Sin embargo en ambos apartados MacNeil vuela al fin alto, casi inalcanzable, en “Gran Dio li benedici”. Lo ataca a flor de labios, con
legato impecable y respetando tanto el fa agudo en
mf como el
morendo final, pero también con un sentimiento íntimo de unción. En todas sus intervenciones está soberbio, prácticamente transfigurado en el extático “Maria!” final, dejando que las breves frases finales de Fiesco y el pueblo genovés nos sacudan cruelmente con la mayor certeza del pesimismo verdiano: la de que sólo alcanzamos la paz en la muerte.
Hemos escuchado en casi todos los casos una de las funciones de su debut bonaerense en el personaje (1964) A su lado,
Gencer es una expresiva y nada flébil Amelia, no pocas veces conflictiva en la zona alta.
La excepción es la escena del Acto III y el dúo con Fiesco (de 1968 en el MET)