Señoras y señores, sé que es ya un tópico pero les aseguro que anoche vivimos una noche histórica en el Real.
¿Abbado? pufff....
Abbado es un director que todos sabemos que pasará a la historia.
Posee una batuta "natural", libre de afectaciones, bastante rica y variada con tendencia al gesto ablicuo, diagonal... con muñecas flexibles y blandas. En los ataques, y en muchos fortes, sus brazos se flexionan hacia adentro, se encogen, pero toman dirección hacia adelante con nervio, con presteza. También es proclive al rápido y espontaneo subrayar pero con la inteligencia y afectividad que da su sabia dosificación (ahora más que antes).
Todo este "modus operandi" le posibilita una tendencia clara a una redondez en el sonido y a una naturalidad únicas. Su discurso es vivo. Sus fortes son resonantes pero no duros, y sus ataques precisos pero libres de aristas.
También es una personalidad clara, analítica, que insufla un halo de humanidad, se podría decir que a lo Giulini, pero con más gotas de nervio y vibración que éste.
El Fidelio de ayer fué soberbio. Con un conocimiento profundísimo de la obra secuenció de una forma perfecta la magnífica progresión drámatica de la partitura pero -muy importante- sin perder nunca la esencia de Singspiel. Sin truculencias ni desquicies y siempre de forma natural (otra vez la palabra), construyó la ópera como un mecano desde el principio dejando que manara la ligereza más "Clásica" de la primera parte de la obra (la más singspiel del singspiel) para despues ir escalonando la increible progresión beethoveniana. Hubo especiálmente un "ClicK", un chispazo evidente a partir de la tercera escena del segundo acto (el cuarteto con Pizarro verdadero clímax de la obra) y, a partir de ahí, y sin incluir el tradicional Leonora III, avanzar la obra en un vertiginoso y prodigioso crescendo final apoteósico y electrizante hasta decir basta.
Increible el trabajo de orfebre en una ópera donde es FUNDAMENTAL la integración natural y el contrapunto de las voces con la orquesta. Este es un aspecto de los más difíciles en Fidelio y donde Abbado ayer triunfó apoteósicamente a base de transparencia y planificación. La absoluta genialidad de Beethoven en entrejeter las voces como un instrumento más necesita de alguien dominador y dosificador y Abbado ayer lo hizo de 10.
A destacar la labor de restitución de la ópera en su contexto histórico y estilístico con la base puesta en lo que es: Un singspiel bastante más cercano a Zauberflote (a la que tanto admiraba Beethoven) de lo que bastantes veces se recrea, aunque con la fuerza y la revolución beethoveniana intacta, una cosa no quita a la otra. No es la visión trascendental y metafísica de un Furtwangler o la brillante y arrolladora de un Karajan. Abbado utiliza para sus ideas un instrumento perfecto: la orquesta Mahler que, aunque con instrumentos la mayoría modernos, conoce como pocas las corrientes historicistas en su manera de tocar y se nota. Uso muy moderado del vibrato, timbal semiesférico de cobre, flautas de madera, y claro, una limpieza en la ejecución absolútamente refulgente. El resultado fué como un gran cuadro restaurado en sus ideas y colores originales, limpio de añadidos, reelaboraciones, o interpretaciones extremas que han ido pesando en la partitura, para bien o para mal, a lo largo de su historia.
Hubo momentos donde esa naturalidad y "restitución" chocaba especiálmente, como en la introducción orquestal del aria de Florestan, tan acostumbrada a forzamientos en la sonoridad y a estiramientos expresivos extremos.
Más cosas... detalles! bufff, innumerables. Desde el prodigioso crescendo de la obertura (qué soberbio Beethoven lo que le gusta y es capaz de construir con un sencillísimo motivo de negra con puntillo, corchea, negra al igual que haría luego en el Scherzo de la novena), al mejor coro de prisioneros nunca jamás escuchado por el menda (y les aseguro que fidelios llevo unos cuantos porque es de mis favoritas) con esa manera genial de destacar los "Sprecht" casi escupidos de forma onomatopéyica para completar el perfecto engarce con los acordes disonantes de la madera.
La manera exquisita de colorear por compases el salto de octava del segundo motivo de la marcha con un mágico cambio de color en modo pregunta-respuesta... Qué se yo!!! sería para no parar de contar pero ahora ya tengo prisa para el concierto de Pollini.
En fin, que gracias por aguantar el rollo y anímense que para el lunes todavía queda alguna entrada.
