En primer lugar, quiero hacer constar mi preocupación por el hecho de que dos personas, además de un servidor, han votado por la última opción.
En segundo lugar, me ha gustado mucho lo sugerido por Andrea sobre las Universidades. Yo creo que ésa es la franja de edad en la que habría que llevar a la gente a la ópera. Al menos es en la que empecé yo
Los niños (y tengo un caso muy concreto en la cabeza) tienden a aburrirse soberanamente en la ópera, y podemos acabar creando un efecto rebote. Darles una mejor formación musical (la que yo tuve fue patética) sería un camino, pero que no se limite a tocar la flauta dulce (arg). Hay que aprovechar las nuevas tecnologías, y hacer que la música clásica (y ya voy más allá de la ópera) les entre también por los ojos. El que quiera dejarla de lado después, adelante. No creo que tenga por qué gustarle a todo el mundo. Pero que se dé la oportunidad de conocer.
Recuperando el hilo, vamos a la Universidad. ¿Tienen
intereses los universitarios? Aparte del amigo Werther y de esos jóvenes prodigios coforeros nuestros que pronto entrarán, vamos. Cada vez que miro a mis alumnos, lo dudo mucho. Mis casos prácticos en Empresariales han tenido como protagonistas a trabajadores llamados Carlos Álvarez, Ofelia Sala, María Malibrán, Julián Gayarre... y nadie ha pillado el chiste. Les sugerí que fueran a ver Lucrezia Borgia, que sería una ocasión ideal para acercarse a la ópera, y me miraron como si les ordenara arrojarse por un barranco. Y no voy a creer que son mis niños los que son particularmente borregos. A pesar de lo poco que me gustan las generalizaciones sobre colectivos humanos (una mala influencia de la Teoría Económica de la Democracia), diré que, en general, al universitario medio la ópera se la refanfinfla.
¿Qué puede atraer al joven a la ópera? El
glamour no es un factor descartable. ¿No hay en los teatros de vuestras ciudades jóvenes parejitas que, se nota a cien leguas, no saben dónde se han metido, pero van vestidos de punta en blanco, y él -en un 64% de los casos con chaleco - se ha gastado una pasta para poder llevarla a ella - con el traje de Nochevieja, guapísima y peinadísima - a la ópera? El efecto Pretty Woman está ahí. Y no debemos descartarlo. Que vayan a lucirse, a ver si se enganchan. Y su dinero es tan válido como el de los demás.
¿No os ha pasado de llevar a un neófito a la ópera y que su primera reacción sea "¿qué me pongo?"? Hay un esquema mental bastante extendido que asocia ópera y lujo, boato, fasto. Se ve que no se han fijado en mis calcetines. Pues hay que tenerlo en cuenta.
Rebajar los precios es una gran idea, pero tal y como andan los presupuestos hoy en día, lo veo inviable. Al menos en teatros poco subvencionados como el Campoamor. En los que se llevan la parte del león del oro público, alegría. Aquí tenemos que ser imaginativos: instalar pantallas gigantes en el Auditorio, para que otras 1.000 personas vean la función. Un hurra por la AAAO, que hace prodigios de imaginación con cuatro perras.
Educar, estimular, concienciar. Menudo rollo me ha salido...