Me temo que se están mezclando churas con merinas, y se está aprovechando el debate, además, para meter el dedo en el ojo a diestro y siniestro. Y no se trata de eso. De entrada, la posibilidad de comparar a Ponselle y a Domingo ni se me plantea. Y no hablo de un fácil y vacuo relativismo segun el cual cada uno en su momento sería de lo mejorcito, etc. No voy por ahí.
Personalmente, Domingo me llega mucho más que Ponselle. Pero a ésta reconozco unas facultades y un dominio de su naturaleza muy superior al de Domingo. Conozco mejor la carrera de éste, pero no caigo en el error de hacer virtud de su megalomanía. Pensemos, además, qué hubiera sido de Ponselle en los años 70, y qué de Domingo en cualquier panorama anterior a 1965, más o menos. Domingo es un fenómeno operístico y el mundo de la ópera le debe mucho -difusión, etc.-. Pero es que también Domingo debe mucho al mundo de la ópera, a un mundo de la ópera radicalmente diverso del que Ponselle encontraba cada noche en los teatros.
Se podría seguir argumentando en esa línea para concluir que no hay sentido posible para esa comparativa. Pero como de eso se trata, como de eso va el juego y no querría ser yo el aguafiestas de turno, me pronuncio. Y me pronuncio reconociendo que conozco precariamente a Ponselle, con la que tengo una cita pendiente todavía. Así que, por no dar mi voto a quien más desconozco, votaré a Domingo. Pero...¿por qúe no comparamos a Ponselle con Kraus, que son universos ahí sí comparables?
