Copio una entrevista que le hace el diario Los Andes a Verónica Cangemi (una cantante que, por otra parte a mi no me ha interesado especialmente), donde se dicen cosas bastante interesantes, y demuestra ser una mujer de ideas claras y fuerte personalidad:
“No busco fama, busco respeto”
Fausto J. Alfonso
falfonso@losandes.com.ar
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Actúa bajo la dirección de René Jacobs, Zubin Mehta, Ivor Bolton. Graba para Sony, Harmonia Mundi, Deutsche Grammophon. Habla cinco idiomas. Tiene compromisos hasta el 2007 en las principales salas líricas del mundo. En su repertorio cada vez hay más protagónicos. Viaja cada diez días a Europa y... nos atiende en su casa, enfundada en un buzo celeste y con la cordialidad propia de una amistad que podría suponerse de años. Es que las divas que -con fundamentos- alguna vez nos vendieron, ya no existen. Y las que -sin fundamentos- nos quieren vender ahora, tampoco.
“Las divas se terminaron hace años -dice muy convencida Verónica Cangemi-. La gran diva no existe. Hoy actuás a la noche y a la mañana estás lavando los platos. En todo caso, esa es la gran diva. No la que se cuida la garganta porque el viento le va a hacer mal”.
A nivel curricular, Verónica tendría argumentos suficientes como para exigirse diva. Sin embargo, no cree en esas cosas. Y sí en el estudio y en la elección. "Siempre he tenido cuidado con mi voz, cantar lo que me va justo. Mientras mi voz iba madurando, yo iba haciendo determinados roles. Eso me lo permitió la Opera de Munich: empezar por roles pequeños hasta llegar a los protagónicos”. Como los tres que interpretará en el Festival de Salzburgo (el más importante del mundo) en el 2006, a propósito de los 250° aniversario del nacimiento de Mozart.
-¿Qué otro mito se puede derribar del mundo lírico?
-Hoy es muy importante ser flaco. Si no, no te toman en las grandes producciones. La tendencia de los reggiseurs es modernizar las puestas. Una Traviata tiene que ser una flaca que se está muriendo. Si sos gorda no te contratan. No te la vas a creer. Hoy es muy importante hacer creer lo que pasa en escena. Por eso en Europa los jóvenes van entusiasmados a ver ópera. Y además, porque los cantantes son muy buenos actores.
-¿Vos cómo te llevás con lo actoral?
-Es mi fuerte, digamos. Y lo que más me interesa en una ópera. Creerme el personaje para poder vocalmente hacer un complemento.
-Los periodistas acostumbran a hablar de "consagración". En tu caso, te vienen consagrando desde hace varios años. ¿Para el artista tiene algún significado esa palabra?
-No. Para mí hay metas, como en todos los trabajos. El artista tiene un proyecto y la idea es hacerlo al mejor nivel, no consagrarse para el éxito.
-¿Cuál ha sido el último objetivo cumplido?
-Me acaban de nominar para Les Victoires de la Musique Classique, en Cannes. Estoy número tres en ventas de discos en el mundo, con el “Orlando Furioso”, de Vivaldi. Y acabo de hacer en París un rol protagónico masculino, en “La Fida Ninfa”, también de Vivaldi.
-¿Y el objetivo próximo?
-El 29 canto Haendel en Madrid y luego en París. El 15 de enero tengo Munich.
-¿Por qué orientaste tu repertorio hacia el Barroco?
-Mi voz es una voz lírica normal. El mundo Barroco es muy delicado y una especialización muy fina dentro de la música. No todos pueden hacer Barroco. O Mozart. Tenés que tener una formación muy grande y desde niño. En Europa traté de utilizar mi carrera con inteligencia. Voces como la mía hay millones. Mi objetivo era tener una gran carrera y que todos me conozcan. No la fama. No es eso lo que busco. Busco un respeto. Hace diez años el mundo Barroco se puso de moda. Entonces me dije voy a buscar a los grandes barrocos y especializarme en eso. Si mi nombre está número tres en ventas es gracias a mi repertorio. Es que para hacer una carrera tenés que tener mucha inteligencia. Primero, saber hablar y escribir cinco idiomas: inglés, francés, alemán, italiano y español. Porque yo donde voy, canto, pero también me siento a cenar y hago business. Tengo que proyectar mi carrera, al margen de que mi manager me ayude. Tengo que tener una formación para poder reunirme con embajadores, príncipes, público normal... Es como una carrera diplomática cultural.
-Lo del business también ha llevado a que muchos vendan más de lo que están en condiciones de dar.
-Hay algo muy claro. Si servís, tenés condiciones y sos un buen artista, el business te sirve. Pero, si no cantaste bien a la noche, más vale que te vayas al hotel y no a hacer business. A lo que me refiero es a que una carrera no sólo esta hecha por la voz. Hay muchos cantantes que tienen una voz preciosa y musicalmente no pasa nada, inteligencia cero, no pueden estudiar otros idiomas... Podés tener un setenta por ciento de condición vocal, pero saber qué cantar, cómo moverte en un medio internacional, y cómo hacer para que el público no se dé cuenta de ningún error tuyo.
-La Sleme Opera Star ha propuesto para Mendoza una temporada de ópera a realizarse desde el 2005. ¿Crees que la provincia está preparada en infraestructura, difusión, cantidad de público, etcétera, para soportar una temporada lírica?
-Lo importante es el hecho de hacer. De alguna manera hay que empezar, para ir formando al público. Hoy en Mendoza, se habla de ópera como nunca antes. Está Fabiana Bravo, estoy yo, hay chicos que vienen a cantar. El tema ópera cada tanto está en el diario. Ahora, infraestructura para una temporada, no hay. En el Independencia se pueden hacer óperas muy simples, con una puesta modesta. Aunque ahí se hicieron muchas óperas. En la época de Caruso, el Independencia era una maravilla, muy importante. Leí un libro en Londres donde explicaba cómo los cantantes que venían desde Chile se fogueaban en Mendoza, en el Independencia, antes de ir al Colón. Incluso se cuenta la historia de una cantante, cuya meta mayor era cantar en el Colón, que cruzó en mula la cordillera para hacer escala en el Independencia.
-¿Cualquier medio es lícito para llegar con la ópera a la gente? Cantar en restoranes, en desfiles de modelo, en programas de tv...
-En Italia, la ópera es la música del pueblo. Es una cuestión cultural. Los chicos jóvenes van a una ópera y después al pub a comentarla. Para ellos es una obra de teatro cantada, con subtítulos, como en el cine. Es positivo que vayan a cantar ópera a un restorán y que se haga así un poco de publicidad. Pero también depende de los niveles. Yo ahora no podría ir a un restorán. Para cantar ópera hay lugares adaptados. Aparte, la ópera es como una obra de teatro, no podés verla cuando estás comiendo.
-¿Cuándo cantaste acá por última vez?
-No me acuerdo. Ahora iba a cantar, pero hay peros por todos lados. A Nicolas Rauss le da miedo dirigirme... Somos al revés de los europeos. Acá hay mendocinos que tienen muchas condiciones y se trae gente desde afuera. En Alemania, primero está el alemán y después traen el extranjero. Acá viene un extranjero, habla dos palabras y lo contratan.
-Bueno, ahora un chileno nos está armando el plan cultural 2005-2010.
-¡Por favor! Bueno, yo tenía pensado actuar el 18 de diciembre, pero estamos negociando. Por otro lado, tengo un proyecto relacionado con los niños, un tema que me ha shockeado en estos años de dos vidas: Europa, primer mundo; Argentina, tercer mundo. Lo de la desnutrición me ha puesto bastante mal. Propuse a Conin hacer una vez por año un recital para que el dinero vaya a los niños que están internados por desnutrición. Le propuse Conin al teatro, hicimos una reunión en mi casa, pero todavía no se sabe.
-¿Es muy complejo el proyecto?
-No. Es una facilidad muy grande para la provincia. Mi propuesta es hacer Vivaldi. Es una música muy agradable, accesible, la mejor manera de introducir al público en la ópera. De Vivaldi no hay cosas editadas. Está todo en una biblioteca en Torino y yo justo estoy trabajando con una casa de discos con la que vamos a grabar toda la obra de Vivaldi. Expliqué que quería hacer esto en Mendoza y me regalaron las partituras. Es decir que la orquesta no tiene ni siquiera que ir a pedir nada. Y sí tiene la posibilidad de hacer un proyecto vivaldiano que no se ha hecho en ninguna parte.
-¿El hecho de ya estar reinstalada acá, implica que estás muy segura en Europa?
-Claro. Por eso lo del repertorio barroco, lo del objetivo... Allá estuve diez años, viviendo en Alemania y en Francia. No quería ser una del montón. Mi objetivo era tener un nombre. Que vos llames a la Opera de Londres, digas Verónica Cangemi y te digan sí la tenemos contratada para tal año o tal obra. Eso lo logré después de diez años.
-¿Por qué las voces latinas están pegando tanto en Europa?
-Creo que la diferencia que tenemos está en la emotividad en la expresión.
-¿Cómo sabemos desde acá cuáles son los argentinos que están bien posicionados en el mundo? Porque desde nuestro exitismo, nos asombramos muy fácilmente ante cualquier noticia sobre cualquier argentino en el exterior.
-A veces me enojo un poco. ¡Cómo puede ser que se le mienta al público! No voy a dar nombres, pero hay artistas que vienen y hacen todo un bombo como si fueran los mejores artistas internacionales. Yo no tuve tiempo de venir a Mendoza. Veo que algunos vienen y hacen todo un circo. Mi objetivo no era ese. Primero, era hacer una carrera. Tenía pocos años para estudiar mucho repertorio, idiomas. Entonces, ¿cómo puede ser que se mienta tanto a la gente? Charles Fabius, por ejemplo, me ha dicho que, en el Metropolitan, mis colegas de la Argentina no existen. Lo mejor es meterte en internet. Hay sitios específicos donde ves la carrera de cada cantante. Pero además, están los discos. Un cantante que hace discos es porque está haciendo una carrera. Yo grabo con Sony, con Deutsche Grammophon... Las casas de discos, las grandes, tienen muchos problemas económicos y no toman a cualquiera.
Las pruebas del repertorio
Sobre una mesita, la soprano hace desembarcar algo más de media docena de cajitas. De lujoso diseño e impecable arte de tapa, portan los cds que ha grabado para las más prestigiosas discográficas. Material caro, inaccesible para el argentino medio y de difícil localización en la Argentina. “Orfeo y Eurídice”, “Griselda”, “Ariodante”, el más reciente “Orlando furioso”... Las pruebas concretas de un repertorio al que la mendocina llegó por elección propia y también atendiendo a los consejos de Charles Fabius. Manager de Renata Scotto, entre otras grandes figuras, Fabius fue también quien impulsó la carrera de Cangemi en Europa. La tomó luego de escucharla por primera vez en un concurso internacional en Barcelona, en el que resultó ganadora. “Gracias a él fui haciendo la carrera. Me guió y aconsejó en el repertorio. Fue manager mío hasta hace dos años, cuando se instaló en Nueva York para dirigir el Museo Bob Wilson”.
El cello que espera sucesor
"Mi mamá fue la culpable, nos empezó a formar jugando”, dice Verónica. Su mamá, Fenicia, es también una importante cantante lírica; y su hermana, Patricia, se dedica a los tangos. “Como a los cinco años fue mi primera fiestita de escuela. Mi mamá me había dado para cantar la canción de una zarzuela. Para mí fue como si me hubiera subido al Metropolitan de Nueva York”. Sin embargo, Verónica tiene una historia previa como cellista. “Empecé a los siete. Estudié con Pontino y entré a la Orquesta Provincial con Duci, cuando todavía se tocaba los domingos en la Galería Piazza. Mi mamá cantaba y yo tocaba el cello”. Pero, en el ‘89, le vinieron las ganas de cantar. “No tuve más tiempo para el cello. Ahí quedó. Ahora está esperando que mis hijos lo tomen”.