De "mundo Clásico"
---------
El día 4 de diciembre de 1954, tuvo lugar en la Heiliggeistkirche de Heidelberg, el funeral por el alma de Wilhelm Furtwangler, y a continuación el entierro en el cementerio Bergfriedhof. Al funeral asistieron personalidades como el Presidente de la República Dr. Heuss y el canciller Konrad Adenauer, y directores como Karl Böhm y Eugen Jochum así como los intendentes de las Filarmónicas de Berlín y de Viena. La Filarmónica de Berlín, interpretó bajo la batuta de Jochum la Mauerische Trauermusik de Mozart y el Aria de la Suite en Re de Bach. El cortejo fúnebre fue presidido por el Diácono Hermann Maas, quien dijo la últimas oraciones. En imágenes existentes de ese día pueden reconocerse a dos de los hijos que tuvo Furtwängler, llamados Wilhelm y Andreas1, y a su viuda Elisabeth enlutada de riguroso negro y con un velo sobre la cara.
Furtwängler, había fallecido cuatro días antes, el 30 de noviembre, a causa de una bronconeumonía que motivó su ingreso en una clínica de Baden-Baden el 12 de noviembre. Desde el día 30 de noviembre descansó para siempre su atormentado corazón después de fatigosos años de nazismo, guerra y posguerra. Con una sordera avanzada y resignado ante la muerte, ya no quiso luchar más, y así se lo hizo saber a su mujer días antes de expirar.
Los homenajes no se hicieron esperar. Los días 8 y 9 de diciembre de 1954, Furtwängler tenía previsto dirigir en Berlín a la Filarmónica, la Novena de Beethoven. En su lugar, el 9 de diciembre, la Filarmónica le rindió homenaje, bajo la dirección de Arthur Rother, con la Obertura Trágica de Brahms, los Cuatro Cantos Serios también de Brahms, con Fischer-Dieskau acompañado al piano por Hertha Klust, y finalmente la Heroica de Beethoven.
En el verano siguiente, en Salzburgo, la organización del Festival le tributó también sentido homenaje. El día 27 de julio de 1955, su colega y amigo Hans Knappertsbusch dirigió a la Filarmónica de Viena en un programa Brahms, con la Obertura Trágica, el 2º Concierto para piano (con Clifford Curzon) y la Tercera Sinfonía. Existe testimonio discográfico de parte de este concierto en Orfeo d’Or (329 931), y especialmente la interpretación de la sinfonía por Kna es muy emotiva.
Con estas notas en la semana del 50 aniversario de su muerte, se pretende que el lector conozca un poco mejor al personaje, del que se han dicho cosas de todo tipo, y sobre el que abundan los lugares comunes y las repeticiones. Para entrar en materia, tal vez el amable lector pueda pulsar las teclas correspondientes y dirigirse a
http://www.aeiou.at y añadir aeiou.film.f/f062a: durante unos segundos puede verse al Furtwängler de postguerra en los compases finales de la Novena Beethoven.
Importancia y permanencia de Furtwängler
Cuando Furtwängler estaba vivo se le enfrentaba constantemente con Toscanini, y Furtwängler ganaba – en territorio europeo - en la comparación, a pesar de la genialidad del director parmesano. Cuando falleció, se le comparó con el refinamiento y estilo de Karajan, pero nunca dejaron de editarse los discos de Furtwängler, muchos rescatados de las radios y tomas en vivo. Frente a los contemporáneos de Karajan y menores en edad, tales como Bernstein, Solti o Giulini, no dejaron de fundarse, crecer y desarrollarse por todo el mundo las “Sociedades Furtwängler”. Celibidache siempre se declaró seguidor de muchos de los modos de Furtwängler, y despreció a todos los demás directores fueran o no contemporáneos. Directores como Baremboim, Mehta o Abbado han manifestado su rendida admiración al director berlinés, incluso una creencia absoluta en las maneras de Furtwängler, como Baremboim (de quien la viuda de Furtwängler dice que está a menudo “furtangleando”).
Mientras se pone de moda el movimiento historicista de Harnoncourt, Gardiner, Norrington o Brüggen, se editan y recuperan discos de directores históricos, y se crean sellos como Tahra o Music & Arts (por no decir otros asilvestrados de inferior calidad), que se centran mayormente en la figura de Furtwängler, y las casas discográficas para las que grabó Furtwängler (EMI o DG) no paran de reeditar y reprocesar sus discos. Rattle y Thielemann también dejan constancia de su admiranción, considerándose este último heredero de la tradición del berlinés. En Japón y Corea no cesan de aparecer ediciones Furtwängler, cuyo solo nombre es venerado en todo el Oriente. Si en cualquier buscador de internet uno marca “Furtwängler”, le saldrán numerosísimas referencias, entre ellas foros donde se discute sobre sus grabaciones, biografía y persona. Aún vivos los que le conocieron, ya se ha hecho una película sobre él. Furtwängler es una figura de permanente actualidad y nunca ha dejado de serlo. A todo ello no le es ajeno que su viuda, Elisabeth Furtwängler, haya mantenido con tanta voluntad y esmero, la memoria de su esposo.
El porqué de tanta actualidad pertenece un tanto al misterio pero también a una realidad muy íntima del ser humano. Goethe decía: “Momento, detente”, refiriéndose a aquel instante que merece ser detenido por su honda emoción, y por la huella que marca en nuestro interior. Alberga en nosotros el deseo vivir o revivir momentos detenidos, por esta razón, entre otras, vamos a conciertos o a representaciones de ópera. Pues eso es lo que conseguía Furtwängler: se preocupaba de comunicar lo que el sabía2, lo que pertenecía a su interior, lo que dimanaba del núcleo mismo de la composición musical, y lo exteriorizaba a una comunidad de oyentes con tal concentración, potencia y atracción que aún hoy día, a través de sus grabaciones nos llegan a través de sus interpretaciones musicales tantos “momentos detenidos”. Sus interpretaciones atraviesan como un rayo la historia y nos conducen al corazón del músico creador sea éste Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann, Brahms, Bruckner o Wagner.
“Él era Beethoven”
Si hay un compositor con el que Furtwängler más se identificó, éste es Beethoven. Y si me permiten, hay aquí una pequeña anécdota que ilustra el caso. John Ardoin (autor de libros sobre Maria Callas y también de la obra The Furtwängler Record), explica que un día de agosto de 1968, pasó a recoger a Maria Callas para llevarla a un médico de Dallas. Mientras iban en coche pusieron la radio y en el programa se escuchaba la Octava de Beethoven. A medida que Maria escuchaba la versión ofrecida comentaba que esto o aquello no era correcto, y que la interpretación era poco menos que horrible. Cuando llegaron al punto de destino Maria le dijo a Ardoin que quería saber quién era el director y tras el acorde final el locutor dijo “acaban de escuchar Vds. la Octava sinfonía de Beethoven a la Orquesta de Cleveland bajo la batuta de George Szell”. La diva, en un arrebato de ira, dijo que aquello no era Beethoven y que John Ardoin tenía que haber visto y escuchado a Furtwängler dirigir al genio de Bonn: para mí “Él era Beethoven”.
Conviene detenerse con alguna extensión sobre este tema, pues en la biografía de Furtwängler Beethoven es una figura esencial.
Adolf Furtwängler, padre de Wilhelm, y arqueólogo reputado, recogió en su dietario3 correspondiente al verano de 1902: “Willi dice que en música no hay nada nuevo por descubrir. Beethoven lo ha hecho todo y cualquier cosa que uno haga no es otra cosa que imitar al último Beethoven.” Furtwängler tenía 16 años cuando sentenció de esta manera.
El joven Furtwängler escribió en 1918: “No quiero hablar aquí de ese famoso que todos creemos conocer, que representa un valor firme en nuestra cultura, sino de otro, uno de uno aún muy desconocido hoy, muy incomprendido, muy maltratado”4
Su viuda ha explicado que Furtwängler pasó un año de su vida estudiando la Missa Solemnis de Beethoven5, y que luego no la interpretó por no verse capaz de dar una visión digna.
En 1951 Furtwängler escribió un artículo titulado Beethoven y nosostros en el que dice “(Beethoven) ve en el oyente al contrario del mismo valor. No sólo lo toma en serio, sino –en el mismo sentido cristiano- como al prójimo al que se debe amar como a uno mismo. Lo toma tan en serio como a sí mismo. También puede decirse: Beethoven no sólo presupone al oyente del mismo valor, sino que lo exige. De aquí que toda una ejecución correcta de Beethoven, dicho idealmente, crea algo así como una comunidad. Su arte sigue el camino de todos los efectos de comunidad auténticos”. Y es que Furtwängler expresa realmente lo que significa una interpretación musical: establecer una relación directa, emocional e intelectual con los oyentes.
[img]http://www.mundoclasico.com/img/especiales/Furtwangler/Furwängler_CD1127.jpg[/img]
Hubo una época en la que Furtwängler era atacado por la crítica musical inglesa por programar siempre Beethoven, y su contestación en una entrevista con el crítico Neville Cardus6 fue clara: es que las sinfonías de Beethoven nunca se interpretan igual “Cada vez intento ir más cerca del corazón de las obras de Beethoven... pero aún así estoy todavía tan lejos”. Su visión de la interpretación viva y cambiante, era de una sinceridad conmovedora. Por eso cuando alguien pide que se le aconseje sobre cuál de las Heroicas de Beethoven hay que tener, hay que contestarle: todas, sin más explicación. La explicación está en Furtwängler.
Otto Strasser, violinista de la Filarmónica de Viena durante 40 años, explica cómo Furtwängler conocía la música de cámara de Beethoven de memoria. En una ocasión después de un concierto con la Filarmónica, y ya en casa de uno de los músicos, tocó al piano de memoria el último movimiento del Cuarteto op. 131.
Una educación especial y su primer concierto
En la anotaciones en su diario entre 1900 y 1901, Adolf Furtwängler escribe sobre la pubertad de su hijo, dice que físicamente es fuerte, alto, algo desgarbado y que pesa 68,5 kilos. Mentalmente – dice el padre – el chico presenta una gran madurez de juicio, pero es tímido, reservado, introvertido y muy individualista. Estudia todas las sinfonías de Beethoven y sus últimas sonatas, hasta que se las sabe de memoria.
Adolf ha preparado para su hijo una educación basada en tutores privados. Riezler, Curtius y Max von Schillings. El joven Wilhelm cuando puede va de viaje con su padre a Italia, Grecia y Turquía, donde el padre dirige estudios y excavaciones.
Pasados algunos años de juventud y aprendizaje, llega el momento cumbre: el día 19 de febrero de 1906 (vía recomendación por primera y única vez en su vida) Furtwängler dirige a la orquesta Kaim de Munich (esta orquesta es el antecedente de la Filarmónica de Munich), con las siguientes obras: Obertura de la Consagración del Hogar de Beethoven, Un Poema sinfónico en Si menor del propio Furtwängler y la Novena Sinfonía de Anton Bruckner. La valentía del programa es evidente, sobretodo en Bruckner. Por suerte tenemos el testimonio sincero de su padre, que con legítimo orgullo nos hace la siguiente crónica:
Qué sentimiento tan maravilloso ver a Willi dirigir por primera vez. Asistí también al ensayo general. La fuerza que Willi imprime a la orquesta este joven tímido, con tal libertad, frescura y poder son únicas. Este joven tímido que ya se ha hecho un hombre, demuestra una fuerza conmovedora. Naturalmente que sus gestos son a veces exagerados, como dirigen muchos jóvenes, pero ¡Qué experiencia tan maravillosa!...
Notas
1. Furtwängler tuvo cinco hijos de diversas uniones no matrimoniales, a saber: Wilhelm (1916), Dagmar (1920), Friedericka (1921), Iva (1923) y Almut (1934), además de su hijo Andreas nacido de su matrimonio con Elisabeth Ackerman (luego su viuda Elisabeth Furtwängler).
2. Cuando Celibidache ha hablado de Furtwängler, ha destacado entre otras cosas, esta comunicación, que nadie más ha logrado. Cuando Celibidache en la primavera de 1996 se refirió en la Residencia de Estudiantes en Madrid a la interpretación de la Novena de Bruckner que escuchó en vivo a Furtwängler, así lo hizo constar.
3. Los dietarios de Adolf Furtwängler, han sido editados en un CD Rom, con la edición de Tahra “Furtwängler in Memorian”, Tahra 1090/1093, y es un extraordinario documento.
4. Utilizo aquí la traducción que Angel F. Mayo hizo de parte de los escritos de Furtwängler bajo el título “Ton und Wort”, y que está inserta en el programa de mano del ciclo Beethoven que tuvo lugar en Madrid en 1998, en el Teatro Monumental. Los trabajos de Angel Mayo en este programa son de lo mejor que escribió nunca, sobre todo el titulado “Beethoven y nosotros”.
5. Entrevista con Elisabeth Furtwängler. Revista Ritmo, número 499, marzo de 1980. Esta excelente entrevista la hizo José Luis Pérez de Arteaga a la viuda de Furtwängler en setiembre de 1976, y es uno de los documentos imprescindibles sobre el director alemán escrito en castellano.
6. Sir Neville Cardus CBE (1888-1975), era un excelente periodista inglés especialista en cricket y música. Hay un libro exquisito “Cardus on music”, editado por Cardinal, que recoge muchos de sus interesantísimos artículos vertidos en las páginas del Manchester Guardian.