_Annio_ escribió:
¿Qué os parece la soprano chilena Verónica Villarroel?
Gracias a la ayuda de mis amigos hispanohablantes que corrigieron mi redacción, me atrevo por primera vez a dejar un mensaje en este foro.
He visto con frecuencia a la Villarroel en escenarios tanto americanos como europeos y siempre, desde sus primeras Mimis en Nueva York, me he contado como admirador decidido de su fraseo levitado, su intensidad dramática, su mordente verbal y "last but not least" su bellísima voz.
Es verdad que estas cualidades no estaban siempre presentes, es verdad que se decía que la carrera había tomado un vuelo equivocado... Por los pasillos del Met se rumora que su anterior agente quería hacer de ella una Tosca, por encima de la vocación esencialmente lírica de su voz. Se dice también que la soprano era cada vez más reacia al camino que se le estaba imponiendo a su carrera, que ella insistía en Mozart y el Puccini ligero, mientras que su calendario se hallaba cada vez más lleno de Butterflies y ofertas de Tosca y Aída. Hace ya más de un año la cantante despidió al agente de marras y, con él, también a los "heavy-weights" de su repertorio. Villarroel aparentemente había decidido regresar a su base, reestudiar su técnica, y volver a su repertorio ideal. La obvia excepción de esto último son unas pocas Butterflies por año, papel que la chilena siempre ha sabido interpretar con corte esencialmente lírico, fruto de reticencia y depuración, sin tratar nunca de expresar a través del volumen o de efectos veristas. El efecto siempre ha sido inolvidable y profundamente conmovedor. (La personificación física del personaje es, punto por punto, tan notable como la vocal. La Villarroel ha estudiado el papel en Japón, con expertos en teatro tradicional japonés y también lo ha ejecutada bajo la dirección de Bob Wilson en los escenarios internacionales. Estas dos maneras, casi opuestas, de abordar el personaje le han dado autenticidad a cada movimiento, por un lado, y una cargada intensidad gestual, característica del minimalismo wilsoniano, por el otro.)
El resultado de todos estos cambios ha sido maravilloso. Este año tuve la oportunidad de escucharla en la Manon Lescaut de Washington D.C. y como Elettra en el Idomeneo de Los Ángeles, trabajo este último en el que la Villarroel exhibió línea, legato, y virtuosismo de primera línea, aunado todo a una reencontrada lozanía vocal. Canto Mozartiano ejemplar en el que ya no figuran sonidos sordos en el centro y aquellos graves que a veces sonaban embotellados, según sus más duros críticos. De igual modo, desaparecieron aquellas vagas sensaciones de imprecisión en la afinación causadas probablemente por impostación erronea. Pero sobre todo, retornó la homogeneidad del instrumento, que ahora aparece sin un solo peldaño flojo en la totalidad de su extensión y exhibe la característica frescura de harmónicos y ese raro esmalte lacado que siempre fue parte de la magia de Verónica. En Los Ángeles, más allá de la presencia intensísima del Idomeneo de Domingo, fue la desquiciada Elettra de Villarroel la que electrizó el escenario con cada una de sus apariciones. La concentración de cada gesto, el auténtico vuelo mozartiano de cada frase y la presencia de una voz más sonora este año de lo que pareciera por varios de los anteriores, todo contribuyó a una memorable interpretación. La ovación después de su enorme "D'Oreste d'Ajacce" al final de la ópera fue, según los abonados, una de las más grandes que el teatro ha dado jamás.
Esta temporada la Villarroel vuelve a cantar Marguerite, y el próximo año se habla de Liu y Mimi. Más Mozart y ópera francesa siguen en su futuro.