A veces creo que le damos demasiadas vueltas a Wagner. Analizamos en profundidad los leitmotive, discutimos sus escritos y sus fuentes mitológicas, nos lamentamos por la falta de cantantes, y aún tenemos tiempo para defenderlo de los que lo acusan de ser un ladrillo.
Pero Wagner tiene sobre todo una enorme capacidad de emocionar, quizás como ningún otro compositor. Y en este aspecto voy a basar mi obra de la semana.
Propuesta: Kurwenal y el pastor (Tristán e Isolda, de Richard Wagner)
Tristán e Isolda tiene momentos portentosos y justamente famosos: el preludio, el Liebestod, el dúo de amor, los avisos de Brangäne. Pero, a pesar de eso, mi momento preferido es el que os propongo hoy.
Se trata del diálogo entre Kurwenal y el pastor en el inicio del Acto III. Tristán está agonizando tras recibir la herida de Melot, y sus dos amigos sólo pueden estar a su lado, con la remota esperanza que llegue Isolda y pueda curarlo.
Son unas frases casi intrascendentes, tensas, dichas con un enorme dolor. La intrevención final del pastor ("Solitario y desierto está el mar") es absolutamente devastadora, y nos lleva de nuevo a la triste melodía del corno inglés.
La escena siempre viene a mi mente cuando me ha tocado hacer una vigilia en un hospital, por un amigo o un familiar. Wagner retrata perfectamente el estado de ánimo: la incertidumbre, la tristeza, la esperanza, y sobre todo la tensión de la espera. Si habéis vivido una experiencia similar sabréis a lo que me refiero.
Primera versión
Voy a colgar distintas versiones del fragmento. La primera corresponde a la famosísima grabación de Karl Böhm en Bayreuth. Kurwenal es el infravalorado Eberhard Wächter, y el pastor Erwin Wohlfahrt, el Mime de la época, y que moriría poco después a los 37 años.
Escena del pastor (Böhm 1966)