Bueno concreto el título del hilo: ¿Qué hacemos con Caballé, aparte de tenerla en un pedestal bien alto en el templo de las grandes voces?
Me refiero, claro está, al recital con piano que ofreció ayer, 7-2-07 en el Teatre del Liceu.
Como recordaréis, el recital fue aplazado en noviembre pasado por enfermedad del pianista Manuel Burgueras, que ha venido actuando con la soprano en recitales anteriores. Al inicio del recital de anoche volvieron a comunicar que el pianista había sufrido una crisis hipertensiva y que había sido reemplazado por Ramón Tébar, con lo cual se pedía nuestra comprensión ante algunos cambios de última hora en el programa (substitución de piezas de Catalani, y de algunas canciones de la segunda parte, que ahora no recuerdo lamentablemente).
Nuestra Montserrat, a sus setenta y tantos años, salió con paso algo vacilante del brazo del pianista e inició una actuación que tenía arias de 'Lucrezia' de Händel, 'Demofonte' de Cherubini, 'Medea in Corinto' de Simone Mayr. ¡Ahí es nada! Debo reconocer que esta mujer se atreve con todo y que no cesa en su afán por buscar piezas y ampliar su repertorio! Claro, que ese afán también responde a su necesidad de ir adaptándose a los recursos vocales de que dispone -no siempre con buen criterio. El recitativo y aria de Lucrezia, por ejemplo, me supusieron una experiencia bastante triste. Vibratos, notas calantes, fraseo dudoso... En algunas ocasiones el desconocimiento de esas obras "descubiertas" contribuye al beneficio de la duda. Pero ayer, por desgracia, no dudé. Caballé no estaba en condiciones de cantar eso. Los aplausos, después de cada fragmento eran correctos, respetuosos, pero poco más. En el entreacto, las caras de los aficionados no dejaban duda: desconcierto, tristeza... un poco de todo. La segunda parte, según mi parecer, fue algo mejor, con lieder de Brahms y canciones francesas, españolas y catalanas (lo lamento pero no recuerdo el programa, con los cambios). Creo que es ahí donde Caballé debería centrar sus intervenciones actualmente, de la misma manera que hizo Victoria de los Ángeles con muy buen criterio.
Al final del programa oficial, Caballé dirigió unas palabras al respetable y fue entonces cuando se aclaró la cuestión: nuestra soprano estaba resfriada - y mucho; apenas le salía la voz cuando hablaba! Explicó que había actuado porque no le parecía correcto volver a suspender el recital y que reconocía que nos merecíamos un concierto mucho mejor. "Con la ilusión que me hacía el recital y yo que me había hecho dos vestidos nuevos!" decía

Aquí sí que nos ganó a todos y la ovación fue tremenda; digna de la Caballé. Las propinas (La tarántula, El vito..) también estuvieron bastante bien, teniendo en consideración todas las circunstancias.
En resumen, a mi me quedó un sabor agridulce como me viene pasando con sus últimas actuaciones. Pienso que no tiene necesidad de demostrarnos nada: yo ya me conformo con su Norma de Aix o con su Lucrezia Borgia del Carnegie Hall!. ¿Por qué se empecina en "rescatar" cosas que suponen un riesgo para ella y que -por otro lado- a menudo estaban muy bien escondidas donde estaban? No dudo que Caballé tiene arte para rato y, por lo tanto, es comprensible que quiera seguir compartiéndolo con nosotros. Pero alguien debería decirle que cantar lieder y canciones no es ningún descrédito para ella, que puede limitar su repertorio y que seguiremos queriéndola, incluso aunque deje de cantar.
Vinieron a mi memoria lo que se decía de los conciertos tardíos de Callas, cuando sus admiradores y amigos los recordaban como experiencias dolorosas en las que en determinados momentos todavía refugían destellos de su arte. Sin llegar a esos extremos de dramatismo, alguien debería aconsejar a nuestra Montse que se replantee la fase final de su carrera. Como ya he dicho se atreve con todo, ¡incluso dice que grabará próximamente la ópera Sapho, de Gounod! Por eso, ¿qué hacemos con Caballé?