Acabo de leer
esta anécdota de Caruso, que seguro hará las delicias de Il Frate.
Caruso desde su infancia tuvo una gran pasión por el canto y especialmente por el teatro, pero nunca tuvo medios para poderse dedicar a estos estudios. Unas pocas lecciones le dio gratis la hermana del médico de su madre, pero a poco se interrumpieron porque a ella no le gustaba la exagerada mímica y el acento napolitano del muchacho; más tarde el maestro Vergine le dio algunas lecciones pero sin mucho entusiasmo por que Caruso tenía voz muy débil, tanto que cuando fue Caruso llamado al servicio militar sus compañeros lo llamaban "el viento que pasa por las rendijas de las ventanas" (Vento di fessura).
Estando en el servicio lo oyó canturrear el Mayor Magliati y le procuró algunas lecciones con un maestro desconocido. Un poco de oído y un poco con distanciadas lecciones, Caruso llegó a prepararse más o menos para ser contratado como tenor de reserva en una pequeña compañía de ópera transhumante. Cuando ésta llegó a Nápoles, después de pasear por varios pueblos de los alrededores, Caruso encontró a varios de sus amigos que lo invitaron de inmediato a beber. Allí se emborracharon todos y en ese estado le llegó un mensaje del director de la Compañía en que le anunciaba que el tenor titular -¡finalmente!- estaba enfermo y que le tocaba a él sustituirlo. Esta ocasión había sido esperada largamente por Caruso pero le llegaba en un momento en que ¡no podía sostenerse en pie!
En el escenario todo daba vueltas, y él no recordaba ni siquiera lo que debía cantar. El público empezó a gritar:
- "¡Borracho! ¡Borracho!"
No obstante, pudo cantar un par de frases, se repuso algo y cantó más o menos a tiempo su parte. Muchos aplausos de sus amigos y unos cuantos, por broma, de los que encontraron divertido verlo trastabillar por el escenario.
Fue expulsado de la compañía. El día siguiente se encontró en la calle y con una lira en el bolsillo. Examinó su triste situación y vió todo su horror. Con esa lira compró... un último vaso de vino y en él encontró nuevamente el coraje y el buen humor. Pasó el día haciendo proyectos para el porvenir y al anochecer cuando se iba a acostar le llegó un mensajero del teatro a pedirle que fuera a cantar, porque el público no quería otro tenor sino él.
-¿Pero quién les ha dicho mi nombre, si no se anunció nunca?
-No os llaman por nombre. Gritan que quieren al "borracho".
Caruso creyó que sólo querían reirse de él creyendo que nuevamente estaría ebrio. No obstante, su situación nada empeoraría yendo y fue. Cantó y obtuvo un enorme aplauso que se renovó toda la noche. El director lo contrató inmediatamente a cien liras por noche. Ya estaba lanzado en el camino del éxito.