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1ª Crónica: Strauss, Salomé y Hotter como Jochanaan
Aunque mi pasión por la música contempla más de 2 décadas de
descubrimientos, he de admitir que conservo aún la capacidad para
sorprenderme y entusiasmarme como el primer día. Algo así me ha
sucedido cuando he visionado la producción alemana para televisión
del año 1960 de la ópera de Richard Strauss, Salomé.
Acabo de verla por primera vez y todavía estoy entusiasmado.
La realización ya tiene sus años, es en blanco y negro pero el sonido es bastante
bueno y el reparto debe despertar la curiosidad de cualquier buen aficionado:
Hans Hotter encarna a Jochanaan, Julius Patzak a Herodes y Maria Kouba
a Salomé. Además las sopresas se completan con Ludwig Weber y Hans
Braun en los papeles de los nazarenos. La orquesta filarmónica de Viena
y Hans Swarowsky completan un elenco artístico realmente atrayente.
RICHARD STRAUSS: SALOME Maria Kouba - Salome Hans Hotter - Jochanaan Julius Patzak - Herodes Kitsa Damasotti - Herodias Erich Kienbacher - Narraboth Sonja Diaksler - Page Ludwig Weber y Hans Braun - Nazarenos Orquesta Filarmónica de Viena Hans Swarowsky - director
( Ralización de la televisión alememana, 1960 )
Nada más iniciarse la ópera ya comprobamos que Erich Kienbacher es
un Narraboth melifuo, in la fuerza de otros tenores. Bien cantado pero
flemático en exceso. Sin embargo, Sonja Diaksler posee una voz aterciopelada
y aun siendo breve su papel lo canta con musicalidad. A estas alturas
ya podemos aadivinar que la realización televisiva será simplemente
funcional, sin grandes alardes. Los planos secuencias son demasiado
largos y falta mayor estudio de la partitura para apoyar el desarrollo
de la tragedia con una realización más atrevida. El escenario está
bien ambientado y el vestuario es eficaz. Bien uniformados los soldados
judios y los personajes principales. Lámparas de siete brazos refuerzan
la adecuación escenográfica.
La primera intervención de Hans Hotter desde la mazmorra ( no se le ve,
el realizador toma un primer plano de la rejilla que cubre la mazmorra )
es arrolladora, como era de esperar por otra parte. A pesar de estar
fechada esta realización en 1960 su voz no acusa demasiados signos
de fatiga y las admoniciones del Bautista suenan pletóricas de fuerza.
Pocos cantantes pueden estar a la altura de Hotter en este papel.
Cuando aparece Salomé en escena, descubrimos que Maria Kouba es
una mujer relativamente joven, no especialmente hermosa de cara
por culpa de una nariz roma y rasgos no muy armónicos, pero que
posee un cuerpo sensual acorde con las exigencias del papel. Eso nos
ahorra es esfuerzo de abstracción que hay que hacer cuando el rol
de Salomé lo encarnan otras sopranos menos apolíenas que Maria Kouba.
Puede vestir corpiño ajustado sin caer en el ridículo.
Posee una voz con facilidad para los agudos y con graves sonoros. No
obstante, se aprecian carencias en la musicalidad. Su interpretación
es demasiado plana. Quizá la culpa la tenga la juventud de la soprano.
No todo iban a ser ventajas. Su voz tiene reminiscencias de soprano antigua,
como de película hollywoodiense, como de opereta. No recuerda a
Nilsson ni a Varnay ni a Rysanek. Salvando las distancias
y para hacerse una idea se podría decir que recuerda lejanamente a
Elisabeth Schwarzkopf.
La Filarmónica de Viena demuestra una vez más ser uno de los mejores
conjuntos orquestales del mundo y es uno de los principales valores
de esta grabación. Los metales, bien y las cuerdas, aún mejor, dotadas
de ese lirismo y musicalidad que la ha hecho famosa.
La aparición de Hans Hotter emergiendo desde las profundidades de la
mazmorra es emociante. Es imposible no sentir cierta emoción al ver
al gran mito y mejor cantante entrar en escena. Rápidamente comprobamos
que no sólo es hercúlea su voz. Hotter presenta una planta imponente.
Sus hombros son descomunales y sus brazos y sus manos están dotados
de la misma fuerza que asiste a su voz, que presenta pocos signos de
nasalidad y que suena rotunda y voluminosa como en sus mejores años.
Un profeta con una presencia como la de Hotter infunde verdadero temor
de Dios. ¡¡¡ Menudos brazos, vaya manos !!!
Visto de cerca cuando el realizador nos brinda un primer plano vemos
que la peluca larga, la fámelica perilla y el maquillaje de los ojos le
brindan una apariencia chinesca, un Fu Manchú judío y visionario,
recto e impasible a los requerimientos de Salomé.
El sonido parece grabado en estudio con anterioridad a la realización
televisiva, eso posibilita una mejor respuesta de los cantantes y de la
orquesta pero en ciertos momentos se produce cierto efecto play-back.
Por otra parte es de justicia destacar la labor de Hans Swarowsky,
maestro de maetros. Demuestra dominar la partitura, su trabajo es muy
preciso, atento siempre a los detalles orquestales, perfectamente audibles
los pizzicatos, los solos de violín, la cantabilidad de las cuerdas. Mantiene
un tempi acelerado lo que le confiere a la interpretación un efecto
paroxístico, arrolador.
A lo largo de la obra Kouba sigue confirmando sus cualidades vocales:
agudos bien colocados y graves sonoros, aunque quizá su emisión es algo
esforzada y su fraseo echa en falta una mayor musicalidad.
En la escena entre Salomé y Jochanaan, la voz de Hotter demuestra
una vez más ser uno de los instrumentos más privilegiados de la lírica
de todos los tiempos. Sus agudos son rotunods y se proyectan con
potencia, componiendo una interpretación titánica, ciclópea. ¡ Bravo, maestro !
La orquesta y Swarowsky subrayan especialemente el regreso del profeta
a la mazmorra y así el pasaje orquestal tiene la urgencia genial de un
Carlos Kleiber. Realemnte sobresaliente. La interpretación gana enteros
a pasos agigantados.
Lo que no se puede negar es que kouba hace un gran trabajo de interpretación. En esta ocasión, su rostro refleja perfectamente la
rabia de Salomé al verse rechazada por el profeta, maquinando
interiormente su venganza sobre el solo del clarinete.
Entonces entran en escena Herodes y Herodias. Patzak nos dibuja un
Herodes decadente aprovechando ya su edad y el estado calamitoso
de su voz, nos pinta un reyezuelo rijoso, dominado por la vida regalada
y los vicios. Su voz está en franca decadencia pero su interprtación es
formidable.
Ketsia Damasotti, a quien no conocía con anterioridad, interpreta a Herodias
con eficacia, excepción hecha de alguna emisión destemplada. Sobre
cabeza lleva un tocado que recuerda subrepticiamente a la Medusa.
No sé si se puede hacer este paralelismo pero no hay que olvidar
que es ella al final quien toma la decisión de ceder a las peticiones
de Salomé y quien encarga al verdugo su decapitación.
La escena con los judíos apemiado a Herodes demuestra una vez más la
calidad de la orquesta y de la dirección de Swarowsky. Suena rotundo
el ostinato orquestal de cuatro notas mientras los judíos discuten sobre
el profeta Elías. Los nazarenos entran en escena para apaciguar la
turbamulta y es entonces cuando tenemos el privilegio de ver a Has Braun
y, sobre todo, a Ludwig Weber. Está algo mayor pero su voz conserva aún
esa oscuridad y esa nobleza que han hecho de él uno de los mejores bajos
del repertorio alemán. Weber aprovecha que el primer nazareno tiene
alguna frase más que Hans Braun para lucir el esplendor de su voz.
Nunca decandencias como éstas ( Patzak incluido ) fueron tan brillantes.
Es difícil imaginar una interpretación mejor que la de Ludwig Weber para
un papel tan breve.
( continuará )
_________________ Cancelo mi avatar y mi firma
y me despido de todos. ¡ Adiós !
( Aclaro para evitar interpretaciones erróneas que en el foro de Kuraku se ha dado de alta una Hormiga que no soy yo. )
Última edición por La Hormiga Peripatética el 23 Nov 2006 15:27, editado 1 vez en total
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