Entrevista con el ganador, David Lomelí, que salió en la edición digital de la revista proopera (
http://www.proopera.org.mx ):
David Lomelí
Ganador por partida doble
Por Ramón Jacques
La inagotable cantera de voces líricas de nuestro país nos da una nueva satisfacción con el reciente triunfo
del tenor David Lomelí, de la versión 2006 del concurso Operalia de Plácido Domingo celebrado en
Valencia, España. Además de ganar el primer lugar del concurso, David ha recibido el premio especial
que se otorga por la categoría de zarzuela. Tan sólo unos días después de regresar de Valencia,
este prometedor cantante de 25 años aceptó amablemente charlar con Pro Ópera.
Antes que otra cosa, te felicitamos y nos alegramos por
tu triunfo. Háblanos sobre tus inicios como cantante de
ópera.
Gracias por las felicitaciones. Nací en el D. F. pero a los 13
años me fui a Monterrey. En realidad soy egresado de la carrera
de ingeniería de sistemas del Tecnológico de Monterrey. Ahí, el
director de difusión cultural, Hugo Garza Leal, me ofreció una
beca para estudiar si cantaba en las producciones de ópera que
haría el Tec. Yo cantaba música pop y musicales y ahí detectó
que yo podía cantar opera u oratorio. Canté algunas producciones
con ellos, como La traviata, Don Pasquale, Bastien und
Bastienne y en el Mesías de Händel, y me fue bien.
Después fui un semestre a Barcelona, a tomar clases con
Montserrat Caballé, donde conocí a José Carreras, quien me
escuchó cantar y me animó a seguir. Después me acerqué al
coro del Teatro del Liceo, y ahí me apasioné con la ópera.
Volví a Monterrey y conocí al maestro Rolando Garza, un
director que está en Estrasburgo. Él me invitó al Accademia
di Perfezionamento Per Cantanti Lirici Alla Scala di Milano,
donde estaba trabajando con Mignon Dunn, Sherill Milnes y
Joan Dornemann. Al llegar ahí me ofrecieron cantar en Gianni
Schicchi con estudiantes egresados de escuelas como la Juilliard
de Manhattan, y para mí era la primera vez que salía de
Monterrey. Ahí trabaje y estudié con Mignon Dunn.
Luego regresé a Monterrey a terminar mi carrera en sistemas,
y así fue como hace dos años y medio comencé mi
carrera. Seguí preparándome seis meses con Manuel Acosta,
un tenor de Monterrey, y quise volver a Milán, en un viaje que
me pago el Tec.
¿Cómo siguió evolucionando tu carrera?
Me inscribí al concurso Morelli, pero aunque no pase a la
semifinal, Raúl Falco, Octavio Sosa y el maestro Enrique
Patrón de Rueda me animaron a seguir adelante. Después de
picar piedra en México, en el 2005 entré a la competencia de
Jóvenes Artistas de La Scala de Milán. Ahí no gane ningún
premio del jurado, pero sí me ofrecieron un cover en La Scala,
lo que fue una verdadera llamada de atención para mí.
Retomé mi preparación con Mignon Dunn y volví a la
academia con ella y con Rolando, donde cante el papel de
Rodolfo y gané la competencia que organiza el teatro La Scala.
Llegó un momento en el que Mignon me sugirió buscarme un
maestro para tenores, porque mi voz seguía creciendo, y con lo
que me paso en La Scala me dieron ganas de seguir adelante.
¿Encontraste a tu maestro?
Sí, encontré a César Ulloa. Fui a verlo a SIVAM, gastándome
mis ahorros. Él me pidió que me quedara y audicioné para la
maestra Teresa Rodríguez, y fueron cuatro meses intensivos
que verdaderamente sufrí pero donde me hice artista.
¿Cómo conociste a Plácido Domingo y cómo ingresaste al
programa de Jóvenes Artistas de Los Ángeles?
Gracias a mi maestro César Ulloa y a Pepita Serrano, el maestro
Plácido Domingo me escuchó en Nueva York en enero del
2006, y le gusté, ya que por invitación suya fui aceptado al
programa de Jóvenes Artistas de la Ópera de Los Ángeles, y en
Operalia. Al mismo tiempo tenía la posibilidad de ingresar a la
maestría en el conservatorio de San Francisco, pero César me
dijo que no podía decirle que no al maestro Domingo.
Estoy agradecido con Denisse Massé y Pepita Serrano, que
me ayudaron muchísimo y me mandaron a Los Ángeles, y
también con Alejandro Pérez, un empresario de Monterrey.
En el verano estuve en Tel Aviv y allá cante Rodolfo y Werther,
y me surgieron otras cosas como cantar un concierto para la
Fundación Montserrat Caballé en Barcelona.
Luego gané el concurso Nicolás Urcelay en Mérida, que es
como una segunda edición del Morelli, y Raúl Falco me invitó
a La bohème en Bellas Artes, pero con tristeza no pude debutar
en Bellas Artes porque ya tenia lo de Barcelona y Tel Aviv. Mi
debut como el Conde de Lerma en el Don Carlo de Verdi en Los
Ángeles fue de golpe, pues yo hace un año estaba en SIVAM y
ahora estaba alternando con Salvatore Licitra, Dolora Zajick
y Ferruccio Furlanetto, colegas fabulosos, dirigidos por James
Conlon, es una situación que impone.
¿Qué representó para ti participar y ganar el concurso
Operalia?
Ahí pude finalmente mostrarme y darme a conocer. Primero
que nada, tuve una gran exposición frente a 12 jueces, directores
de importantes casas de ópera. A la fecha me han llamado
ya de Mónaco, Barcelona, Madrid, China e incluso el Covent
Garden, teatros con los que sólo se puede soñar. Pero Plácido
me dijo que era mejor esperar, así que sólo acepté una Traviata
con Marco Armiliato y June Anderson en septiembre próximo
en Mónaco.
Lo segundo más importante que me dejó Operalia es
pensar que tal vez sea poco o mucho lo que he hecho hasta
hoy, pero he sudado gotas de sangre para conseguirlo: me
pagué la escuela cantando, me gané la vida en Monterrey
desde los 16 años, he dejado a un lado una licenciatura de la
que me gradué con honores del Tec, por apostarle a mi garganta.
Incluso llegué a sentir discriminación, ya que no egresé
de una escuela de música o conservatorio. Cuando llegué al
concurso Morelli, yo era “el niño fresa” del Tec. En Conaculta no
me dieron apoyo hasta la sexta vez que lo solicité, ya que me
decían que para qué lo pedía si me podía pagar
el Tec y no había estudiado música. Lo más
extraño es que empecé a ser descubierto y apoyado,
y hasta que en La Scala me dijeron que sí
servía, solo entonces se me abrieron las puertas
en México y más gente me apoyó. Además, de
no haber sido por SIVAM, no sé qué hubiera
hecho realmente.
¿Hay alguien a quien admires?
Sí, Rolando Villazón es uno de mis modelos a
seguir. Lo conocí en Los Ángeles y me animó
a seguir adelante. Me pidió que lo considerara
un colega más. Me sorprendí el lugar en el que
está y su humildad. “Sigue trabajando, ya te
escucharán y te darán oportunidades y ya lo demás dependerá
de ti”, me dijo. Tengo gran amistad con Pepe Domingo, hijo
de Plácido; es como mi ángel de la guarda, y claro, el maestro
Domingo, su esposa e hijos, son personas de mucha sencillez
y calidad, que me llevan de la mano, y me orientaron junto con
César para seleccionar el repertorio adecuado para participar
en Operalia.
¿Cual es actualmente tu repertorio?
Soy un tenor lírico pleno. Canto Rodolfo, el Duque de Mantua
y Alfredo, y estoy empezando a montar repertorio francés en
el programa de Los Ángeles como: Romeo, Werther y Fausto.
Puedo cantar Donizetti y quisiera poder cantar óperas como
L’elisir d’amore, para no perder mi agilidad vocal. Las arias
que más canto son las del Elixir y la del tenor italiano en Der
Rosenkavalier, que voy a cantar en Burdeos.
En Operalia canté el aria de Rodolfo, la de El Cid y “La roca
fría del calvario” de La Dolorosa. Con el maestro Domingo
vamos a hacer una planeación estratégica de carrera parecida
a la de Rolando Villazón después de su participación en
Operalia: de repertorio francés, Romeo, Duque de Mantua,
etcétera.
¿Qué proyectos tienes para el futuro?
Estaré dos años en la Ópera de Los Ángeles. Esta temporada
cantaré el papel del Saboyano, que canta un
aria bonita en Luisa Fernanda, al lado de
Plácido Domingo, y la próxima temporada el
Rodolfo en La bohème, aunque están por confirmarme
si seré cover o si alternaré el papel
con Arturo Chacón Cruz. Voy a cantar algo en
Puerto Rico, La traviata que te mencioné en
Mónaco, y un tercer compromiso, que espero
sea en México.
La diferencia que hay entre otros ganadores
de Operalia mexicanos, como Arturo Chacón
y Eugenia Garza, es que ellos ya tenían más
experiencia y más edad que yo cuando participaron.
Por ejemplo, yo cante Rodolfo en un
teatro de Cataluña pero nunca en un teatro
grande. Plácido Domingo y mi maestro han decidido que
vaya con calma para no ser una estrella fugaz, y yo les tengo
una fe enorme: ¡mira cómo ha cambiado mi vida en tan solo
unos meses!
Finalmente, ¿algo que quieras agregar?
Sí, tal vez hablé demasiado para esta entrevista, pero después
de tantas entrevistas y llamados de fuera, ya quería hablar en
mi idioma, y estoy fascinado de poder hablar contigo, y por
este medio dirigirme y contarle a la gente de mi país por lo
que estoy pasando. o