Hola:
Para los que comienzan a incursionar en el mundo fascinante de la ópera es probable que mi experiencia les sirva de ayuda. Por eso relato a continuación cómo accedí a esta forma de arte.
El arte en general es la creación de un autor y la contemplación, con todos los sentidos, de la obra por parte de los aficionados. El arte cobra vida cuando es observado por alguien; hasta ese momento está guardado en la imaginación del autor o entre sus pertenencias; si no se hace pública la obra de arte está dormida esperando el despertar. A veces este despertar es en vida del autor y muchas otras veces sucede luego de su muerte. Esto depende de muchos factores que no es el caso de analizar ahora.
De niño mi padre me hizo escuchar música clásica y por ello siempre estuve en contacto con este género musical. Sin embargo la escucha fue de música instrumental no de ópera. Sinfonías, conciertos, cuartetos, etc., nunca teatro cantado... Precisamente esto es la ópera: teatro cantado. En la ópera se conjugan la letra, como en una obra teatral, la música y el canto y a veces también el baile.
Hace poco tiempo, por azar, tomé contacto con la ópera. Un amigo me prestó discos de óperas y manuales con el análisis y libreto de las mismas. De entrada me fascinó el género y ya no paré de contactarme con él. Mi discoteca era sólo, como ya mencioné, de música instrumental y por ello tuve que empezar a adquirir discos compactos y libros. Todo lo absorbí rápida y de manera anárquica. En rigor mi forma de aprender es así: yo la llamo colcha de retazos pero me doy cuenta que para la mayoría de las personas aprender algo requiere de un método. Mi método me sirve a mí pero barrunto que no es el indicado para la gran mayoría.
Por eso se me ocurrió una organización o método para iniciarse con el género de la ópera que fuera útil para las personas. Conversando con mi esposa y ensayando con ella (tampoco había estado en contacto con este género) se logró una forma o manera de incursionar en la ópera que es probable sea de beneficio para la gente. Como todo en el arte es cuestión de cada uno y los gustos personales son casi infinitos. En atención a esto debe tomarse este relato como una simple exposición de mi experiencia personal.
En la música instrumental me apasiona la obra de Mozart, por eso empecé escuchando óperas de Mozart. Me di cuenta de que las óperas cómicas las asimilaba mejor y más rápidamente. Dejé de lado las ópera serias o dramáticas y comencé escuchando las llamadas óperas bufas o cómicas; así “descubrí” a Rossini. La cenicienta, El barbero de Sevilla, La italiana en Argel, Le comte Ory y El turco en Italia fueron rápidamente obras que incorporé y disfruté ampliamente. Seguí con Mozart (había empezado con Las bodas de Fígaro) y su Don Juan y Así hacen todas (Così fan tutte). Apareció Donizetti, su Elixir de amor y Don Pascuale para completar un buen conjunto de óperas cómicas o bufas o al menos (en el caso de Mozart y su Don Juan) de música alegre, profunda pero no dramática como luego comprobé con Puccini.
Mozart, Rossini, Donizetti, este fue el orden en que comencé a escuchar ópera.
En este estado me di cuenta de que no podía escuchar solamente. Ya dije antes que la ópera es básicamente teatro cantado..., era necesario ver, contemplar la obra en su conjunto. Ir al teatro es una buena manera; los compositores escribieron para el teatro precisamente. Sin embargo en el siglo XXI tenemos muy buenas formas de suplantar la ida al teatro y (en mi opinión) con ventajas: las cintas de video y los discos de DVD. ¿Por qué digo con ventajas? Para mí ver la obra con las tomas de cerca de la televisión y los modernos sistemas de audio con 5.1 canales brinda una observación y una escucha muy buena. Podemos repetir lo que nos guste con la marcha atrás de la cinta o el disco; podemos poner los parlantes y lograr que el sonido, en una habitación, sea de una acústica casi perfecta. La ventaja principal es parar y/o rebobinar todas las veces que queramos; obviamente en el teatro no lo podemos hacer, además la ubicación en el teatro es determinante. Si estamos cerca vemos bien todos los detalles pero perdemos la acústica general; si estamos lejos ganamos en acústica pero perdemos detalles de la actuación como gestos y ademanes sutiles que las cámaras de televisión suelen destacar. En suma, es muy bueno ir al teatro pero también es muy bueno estar en casa y ver las obras en la pantalla de nuestro televisor con los ajustes que mencioné más arriba.
Me di cuenta de que un buen orden de asimilación operística podía ser Mozart, Rossini, Donizetti y ahora sí Puccini donde casi todas sus obras son dramáticas y suelen terminar con muertes, dejando una sensación triste aunque de gran belleza sonora. De Puccini tenemos Tosca, Madama Butterfly, La boheme, Turandot, Manón Lescaut y la muy buena La fanciulla del West.
En mi caso ya me sentí preparado para incursionar en el famoso Verdi. Digo famoso pues de niño siempre sentí hablar de él con énfasis y a veces con polémicas. A mí personalmente me agrada muchísimo. Sus obras son un racimo de maravillosas melodías. Rigoletto, Il Trovatore, el magnífico, para mí, Nabucco y las famosas Aída y La traviata, sin olvidar a Otello y a su única ópera cómica: Falstaff.
En mi país tenemos un canal de televisión que todas las semanas pasa una ópera distinta. Me tomé la costumbre de grabar en cinta de video estas emisiones. Lo hago en velocidad SP para tener la mejor visión y el mejor sonido. Uso cintas de máxima duración (240 metros) y de máxima calidad para que las grabaciones sean nítidas y de buen sonido. Ya tengo una hermosa videoteca de ópera y cada vez más DVDs que me brindan un disfrute mayúsculo. Trato de ver (en cinta o en DVD) una ópera por día y me hago de tiempo (a veces con mucho sacrificio) para seguir este ritmo de escucha y visión a rajatabla.
Con Mozart que me da un estado de felicidad incomparable, con Rossini que me alegra la vida, con Donizetti que hace todo más amable, con Puccini profundo y dramático y con Verdi que es un bouquet de melodías constantes parecía que había llegado al máximo del placer operístico pero me equivoqué de medio a medio...
Un día en el canal de televisión emitieron El buque fantasma de Wagner. Estaba grabando la obra y los primeros minutos me sentí desorientado incluso aburrido y de pronto comencé a sentir algo distinto, completamente diferente a las sensaciones que tenía con los compositores mencionados más arriba. La música de Wagner empezó a apoderarse de mis sentidos de manera integral. Sentí, por primera vez, una conmoción de tal envergadura que a partir de ese momento tuve la curiosidad de conocer TODA la obra de este genio sin igual.
Wagner es el único compositor que escribió todos los libretos de sus obras. Sus relatos, a veces basados en la mitología germana, son novelas con suspenso y mechados de poesía que en alemán suena como música adicional. Los cantantes wagnerianos son muy especiales y la integración de la música, con la letra y el canto es total. Por eso las obras de este genio me conmueven tanto. En general son largas pero a mí me parecen cortas. Siento la sensación y el deseo de que no terminen nunca.
Luego del Buque fantasma o El holandés errante como también se la conoce, seguí con Los maestros cantores de Nüremberg, su casi única comedia (y digo casi porque hay momentos en sus dramas que matiza con humor); el excepcional Anillo de los nibelungos una tetralogía compuesta por El anillo del Rhin, La valquiria, Sigfrido y El crepúsculo de los dioses.
Esta tetralogía es una novela de suspenso, de poesía, de música apasionante que me hizo vibrar como nunca antes ninguna música lo había logrado. Lohengrin y Tannhäuser completan mis DVDs y CDs vistos y escuchados. Estoy persiguiendo todo el resto de la obra de Wagner...
En mi experiencia personal quizá no hubiera comprendido a Wagner si hubiese comenzado con su obra; por eso para mí el orden: Mozart, Rossini, Donizetti, Puccini, Verdi y luego Wagner es un buen método para acceder a la ópera.
Los sonidos de Wagner son complejos para acceder a ellos de entrada.
Dejo para el final a Richard Strauss. Un compositor que me gusta mucho. Tiene sonidos muy originales; su música es sensual, como ejemplo su obra Salomé. En Electra la actuación de la cantante protagonista es casi permanente y requiere un esfuerzo notable. A mí me gustó la obra Ariadna en Naxos de planteo original, comedia y drama simultáneos y yuxtapuestos; la comedia El caballero de la rosa y La mujer sin sombra completan una obra de suma belleza y encanto.
Los dos Richards, Wagner y Strauss, están en el final de mi escala para acceder o iniciarse en la ópera.
De aquí en adelante queda muchísimo por conocer. Tengo proyectado incursionar en la ópera bufa con la obra de Domenico Cimarosa y de Giovanni Pergolesi. Y últimamente me estoy deleitando con dos joyitas de Rossini: L’equivoco stravagante y La pietra del paragone.
Un saludo cordial
