Bueno, pues ya de vuelta tras mi viaje y después de haber visto los dos repartos voy a comentar un poco qué me pareció el asunto.
Lo primero: la producción. Vamos a ver... no me parece una producción para enfadarse, de hecho es visualmente atractiva con ese espejo inclinado al fondo reflejando a los personajes, y una iluminación francamente conseguida...PERO....¿Qué tiene que ver lo que allí se veía con lo que me estaban contando? Pues no mucho, la verdad. Esa especie de ONU pluricultural (tremendo el vestuario del coro: había una Lakmé, una Madama Butterfly, una Salomé -la cantante española, no la de Wilde ni la de Strauss-...

) no casaba de ninguna forma con el 'sagrado templo' que querían hacernos ver. Más detalles francamente cómicos. Arsace muestra una carta de Azema, en cuyo sobre aparece un corazón gigantesco como si fuera una carta de dos niños de colegio de primaria, antes del Bel raggio lusinghier aparecen en escena unas esgrimas con pinta de Lucy Liu, la boda hawaiana de Idreno y Azema.... sin olvidar el teléfono rojo que una de las azafatas (es que esta ONU está llena de azafatas de avión que llevan bandejas con refrescos

) le lleva a Assur en su escena de la locura, a través del cual el coro le dice que ya se acabó todo para él. Si señores, un teléfono ROJO...por si alguien dudaba si el regista se había inspirado en cierta película...Pues queda claro que si. Bueno, hasta aquí la producción.
Los dos repartos....Pues bueno, debemos decir como punto positivo que al menos hubo un cantante de gran calidad para cada personaje. De entre las Semiramides, mientras
Darina Takova cantó visiblemente cansada y bastante engolada, y olvidando por completo que estaba haciendo TEATRO -solo le faltó llevar una partitura en la mano-,
Nelly Miricioiu cantó corta de agudos (salían descolocados y rompían los tímpanos...) pero consiguió con un timbre francamente sugerente momentos de gran belleza, y se entregó a su personaje, poniéndole garra y pasión, con lo que, a mi al menos, consiguió engancharme. Me quedo con ella para el papel titular.
No hubo sorpresa en los Arsaces, pues se contaba para ellos con dos de las mayores especialistas del mundo en el papel.
Daniela Barcellona estuvo totalmente TREMENDA con una voz que, una vez más, me impresionó por la belleza, la homogeneidad, el control técnico y el caudal y con una actuación escénica totalmente entregada y apasionada. FUE Arsace y lo cantó divinamente BRAVÍSIMA! Frente a ella
Ewa Podles, con un físico que no la ayudaba a hacer su personaje creíble, compensó una mayor frialdad interpretativa con una interpretación vocal francamente fascinante: su color de contralto con sus graves incomparables marca de la casa asombraron tanto como su ya conocida facilidad para las coloraturas y los agudos timbrados. Como no podía ser de otra forma, a ambas el teatro se les cayó encima.
Los Assures.... pues justo empate.
Ildar Abrazakov, con una presencia imponente, comenzó algo dubitativo, pero fue in crescendo hasta llegar a su escena de la locura, cantada de manera admirable. A más distancia, pero siempre a buen nivel estuvo
Simón Orfila, muy metido en su personaje y compenetrado con sus compañeros, y con una voz interesante, a la que quizás le falte ese definitivo toque rossiniano que hubiera ayudado a redondear su prestación.
Y por fin, lo que todos estaban esperando...

IDRENO. Comenzaré diciendo que si ya es difícil tener un cantante capacitado para cantar el Idreno completo sin dificultades importantes, tener dos es mucho más difícil. Y el Liceu los tuvo. A favor de
Juan Diego Flórez jugó su extraordinaria facilidad para los agudos, y la indudable belleza de su timbre, aunque tuvo en contra una proyección no todo lo buena que sería deseable. En los concertantes la voz se perdía por completo. Mucho mejor en
Ah dov'é il cimento que en
La speranza piu soave, el teatro se vino abajo en ambas de todas maneras, de forma yo creo que algo excesiva.
José Manuel Zapata, prescindiendo de los sobreagudos de adorno que hizo su colega, cantó un Idreno con las notas en su sitio, buen gusto, más volumen y (como Flórez) en la mejor tradición rossiniana.
De los comprimarios, gritón
Miguel Ángel Zapater, muy bien
Eduardo Santamaría y, de las dos Azemas (hubo dos, si) mejor
Eliana Bayón en el segundo reparto que
Sandra Pastrana en el primero.
La dirección de
Riccardo Frizza pecó de excesiva lentitud en más de un momento y de rápida en otros (casi ahoga a la Takova en el primer dúo con Arsace) y no supo sacarle todo el jugo a los crescendos rossinianos. La orquesta mejoró según avanzaba la función (pero estuvo mejor el día 3 que el día 5) y el coro fue de calidad.