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Si escenográficamente hablando, lo que estos días se está viendo en el Liceu tiene algo que ver con el contexto romántico que, en su día, los libretistas situaron “Lucia”, si alguien ha logrado entender la puesta en escena, si ha visto la “fuente” donde Lucia y Edgardo se reúnen en el primer acto y si hay alguien que haya apreciado el cementerio con las tumbas de los antepasados de Edgardo y me lo puede explicar, y sobretodo, hacer que lo entienda, por favor, queda desde aquí emplazado para ello.
Desgraciadamente, y no tendría que ser así, empiezo una vez más por la puesta en escena de la ópera que quizás ha quedado ensombrecida y no ha sido objeto de mucha discusión, porque la actualidad en el Liceu pasa precisamente rozando el aspecto vocal, que ha estado marcada por la cancelación de la soprano eslovaca Edita Gruberova por una parte, y por otra, por la gestión nefasta del teatro a la hora de anunciar los “cast” con la suficiente antelación.
Ignoro si en las respectivas funciones del miércoles y del viernes se especificaba algo en los programas de mano gratuitos que se distribuyen a lo largo de todo el recinto, pero ayer se anunciaba que la Gruberova había cancelado debido a una sinusitis aguda.
La expectación era grande por escuchar a Edita, y la presión que ello supone en las sopranos Patricia Ciofi y Mariola Cantarero, deben tenerse en cuenta a la hora de juzgar sus actuaciones, porque que te comparen con la Gruberova, supongo que no debe ser muy motivante, y más cuando estás, relativamente despegando en el mundo de la ópera.
Volviendo a la puesta en escena. Unos espacios sombríos, oscuros, minimalistas en extremo, dominados por una serie de cubos en el escenario, que tanto siervieron de tumbas en el último acto, como de silla en la escena de la locura. Una gran reja en la primera escena de Lucia, por la que con decisión, atraviesa Edgardo al ecuentro clandestino con la amada. Una cama…??? Pero a ver, no se supone que estamos en los aledaños del Castillo de Ravenswood al lado de una fuente que el solo de arpa se encarga de hacernos notar el murmullo de sus aguas?
En fin, todo de detalles absurdos que no ayudan para nada a comprender la acción, y menos mal, que en esta ópera, el argumento se puede seguir perfectamente.
Al final todo esto acaba matando el clima romántico del encuentro amoroso entre los protagonistas, porque cuando entonan “Verrano a te…”, empieza Lucia mientras que Edgardo, lee una carta, y lo mismo, pero al revés, cuando es Edgardo quien está cantando. Cosas que no se entienden.
Creo que no vale la pena recabar más la atención en las puesta en escena pues poco puedo aportar a lo que ya se ha dicho de sobras en este hilo. Solamente constatar que en la función de estreno del sábado 11, Robert Carsen se llevó un buen saco de “buuuuusssss”.
Antes de pasar a la parte estrictamente musical, si que me gustaría hacer hincapié en una cosa. No sé que pasa en estas funciones, pero, de los dos días que he ido, sí que puedo decir que han sido una de las más moviditas, y en las que he escuchado más toses!!! Y es que, ya por enésima vez, no sé que es lo que pasa que es empezar la orquesta con los primeros compases, y la gente empezar a moverse y a toser, hasta el punto que el solo del arpa de la segunda escena del primer acto, quedó destrozado por la dichosa tos. Si es que cuando te piden las entradas y te dan el paso, los acomodadores deberían meter un caramelito de menta en la boca al público, porque francamente no hay derecho que vayas al teatro, quieras silencio y la gente no pare, pero es que literalmente, NO PARE… Pa’ rriba, pa’ bajo, tos por aquí y por alla, ruidos, crujidos de madera… hombre ya está bien!!!!
Ah, y luego otra cosa, a título de curiosidad, por qué entre escena y escena que se abrían las luces, entraban los acomodadores a controlar??? No lo había visto nunca. Alguien sabe si esto tiene alguna explicación?
En cuanto a la parte musical, la Orquesta no sonó a mí gustó lo suficientemente brillante, y la dirección de Josep Caballé-Domenech fue bastante monótona durante toda la obra.
Tuve la suerte en la función del sábado que además de poder ver el trabajo del director de orquesta, me pude fijar en el “sordo” trabajo que hace el maestro Tribó, a quien nadie nunca nombra, pero que siempre está allí, y la verdad, es fantástico ver como sus manos va dando todas las entradas. Fantástico.
Los Coros bien.
En cuanto a los solistas, de la función del sábado 11 a la de ayer día 19, sólo variaba la intérprete principal, Lucia.
En la primera de las funciones fue Patrizia Ciofi la encargada de salvar la papeleta. A mí gusto empezó floja con coloraturas un poco pesantes y oscuras y de poca facilidad, pero fue mejorando a medida que avanzaba la obra, hasta que llegó la escena de la locura.
La voz de la Ciofi es pequeña, no tiene mucho volumen pero si musicalidad, pero su escena final le pesó, y bastante. Alguna nota un poco rozando el grito, y los agudos finales cortos, muy cortos.
Al igual que el director de escena, se llevó algunos “buuuuussss”, pero un mínima parte porque los bravos fueron más aplastantes, pero creo que no es el tipo de voz adecuado para cantar Lucia. Y qué es lo que puede cantar? Pues no lo sé, pero Lucia seguro que no.
En la función de ayer le tocó el turno a la grandina Mariola Cantarero, y fue a partir de su “cabaletta” “Cuando rapito in estasi”, donde se puso en órbita. En su aria “Regnava nel silenzio” no me gustó tanto. En la “cabaletta” sí, coloraturas fáciles, agudo suficiente, no largo, pero suficiente. Tiene la virtud de dominar el canto “piano” y lo explota hasta la saciedad, tanto que, no sé en la función del miércoles, pero en la de ayer, se la pasó toda modulando la voz hacia el piano, sin sacar el “forte” nada más que en contadas ocasiones, lo que pasa es que los pianos los hace tan bien y el efecto al escucharlo es tal que el público quedó rendido a sus pies.
En el dúo con Edgardo estuvo muy musical y en su sexteto, también. Su escena de la locura fue superior canoramente hablando a la de su colega Patrizia Ciofi. Alguna coloratura en algún momento fuera de lugar, y lástima los dos agudos también un poco cortos, no tanto como la Ciofi, estos fueron más suficientes, pero no dejan de ser cortos.
Edgardo fue Josep Bros y si bien en la función del sábado por la noche fue lo mejor, ayer también y con diferencia, a mí gusto, sólo un pero en la función de ayer, y es una pequeña burbuja de aire al atacar el “Ah” que viene después de “Rispeteta almen le ceneri” de casi al final del aria, pero que no merma para nada la excelente actuación del tenor barcelonino. Buen fraseo, buena dicción y canto expresivo con intención. Hasta en los momentos de más ímpetu supo darle el enfoque justo y necesario.
Y es que cómo le ha crecido la voz a Bros!!! Voz con volumen suficiente que no quedó ahogada en nigún momento con los sobreagudos de su compañera.
Enrico estaba interpretado por Anthony Michaels-Moore, correcto pero con una voz carente de la suficiente consistencia para este “ròle”. Un timbre que no es desagradable, pero que tampoco es el más bello del mundo. Le había escuchado en unas funciones de “La Traviata” que en su día retransmititeron por Radio Clasica, y me gustó más que en esta ocasión.
Raimondo lo cantó Giacomo Prestia, y me dio la sensación de que lo gritaba un poco, como si quisiera imponerse con todo su volumen, y no me gustó este enfoque.
Vicente Ombuena, que hacía de Arturo, vaya cambiazo físico que ha experimentado este hombre. Voz en su línea, cumplió bien su cometido al igual que el Normanno de de Josep Fadó y la Alisa de Mireia Pintó.
Solo un comentario personal, cuando es la hora de cantar el sexteto, a mí gusto le faltó un poco de volumen vocal, quedó un sexteto bien cantado, pero un poco “ligero” de voz. Bueno supongo que esto también va a gustos personales.
brunilda
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