
La leyenda de la ciudad invisible de Kitezh y de la Virgen Fevronia. ¡Vaya pedazo de Operón!
Ópera en cuatro actos, con música de Nikolái Rimski-Kórsakov y libreto en ruso de Vladímir Nikoláievich Belski, basada en una combinación de dos leyendas rusas: la leyenda de santa Fevróniya de Múrom y la leyenda de la imaginaria ciudad de Kitezh, que se hizo invisible cuando fue atacada por los tártaros.
Fue estrenada en el Teatro Mariinski de San Petersburgo el 20 de febrero de 1907. Un año después, el 15 de febrero, en el Teatro Bolshói de Moscú. La primera representación fuera de Rusia fue en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, en enero de 1926
(reseña en el ABC).
El forero Ángel de fuego le dedicó una
ópera del mes.
Personajes:
Príncipe Yuri Vsévolodovich, soberano de la ciudad de Kitezh (Kitej, Kitege) (bajo)
Príncipe Vsévolod Yúrievich, su hijo (tenor)
Fevróniya (soprano)
Grishka Kutermá (tenor)
Fiódor Poyarok (barítono)
Paje del príncipe Yuri (mezzosoprano)
Dos nobles (tenor y bajo)
Intérprete de gusli (bajo)
Domador de osos (tenor)
Cantante mendigo (barítono)
Bedyay, un poderoso guerrero tártaro (bajo)
Burunday, otro poderoso guerrero tártaro (bajo)
Sirin y Alkonost, pájaros proféticos(soprano, mezzosoprano/contralto)

Resumen del argumento:
Acto 1
Tras una bellísima introducción orquestal (elogio de la soledad) aparece Fevronia, en el bosque, cerca de Kitezh la menor más allá del Volga. Es verano. Anochece. Todo es belleza y armonía. Los pajarillos cantan a su alrededor, un osezno come de su mano... De repente surge entre los matorrales un ciervo herido. Detrás aparece el Príncipe Vsévolod Yúrievich, herido también. Por sus vestidos es un cazador; por su belleza, el hijo de un Rey, piensa Fevronia. La joven le da un poco de pan, agua y miel. Mano de santo. Él queda admirado por su belleza y pregunta de quién es hija, de dónde viene, por qué vive sola en el bosque. Vive con su hermano. Es sencilla e ignorante. ¿Vas a la Iglesia? No, está muy lejos, pero ¿no está Dios en todas partes?, responde ella. No sólo es bella. También sabia. ¿Me amas? No soy digna de un cazador del príncipe ... ¡Besémonos, abrazémonos, nada malo hay en ello! ¡Amor mío, Dios te ha enviado a mí! ¡Por ti daría la vida! Suena un cuerno de caza. El príncipe responde con el suyo. Son sus compañeros, los Strelzi. Tiene que irse. Ella duda. Aparece Poyarok,

. ¿Quién era el joven al que habéis venido a buscar? ¡Nuestro Señor Vsevolod, el hijo del Príncipe Yuri!

Acto 2
En la pequeña ciudad de Kitezh, en la orilla izquierda del Volga, la multitud aguarda en la calle del mercado la llegada del cortejo nupcial, que trae a Fevronija desde el bosque. Un domador de osos muestra las habilidades de su animal. Aparece un intérprete de gusli, un hombre alto y viejo, de pelo blanco como la nieve, que brinda una canción local, bella y triste, que anuncia el fin de la ciudad y de sus pobladores. ¡Dios no lo permitirá!, clama el pueblo. Entra Grishka Kutermá, un borracho, a quien le dan dinero para que pueda beber todo lo que quiera y reciba a la novia como merece... Llega el cortejo nupcial. ¿Esta joven va a convertirse en nuestra Soberana?, se preguntan los ricos. Grishka se mofa de la baja raigambre de la novia.
De repente, son invadidos por una horda de tártaros, armados con espadas curvas y mazas. Bediai y Burundai, dos temibles guerreros, los comandan. ¡Sin cuartel! ¡Matadlos a todos! (menos a Fevronija, cuya belleza atrae enseguida a Burundai). Bajo amenaza de tortura, obligan a Grishka a que les muestre el camino hacia la Gran Kitezh. Fevronija suplica a Dios que salve la ciudad: ¡Dios, vuelve invisibles a la ciudad de Kitezh y a sus moradores!

Acto 3
Cuadro 1:
Medianoche en la gran ciudad de Kitezh. El pueblo, armado, está reunido a las puertas de la Catedral de la Asunción. De pie, en el porche, el príncipe Yuri y el príncipe Vsevolod, rodeados de su séquito. Llega Fyodor Poyarok, a quien el enemigo ha cegado, e informa del ataque tártaro. El principe Vsevolod se dirige con los suyos hacia la batalla, mientras en casa quedan su padre Juri, las mujeres, los niños y los viejos, que ruegan a Dios que les ayude, en un momento cumbre de la Ópera. Las campanas empiezan a solas. Se levanta una niebla muy espesa. Ocurre el milagro: La Gran Kitezh se vuelve invisible.
Interludio: La batalla de Kerzhenets. El príncipe Vsevolod y su ejército son aplastados por los tártaros.
Magnífico corto de animación ruso sobre esta batalla.
Cuadro 2:
Los tártaros acampan a orillas del Svetlyj Jar, en las proximidades de la Gran Kitezh, aunque como no la ven todavía dudan que Grishka les haya mentido. En cualquier caso, si no lo ha hecho le cortarán la cabeza por traicionar a su príncipe. En el reparto del botín de guerra los dos jefes discuten por la mejor parte: Fevronija. Bediai muere de un hachazo en la cabeza. Fevronija llora la muerte de su amado principe Vsevolod. Grsihka no soporta el tañido de las campanas dentro de su cabeza. Fevronija se apiada y lo libera de sus ataduras usando el cuchillo de un adormecido Burundai. Huyen juntos hacia el bosque. Al despuntar el alba empiezan a repicar las campanas, mientras que en el lago se reflejan, al revés, las cúpulas de la Gran Kitezh, pero en la orilla no puede verse la ciudad. Los tártaros huyen presos del pánico, al grito de ¡el Dios ruso es terrible!

Acto 4
Cuadro 1:
Noche oscura. Un bosque denso en Kerzhenets, dejado de la mano de Dios. Un abeto arrancado se extiende a través de la escena. En la parte trasera, un pantano cubierto de musgo. Fevronia camina a través de la maleza con la ropa hecha jirones; Kuterma, alterado, la sigue. Los remordimientos de conciencia lo atormentan terriblemente. Pierde la cordura y se extravía en el bosque. Fevronija se queda sola, y se acuesta sobre la hierba. Enormes flores misteriosas surgen despacio de los árboles y de la tierra; crisantemos dorados, rosas plateadas y escarlatas, caléndulas... Canta el cuco. Un Alkonost le anuncia la muerte. Una Sirina, la vida eterna. El fantasma del Príncipe Vsevolod se aparece para acompañarla a la Gran Kitezh.
Entreacto al segundo cuadro: Fevronija y Vsvolod se adentran en la ciudad invisible, bajo el tañido de las campanas.

Cuadro 2:
La Gran kitezh, más bonita y reluciente que nunca, recibe a la pareja. Repican las campanas jubilosas. Fevronija, plena de felicidad, se acuerda entonces del pobre Grishka, y pide que un paje le envíe un mensaje para reconfortarlo. La Ciudad de Kitezh no fue destruida, vive oculta, en un lugar de tanta abundancia que la mente no lo puede imaginar; flores de palma, lirios perfumados, dulces cantos de Sirina y Alkonost.
La ópera es un auténtico pelotazo, llena de melodías maravillosas, con esos coros rusos, cañeros, que te ponen los pelos como escarpias. Y la música de don Nikolai, la repanocha. En fin, que a ver si don Mortier se anima y nos la programa en Madrid,

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