SOBRE LA BEATIFICA NATURALEZA DE SANTUZZA
Santuzza era el apelativo cariñoso con el que se le conocía, aunque su auténtico nombre era Fiorella Calzano, natural de Vaccarini, una aldea próxima a Agrigento, en Sicilia. Su vocación religiosa comienza desde muy jovencita: huérfana de padre y madre a los cuatro años ingresa en el orfanato de San Paolino regentado por las Hermanas de la Caridad. Su especial interés por el catecismo y la educación de la fé de los niños, jóvenes y adultos de vida disoluta se le une su devoción casi mística por la Virgen María. Es por este motivo por el que en la aldea comienzan a llamarle, cariñosamente Santa que deriva posteriormente en Santuzza.
A este respecto conviene citar, en la ópera de Mascagni, como se refiere a ella Alfio:
Cavalleria rusticana, Mascagni escribió:
ALFIO
Ah! nel nome di Dio,
Santa, che dite?
o también esta:
Cavalleria rusticana, Mascagni escribió:
ALFIO
Comare Santa,
allor grato vi sono.
Fiorella, o Santuzza, hubiera preferido una vida alejada del mundo, entregada totalmente a la piedad e intensa oración pero las arteras mañas del apuesto Turiddu la distancian de su ingreso monástico.
El Domingo de Resurrección en el que se basa el libreto de Giovanni Targioni-Torzetti y Guido Monasci para la ópera de Mascagni "Cavalleria rusticana" distorsiona radicalmente lo que verdaderamente sucedió en la aldea. Fiorella reprende a Turiddu por no haberse ofrecido éste a portar las andas del paso procesional del Cristo Resucitado una vez finalizados en la iglesia los oficios religiosos, como a ella tanto le hubiera entusiasmado. Los libretistas se encargaron de tergiversar la discusión añadiendo otros motivos bien distintos al enfado de Santuzza, y que todos sobradamente conocemos y no merece reseñar.
Tras el infausto incidente en el que Turiddu muere, Fiorella se dedica de lleno a la lectura de las Santas Escrituras, llevándola por los caminos de la oración contemplativa, la penitencia y el deseo de hacer el bien a sus vecinos, preocupándose con un celo casi patológico de que todos recibieran todos los sacramentos.
Una grave enfermedad le causo una larga muerte tras sufrimientos atroces en los que comenzaron las estigmatizaciones en las palmas de las manos, a la temprana edad de los treinta y dos años. Tras su fallecimiento comenzó a ser venerada hasta su beatificación no hace muchos años.
En esta fotografía. nuestra simpar
Giulietta Simionato posa dando vida a esta mujer de vida tan ejemplarizante:
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Adviertase la mirada beatífica, la aureola de santidad y el gesto de infinita devoción en el rostro de la inigualable Simionato.
