Muchos, en caso de que viviera hoy, no dudarían en clasificar a Supervía como soprano corta, tanto por color como por extensión. Yavestú.
Estoy con Alicia en lo de la obsesión clasificadora. Y con Gino en que para cada repertorio hay una clasificación vocal diferente. La impresión que tiene Idi de que hoy hay más voces híbridas y difíciles de colocar en alguna cuerda es porque hoy hay mayor especialización vocal y se atiende a más criterios estilísticos. Según el criterio italianoide y decimonónico de Tebaldi, ni Berganza, ni Larmore, ni Garanca serían mezzos. (Y para mí las tres lo son más que Cossotto

)
De todos modos, si hay voces híbridas es por dos motivos: por nuestra rigidez clasificadora (basada en criterios cristalizados, con buen criterio tal vez, en un momento de la historia de la ópera);
y porque hay papeles que las requieren. Sin meternos en complejidades mozartianas, por ejemplo (de Susana a Cherubino pasando por Vitelia), un semitono diferencia por arriba a Éboli y Elisabetta.
Ya como conclusión personal, me encanta que haya voces ni carne ni pecado, porque son reflejo de la riqueza vocal y estilística de una generación de cantantes. Pero no es menos cierto que la hibridez está muchas veces vecina a la falsedad, a los problemas de colocación, a los engrosamientos y a la decomputación. Y eso sí es más grave, aunque no regla general por suerte.