Como comentamos más arriba, a diferencia de las facilidades que Auber tuvo al escribir
<center>
GUSTAVE III (Auber)</center>
Verdi sufrió la censura al componer
<center>
UN BALLO IN MASCHERA (Verdi)</center>
y así se vio obligado a cambiar no sólo el lugar de desarrollo de la acción de la ópera, sino también rango y nombre de alguno de los protagonistas. El siguiente cuadro nos resume la situación:
<center><table position="top" border="2" cellspacing="2" cellpadding="1" bordercolor="indigo"><tr><td colspan="2" align="center" valign="middle">
AUBER</td><td colspan="2" align="center" valign="middle">
VERDI</td><td></td></tr><tr><td>
Rey de Suecia</td><td align="center" valign="middle">Gustave III</td><td align="center" valign="middle">Ricardo</td><td>
Gobernador de Boston</td></tr><tr><td>
Conde</td><td align="center" valign="middle">Ankastrom</td><td align="center" valign="middle">Renato</td><td>
Oficial</td></tr><tr><td>
Condesa Ankastrom</td><td align="center" valign="middle">Amélie</td><td align="center" valign="middle">Amelia</td><td>
Esposa de Renato</td></tr><tr><td>
Paje</td><td align="center" valign="middle">Oscar</td><td align="center" valign="middle">Oscar</td><td>
Paje</td></tr><tr><td>
Pitonisa</td><td align="center" valign="middle">Arvedson</td><td align="center" valign="middle">Ulrica</td><td>
Pitonisa</td></tr><tr><td>
Conjurados</td><td align="center" valign="middle">Ribbing, Dehorn</td><td align="center" valign="middle">Samuel, Tom</td><td>
Conjurados</td></tr><tr></tr></table></center>
Además de los dos conspiradores son cinco los personajes principales de la obra, como cinco son los actos del libreto original de Scribe. El libreto traducido y adaptado por Somma difiere en no demasiados lugares del original y esta estructura en cinco actos puede percibirse detrás del tríptico verdiano. Pretendo realizar un recorrido por cada uno de estos cinco actos analizando cada uno de estos cinco personajes. Comenzamos, claro está, por el
<center>
ACTO I: OSCAR
El acto I original de Scribe se corresponde en Verdi con la escena I del acto I.</center>
La acción del acto I es extremadamente simple: comienza con una demostración de amor por parte de los súbditos de Gustave, que velan el sueño de su rey. Entre ellos se encuentran los conjurados que no quieren desaprovechar ninguna oportunidad para quitar la vida al monarca. El rey Gustave entra en escena y se dispone a despachar los asuntos del día, entre ellos las invitaciones para el baile de máscaras del día siguiente. Los recuerdos de la condesa Amélie excitan su imaginación en el
primer aria de la ópera (mucho más extensa en Auber que en Verdi) y el rey pide quedarse a solas. Llega entonces el conde Ankastrom quien le avisa de que hay una conjura en su contra. Se produce un intercambio de opiniones entre el rey y su mejor amigo en donde se discute la conveniencia de atajar de raíz la conjura. Esto da lugar a un
dúo en el caso de Auber y a un pequeño
aria para Renato, en el caso de Verdi. Una pequeña escena en la que el rey Gustave supervisa el ensayo de un ballet del cual ha escrito el libreto da juego a Auber a escribir una
pequeña pantomima, directamente suprimida en la versión del italiano.
Es entonces cuando se produce el acontecimiento que nos llevará a la acción del segundo acto: al continuar despachando asuntos el rey se encuentra con que tiene que firmar una orden de extradición para una mujer. El rey no comprende la naturaleza de su delito y éste es explicado por el Ministro de Justicia: su casa es lugar de encuentro de gente sospechosa. Ardientemente el paje del rey, Oscar, sale en defensa de la mujer. Explica que es una pitonisa con grandes capacidades adivinatorias y nos lo canta en una
deliciosa pieza de dos estrofas (
Couplets, en el libreto original), simples, directas, acordes con la extraordinaria simpleza del personaje. Las curiosas explicaciones del paje llaman la atención del rey que decide juzgar a la mujer por sí mismo, para lo que convoca a todos los presentes a citarse de incógnito en la casa de la pitonisa (el rey irá disfrazado de marinero), lo que cierra el acto con un gran final de conjunto. Una curiosidad: en Auber la cita es a las dos, en Verdi a las tres
He aquí la cancioncilla del paje y el final del acto que sigue.
<center>

Primero en la versión de Auber:
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OSCAR
¡Y yo la defiendo!
Primera copla
Sabe leer en los cielos
y en su docta mano
las cartas predicen
el futuro.
La duquesa que suspira
por aquello que no tiene
dice en voz baja, en voz baja
Vamos, vamos a casa de la adivina
y, por sus indicaciones
el futuro
se descubre ante nosotros:
ella está de acuerdo
con Lucifer
EL CORO (riendo)
¡Verdaderamente, es encantador!
¡Qué extraño talento!
Ella está de acuerdo
con Lucifer
OSCAR
Segunda copla
En su casa encontramos además
filtros desconocidos
que hacen que se ame
y que no se ame más.
Amantes que desesperan
maridos que no quieren la guerra
si dudan todavía
para saber su suerte...
Vayan, vayan a casa de la adivina
y, por sus indicaciones
el futuro
se les descubre:
ella está de acuerdo
con Lucifer
EL CORO (riendo)
¡Verdaderamente, es encantador!
¡Qué extraño talento!
Ella está de acuerdo
con Lucifer
ARMFELT
¡Hay que condenarla!
OSCAR
¡Hay que concederle la gracia!
GUSTAVE
La alternativa me resulta embarazosa,
para poder hacer un buen juicio
se me ocurre lo siguiente.
TODOS
¿El qué?
GUSTAVE
Hoy, disfrazados,
encontrémonos en casa de la adivina.
ANKASTROM
¡¿Cómo?!
GUSTAVE
Así como lo oyes,
creo que un rey
debe ver las cosas por sí mismo.
OSCAR
¡Una buena idea! ¡Será encantador!
GUSTAVE
Cierto, nos espera un divertimento.
TODOS
Bajo el efecto de la locura
nos disfrazaremos
quitémonos la grandeza de la corte
y seamos felices por un día.
¡Por un día!
DEHORN (en bajo a RIBBING)
¡Ah!¡Si esta aventura hiciese surgir hoy
la ocasió propicia!
RIBBING
Sólo hace falta un momento.
ANKASTROM (en bajo, a GUSTAVE)
¡Qué proyecto tan imprudente!
GUSTAVE
Lo encuentro divino.
ANKASTROM
Se le puede reconocer.
DEHORN, RIBBIN (riendo)
Ankastrom siemple temblando.
ANKASTROM (en alto, los mira)
Sí, se trata de mi señor.
(a un lado)
Pero a todos ellos vigilo, y numerosos soldados,
serán predispuestos y
desde lejos seguiremos sus pasos.
GUSTAVE (a los cortesanos)
Para no ser vistos al atravesar la ciudad,
separémonos, y nos encontraremos
en casa de la sibila.
(a Oscar)
Que se haga lo que he dispuesto,
un disfraz de soldado o de marinero.
OSCAR
¿Y yo?
GUSTAVE
También
(a los cortesanos)
La cita será
a las dos.
A casa de Adverson, el que me quiera me seguirá.
OSCAR (mientras los cortesanos se inclinan delante del rey)
¡Oh, señor!¡Le seguirán todos!
GUSTAVO Y LOS CORTESANOS
Bajo el efecto de la locura
nos disfrazaremos
quitémonos la grandeza de la corte
y seamos felices por un día.
ANKASTROM
Bajo el efecto de la locura
se puede sentir la perfidia
Salvemos hoy
y velemos por el rey siempre

Ahora en la de Verdi:
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ÓSCAR
Yo quiero defenderla.
Vuelta la terrosa
frente a las estrellas
¡cómo centellea
su pupila,
cuando a las bellas
el fin predice
triste o feliz
de sus amores!
Está siempre
de acuerdo con Lucifer, etc., sí, sí.
RICARDO
Bonita pareja...
¡Vaya protector!
ÓSCAR
Quien a su profética
falda se aferra,
ya cruce el mar,
ya vuele a la guerra,
su destino,
dulce o amargo,
conocerá
en su turbado corazón.
Está siempre
de acuerdo con Lucifer...
JUEZ
¡Que sea condenada!
ÓSCAR
(al Conde)
¡Dignaos absolverla!
JUEZ
¡Condenada!
RICARDO
Bien: llamad a todos.
Os diré lo que he pensado.
(Renato y Óscar invitan a entrar
a los que habían salido.)
RICARDO
Señores: hoy os invito
a la morada de Ulrica,
pero disfrazados
allí yo estaré.
RENATO
¿De verdad?
RICARDO
Sí, quiero disfrutar de la escena.
RENATO
La idea no es prudente.
ÓSCAR
Al contrario, la encuentro excelente,
fecunda de placer.
RENATO
Alguien podría reconocerte allí.
RICARDO
¡Qué miedo!
SAMUEL, TOM
(sonriendo malignamente)
¡Mira, mira!
Cualquier cosa hace temblar
a este consejero.
RICARDO
(a Óscar)
Y tú prepárame
unas ropas de pescador
SAMUEL, TOM Y SUS SECUACES
(en voz baja)
¿Quién sabe
si la ocasión para la venganza
no se nos presentará al fin allí?
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RICARDO
Prestemos toda la atención al deleite,
y acudamos al mágico techo:
que entre la multitud de los crédulos
cada uno se divierta conmigo...
RENATO
Acudamos, pero que vele la sospecha
sobre los peligros que se agitan allí,
que proteja el magnánimo pecho
de quien nada teme para sí.
ÓSCAR
La adivina dice la buenaventura,
la interrogaré también yo;
oiré si me sonríen las estrellas,
y me anuncian un destino feliz.
RICARDO
Prestemos toda la atención al placer...
RENATO
Acudamos...
RICARDO
Pues, señores, os espero,
de incógnito, a las tres.
En el antro del oráculo,
a los pies de la gran maga.
ÓSCAR, OFICIALES, NOBLES
Contigo estaremos enseguida,
de incógnito, a las tres.
En el antro del oráculo,
a los pies de la gran maga.
RENATO
Acudamos,
pero que vele la sospecha...
SAMUEL, TOM, SECUACES
Sin pausa ocupémonos del intento,
no perdamos, si surge, la ocasión .
Quizás el astro que rige su destino
deba extinguirse allí en el abismo.
RICARDO
A las tres. En el antro del oráculo.
Prestemos toda la atención al deleite
y acudamos al fatídico techo:
por un día divirtámonos, bromeemos,
nunca la vida más preciosa es.
ÓSCAR Y CORO
Sí, sí.
RENATO
Pero proteja el magnánimo pecho
de quien nada teme para sí...
ÓSCAR
Oiré si me sonríen las estrellas,
y me anuncian un destino feliz...
SAMUEL, TOM, SECUACES
Quizás el astro que rige su destino
deba extinguirse allí en el abismo...
OFICIALES, NOBLES
Que al fin brille la diversión
en esta vida que el cielo nos dio...
RICARDO
La vida nunca tan preciosa es....
¡A las tres, a las tres!...
Así pues señores os espero...
TODOS
¡A las tres, a las tres!
Contigo estaremos en seguida...
</center>

Un pequeño comentario: debo confesar que siento especial predilección por el personaje de Oscar. Tal vez no es el personaje más interesante de esta historia, pero desde luego no es un personaje estúpido que está de relleno. Está pensado como una forma de graduar la tensión del drama, en donde contrasta su inocencia y candidez con la constante presencia de los conspiradores amenazando la vida del rey. Su inocencia no sólo actúa como catalizador en la mentalidad aperturista del rey que lo lleva a disfrazarse para ver a la pitonisa (y por tanto a toda la acción del segundo acto), sino que causa la perdición del rey en el acto V al delatar su disfraz.
La vocalidad más apropiada, tanto en Auber como en Verdi, podría ser la de una soprano ligera (¿tipo soubrette?) que le dé el aire de jovialidad que requiere el personaje. Sin duda el fragmento de Auber es mucho más tradicional, con una coplas más anquilosadas, mientras que Verdi coquetea con un peso específico menor para dotar a la balada del paje de una mayor volatividad. Sin duda alguna Verdi tomaría nota de las posibilidades de un personaje como éste, no solamente de Auber, sino también de otros pajes posteriores, como el Urbain de Huguenotes, por ejemplo.
El final de acto es, en ambos casos, magnífico. El fragmento de Auber revela un regusto francés encantador, mientras que en Verdi hay un divertido ambiente festivo que roza, peligrosamente, lo vulgar.
Como complemento escuchamos las couplets que le conceden los autores en el acto V, en el momento en el que el paje juega con Ankastrom al no revelarle el disfraz del monarca. ¿Cuál os gusta más?
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