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Crítica de la función en Mundoclasico.com
Scarpia-Vader, ossia el retorno del malo
La Coruña, 29.09.2004. Palacio de la Ópera. ‘Tosca’, Melodrama en tres actos, con libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, basado en la obra teatral ‘La Tosca’, de Victorien Sardou, Estrenada en el Teatro Constanzi de Roma, el 14 de Enero de 1900. Dirección escénica, Xosé M.Rabón. Escenografía, Xosé Méndez. Realización de la escenografía, Escenoset. Diseño de vestuario, Vicente Carrasco. Vestuario, Paris. Sastrería, Luis Llorente. Reparto: ‘Floria Tosca’, Marquita Lister. ‘Mario Cavaradossi’, Francisco Casanova. ‘Barón Scarpia’, Juan Pons. ‘Cesare Angelotti’, Miguel López Garrido. ‘ Sacristán’, Enric Serra. ‘Spoletta’, Julio Morales. ‘Sciarrone’/carcelero, Felice Tenneriello. Un pastor, María González Piñeiro. Orfeón Terra a nosa; director, Miro Moreira. Agrupación Infantil e Xuvenil Cantábile; director, Pablo Carballido. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Director musical, Kemal Khan. Nueva producción de Amigos de la Ópera de La Coruña. LII Festival de Ópera de La Coruña.
Julián Carrillo
Malo de toda maldad y excelente de toda calidad. Juan Pons tiene tan interiorizado a 'Scarpia' que éste irradia naturalmente de él como la luz lo hace de un faro. Su majestuosa entrada en la iglesia en el primer acto -al modo como Darth Vader entraba en escena con toda su autoridad en la saga cinematográfica de Star Wars-, tuvo tanta grandeza escénica y tal poderío vocal que inmediatamente se vio cuál iba a ser el auténtico hilo conductor de la representación.
No sólo se apoderó visual y acústicamente del escenario, sino que, dramatúrgicamente, ocupó el espacio entero del Palacio de la Ópera de La Coruña de una forma casi física, produciendo una sensación de agobio realmente opresiva. Un detalle definitorio: el empaque con que hace cesar la tortura a 'Mario' con un simple ¡Basta, Roberti! Habría servido para detener la guillotina en caía libre hacia el cuello de María Antonieta. Su 'Scarpia' infunde miedo pese al carácter que se le dio en esta producción, que por momentos era más seductor que lo brutal que se infiere del texto. En lo vocal, timbre, emisión, afinación, vocalización y expresividad idóneas para el personaje. No se puede pedir más.
No es frecuente encontrar cantantes con la capacidad de expresar adecuadamente un personaje tan rico y complejo como 'Tosca'. Marquita Lister lo compone espléndido en lo musical, tanto por voz y técnica como por expresividad vocal. Estuvo siempre brillante y en ”Vissi d’arte” arrancó la mayor ovación de la noche. En el aspecto teatral, su actuación no quedó por debajo; tal vez una dirección actoral más rica en matices habría sacado mejor partido de las grandes aptitudes teatrales que también tiene y que asomaron con gran fuerza a lo largo de toda la función.
El carácter que imprimió al personaje fue realmente notable, con la progresiva y difícil evolución que requiere a lo largo de los tres actos del drama: amante celosa y dubitativa en el primero y al inicio del segundo; angustiada por la tortura del amado, y agobiada por el acoso del tirano, se tornó justiciera al fin de éste para vivir y hacernos llegar su ilusión y desesperación final en el tercero. Si tiene la suerte de pasar por las manos de grandes directores, llegará a ser una 'Tosca' de referencia de aquí a pocos años.
El papel de 'Mario Cavardadossi' es tremendamente exigente en todos los aspectos. Sus dos arias, ”Recondita armonia...” y ”E lucevan le stelle...” lo son vocal y dramáticamente, pero también la actuación e intervenciones vocales en todas las escenas en que está presente el personaje son muy duras y pueden llegar a agotar a quien no se encuentre en un perfecto estado de forma.
Francisco Casanova le dio toda la gran dignidad que lleva implícita (ese grito de ¡Vittoria, vittoria! en el Palacio de Scarpia!), una buena dosis de gracia en sus diálogos con 'Tosca' en la iglesia durante el primer acto, y el punto necesario de heroísmo en segundo y tercero. Todo ello con su bellísimo timbre de voz, clara dicción y hermosa expresividad, si bien al final acusó un tanto el generoso desgaste a que se sometió durante la representación.
Con el respeto debido a los personajes históricos –que nunca sé muy bien cuál ni cuánto debe ser-, el de Enric Serra se podía calificar como 'El Gran Sacristán'. Cascarrabias, picarón, cagueta y pelotillero en una sola pieza teatral, Serra viene al dedo con su excelente interpretación como resumen del acierto general de una representación de Tosca a la altura de cualquier gran teatro de ópera. En ella brillaron también con luz propia la frescura de voz de María González Piñeiro interpretando al pastor, el 'Angelotti' de Miguel López Garrido, el 'Spoletta' de Julio Morales y el 'Sciarrone' de Felice Tenneriello, las voces del Orfeón Terra a Nosa de Miro Moreira y las de los chavales de la Agrupación Infantil e Xuvenil Cantábile dirigidos por Pablo Carballido, directores de coro que, incomprensiblemente, no aparecen en la ficha técnica del libro del festival, aunque sí lo hacen en los currículos de éste.
La Orquesta Sinfónica de Castilla y León se superó, incluso, con respecto a sus dos anteriores actuaciones en el festival. Kamal Khan logró de ella un sonido compacto y homogéneo y una expresividad llena de tensión emotiva. La verdad es que como orquesta residente del festival ha conseguido un justo y notable éxito.
Imprecisiones y peros, y un repaso al refranero
Los elementos escenográficos corpóreos, comunes al los dos primeros actos, daban en el primero una cierta sensación de recargado agobio. Cinco altares en un escenario, por grande que éste sea, son ”muito altar de Deus”, que diría el paisano. Transformados en paredes con hornacinas del comedor de Scarpia por un sencillo giro de 180º en el segundo, dieron bastante más juego (y más habrían dado de no estar pintados con libros tan regulares y planos como poco creíbles). Las proyecciones que completaban la escenografía –vidrieras en la iglesia y estrellas en el cielo del castillo de Sant’ Angelo- estaban notablemente desenfocadas. ¿Defecto de ajuste o exceso de simbolismo? Desde luego, su posible significado, caso de existir, se nos escapó a la mayoría.
En un entorno de puesta en escena realista y muy ‘a la clásica’, no parece excesivamente coherente que 'Tosca' ofrezca en su canto un ramo de flores a la Madonna y, en vez de dejarlo en el altar más cercano, con un enorme retrato de la Virgen María, lo deposite en el altar mayor (aunque de menor tamaño que el resto) de la iglesia ¡de San Andrés! bajo un cuadro con un hombre en paños menores, crucificado en aspa. Hombre; blanco y en botella... No viene mal, de vez en cuando, echar mano del refranero. En este caso, habrá que recordar aquello de ‘Si sale con barbas, San Anton y, si no, la Purísima Concepción’.
En este contexto, también extrañan detalles como el que se omita, al finalizar el 2º acto, la colocación por Tosca -que tanto define el carácter piadoso del personaje y lo ineluctable de su crimen- de una cruz en manos de Scarpia y unas velas a ambos lados del cadáver del brutal, rijoso y beato jefe de policía. Detalles que habrían servido para terminar de redondear una representación que por sus aspectos musicales en general y vocales en particular resultó realmente brillante y obtuvo un merecido éxito.
18.10.2004
_________________ El tiempo es algo singular: Mientras pasa sin más la vida, no es nada en absoluto. De pronto, solo le sentimos a él, a nuestro alrededor y en nuestro interior, fluyendo una y otra vez por nosotros, por nuestros rostros, como un silencioso reloj de arena.
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