Viernes 3. Segundo reparto
El espectáculo continúa, parafraseando el eslogan de una conocida película. Poco que añadir a lo ya mencionado por el resto de foreros. Teatro a rebosar, ayer aforo completamente vendido, entradas sin visibilidad incluidas, que me recordaron épocas pasadas del teatro. Lo del público de todas las edades disfrutando me llenó de alegría, a pesar de los inconvenientes que supone el que la gente hable, comente e incluso cante durante la representación. Normalmente con un par de siseos, la gente se calla. Ayer no funcionó por lo que al rato, te resignas e intentas participar de la fiesta.
La función estuvo muy bien, aunque con ciertos reparos propios tanto de los recuerdos de anteriores representaciones de esta producción como de los segundos repartos. No me voy a extender en comentar la excelente producción de Sagi. Ya lo han hecho otros foreros e incluso ayer recordé como en su estreno en el otoño de 1990, al levantarse el telón recibió una sonada ovación. Sigue funcionando perfectamente como lo ha hecho en las reposiciones anteriores de 1999 y 2004. Es el valor de los clásicos. No pasan de moda.
Sobresaliente sin ningún tipo de dudas el aspecto musical. Gómez Martínez nunca fue santo de mi devoción, pero evidentemente es un maestro que en los fosos se las sabe todas. No quiero exagerar pero desde mi punto de vista, nunca ha sonado esta zarzuela en este teatro a este nivel. Muy superior a los sempiternos Roa y Remartinez de anteriores ocasiones. La orquesta sonó brillante (chapó para el trompeta solista, de tanta importancia en esta obra, y que ayer ya fuera con sordina o con sonido pleno, realmente lo bordó) y cálida. Por resaltar algo, muy buenos los dos intermedios del segundo acto y excelente el acompañamiento al dúo “qué tiempos aquellos”.
La parte canora sin embargo no llegó al nivel de la musical o de la escénica. Se notó sin lugar a dudas el trabajo realizado junto a Teresa Berganza. Todos estuvieron muy sueltos, siendo ellos mismos, sin tratar de imitar a nadie. Frases muy bien dichas, naturalidad, tan esencial en la zarzuela. La pareja protagonista estaba compuesta por David Lagares y Belén López. Él tiene buena voz y mucha planta, la voz corre, pero le faltan tablas. Actuó muy bien pero ni la emisión ni la afinación estuvieron siempre controladas, lo que hace que combinara momentos muy buenos (el mencionado dúo “qué tiempos aquellos”) con otros bastante pobres (“madrileña bonita”). Ella cantó bastante bien, pero su voz es muy pequeña, lejos del empaque necesario para Ascensión. Ambas voces interesantes pero a las que aún veo lejos de asumir estos roles protagonistas con solvencia. Algo parecido podemos decir de la Clarita de Inés Ballesteros, aunque ésta lo suplió con mucha gracia y salero en escena. A un nivel algo superior el Ricardo de Héctor García y el Capó de Juan M Padrón. No obstante estos peros, todos mantuvieron un nivel digno y correcto que nos hizo disfrutar bastante. Lo malo de obras como ésta, es que como ya se ha reseñado, el recuerdo de Carlos Álvarez y Milagros Martín sigue intacto, y pone el listón muy alto.
Luis Varela sigue siendo un Espasa de referencia, aunque a sus 70 años la voz ya no es la de antaño, y hay algunas frases en que se queda sin voz. Pero en este caso lo que sobran son tablas, carisma, y facilidad para meterse al público en el bolsillo. Grande sin duda. El resto del reparto contribuyó sin duda al éxito. No hubo ningún punto negro.
Si pueden, no se lo pierdan