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Asistí a la función del pasado lunes 15. Iba temiéndome lo peor, después de leer lo que aquí se ha escrito y, sin embargo, aunque comparto lo que se refiere a los aspectos vocales y orquestales, la puesta en escena me gustó muchísimo.
Desde siempre DG me ha fascinado, debo tener más de 30 versiones entre CD y DVD. Al principio quería encontrar el DG perfecto; unos son más germánicos (Klemperer, Fürtwangler), otros más “napolitanos” (Giulini, Muti). Al final comprendí que es imposible el DG perfecto, hay que asumir que cada enfoque tiene sus limitaciones y disfrutar de lo que ofrece. Ésta ópera está llena de contradicciones, lo que es muy evidente en sus personajes. Los “buenos” a veces son cargantes y absurdos, incluso hipócritas. Por otro lado grandes directores del pasado decidieron cortar el final de esta ópera, como Mahler, quien se atrevió a enmendarle la plana a Mozart y Da Ponte.
En definitiva, esta ópera es un poco como un enigma sin resolver, y da lugar a multitud de interpretaciones y puntos de vista.
Cuando se ven/escuchan las escenas de Donna Anna y Don Ottavio (no me refiero ahora a la puesta en escena de Tcherniakov) puede parecer que hay algunas incongruencias o inconsistencias desde el punto de vista de lo verosímil. Sin embargo, dichas escenas tienen un alto impacto emocional. Por analogía, la puesta en escena de Tcherniakov puede tener multitud de incongruencias o situaciones mal resueltas pero a servidor le ha resultado muy impactante y muy intensa. Me enganchó desde el primer momento y se me pasó la función rapidísimamente. Con frecuencia me quedé desconcertado, pero fue un desconcierto “revelador”. Muchas frases cobraron un sentido nuevo. Esta puesta en escena me ha hecho pensar, pero sobre todo me ha hecho sentir y disfrutar de la obra de una manera diferente. Por cierto, a mí, al contrario que a la mayoría de los foreros, me ha gustado el enfoque del acto segundo; me pareció muy introspectivo, muy intimista.
El problema fundamental vino por el desajuste entre el foso y los cantantes; Alejo Pérez iba a su bola, con frecuencia los cantantes se quedaban atrás y no podían alcanzar al director y la orquesta. Evidentemente tampoco se puede decir que su dirección fuera muy estimulante. Si uno de los logros de Mortier es haber elevado el nivel de la orquesta eligiendo directores de calidad y que se impliquen con ella, en esta ocasión no ha acertado.
En cuanto a los cantantes, sólo comentar que Schäffer al principio me hizo temer lo peor con una voz gritona y destemplada; luego fue mejorando, aunque al “or sai chi l’onore” le faltó fuerza y rotundidad, en el “non mi dir” estuvo mucho mejor y mostró su experiencia mozartiana. Russell Braun, con los defectos y limitaciones ya dichos, me gustó sin embargo como cantó “Deh vieni alla finestra”. Arteta, comparto que no es una cantante mozartiana, pero es un gusto escuchar cantantes que en Mozart se les oiga bien en toda la sala. A este respecto creo que en la actualidad se comete un error respecto a los cantantes que tienen que cantar Mozart; una cosa es que las voces grandes tengan más dificultades para cantar con la pureza y el estilo mozartianos y otra cosa es que porque se tenga una voz pequeña eso vaya a garantizar que se cante con pureza y estilo.
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