A mí, es de las óperas verdianas que me gustan más y, la verdad, valoro muy positivamente las "escenas populares", para llamarlas de alguna manera, tanto en el acto tercero, en el campamento de Velletri, como la del principio del cuarto (es una escena excelente). Son un contraste necesario con el dramatismo extremo de las otras escenas y sirven para "desengrasar" la tragedia y hacerla aún más intensa. Cierto es que el coro final del acto, el famoso Rataplan, es ramplón (ram-tan-plón, mejor) y frustra un final que, con un mejor coro, sería un broche para un acto magnífico. Creo que es este coro el que "contamina" al resto del cuadro y provoca esta disconformidad manifiesta en su apreciación global.
Carl Tunner escribió:
libreto débil, a que es un tanto inconexa dramáticamente y a los clichés del teatro romántico español, que hoy día nos chirrían. Ese concepto del honor, la venganza, ese personaje tan cerril y contumaz como Don Carlo di Vargas..
El libreto ha de condensar una obra que es mucho mejor de lo que se presupone: el drama de Rivas es, dramáticamente, excelente, con un ritmo y unos contrastes entre escenas, dibujo de personajes y acertadísima combinación de verso y prosa que dan una agilidad extraordinaria a la obra y justifican su posición como uno de los grandes logros del teatro del momento. Como pasa con
El trovador de García Gutiérrez (quizás menos equilibrada en su desarrollo dramático, aunque de mayor hálito poético), la adaptación ha de orillar escenas, personajes, etc. que hacen más compleja la comprensión del libreto. Además del suicidio final de Álvaro, desaparecido en la versión revisada, la contumacia de Carlos de Vargas no es tanta en la obra original: en esta hay dos hermanos que Piave funde en uno solo. Carlos, que era un militar destinado en Barcelona en el momento de la muerte de su padre, en el duelo que tiene lugar en el campamento, muere y es el hermano, Alfonso de Vargas, estudiante en Salamanca, quien para vengar a padre y hermano, emprende la búsqueda de Álvaro hasta encontrarlo. También es contumaz, que hay que tener ganas, pero repartían el esfuerzo entre dos. Al final, pues, no mata al padre y al hermano, sino a dos hermanos y a él mismo: realmente, pues, el libreto suaviza la fatalidad del destino del pobre Álvaro de quien, como de Rebeca, nunca se dice su apellido.
Carl Tunner escribió:
En cuanto a la memorable Forza que comenta Tucker, conozco y envidio cochinamente a muchos que estuvieron allí presentes. Yo tengo la grabación y fue un festín verdiano, desde luego. La mezzo fue Alexandrina Milcheva.
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Fue en aquella
Forza cuando en la función del domingo, al acabar "Pace, pace" y apaciguarse la ovación que siguió (merecidísima), alguien gritó desde un piso alto: "Así se canta Verdi", lo que dio lugar a una nueva ovación y a que Marton se acabara de emocionar (que se notó). Desde entonces (era su debut), el público del Liceu la tuvo como una de sus preferidas. Y Giacomini... es que era muy bueno, aunque tuviera sus días.