Para empezar, nunca entenderé a la gente (no me refiero a mi querido WAM) que le molesta que otros disfruten (y que expresen como les apetezca su disfrute). Cuando un cantante me ha gustado me sale ser generoso y agradecerlo, a través del código propio del teatro, el aplauso y el braveo. Llamar a eso histerismo (en un foro de ópera!) es un poco exótico. Cuando el año pasado el teatro se cayó con el Rigoletto de Nucci (que a mí me horrorizó) ni pensé que la gente entró en éxtasis colectivo, ni que se autoengañan, ni que les han pagado. Simplemente la gozaban como ya la gozo otras veces. Pues eso.
Más allá de eso, el recital de ayer fue extraordinario, sin duda uno de los éxitos (otro más) de la temporada.
Nucci fue de menos (de muy menos) a más, también porque se fue encontrando poco a poco con su repertorio. Al margen de los muchos problemas que tengo con su voz y su técnica (aunque en realidad los problemas los tendrá él

) -eternos portamenti di sotto, acentuación arbitraria, modulación nasal y problematiquísima, golpes de glotis-, y también de la calidad innegable de su intrumento -extraordinario registro agudo, tamaño de la voz-; ayer me llegó a exasperar con sus vicios interpretativos. Empezó con Ah per sempre de Puritani totalmente ajeno al lenguaje belcantista. Era incapaz de toda poesía, de la ensoñada melancolía del aria (una de las más bellas escritas nunca para barítono). Era realmente desesperante ver cómo desaprovechaba una tras otra las oportunidades de soñar cantando (en el recitativo, la repetición de senza speme d'amor, una ocasión única de susurrar en una frase todo el dolor, la nostalgia y la desesperanza, la declamó en un tono totalmente neutro...). Tampoco le encontró el punto al otro aria enamorada, el Vien Leonora de La Favorita. Ni poesía...ni nobleza. Una línea de canto ajena a toda estilización, que rozaba ya no lo mundano sino lo vulgar. Me fastidia de verdad que con ese instrumento y esa capacidad dramática no saque partido a dos arias tan maravillosas como éstas. En el duo de Enrico y Lucia que cerró la primera parte empezó a salir el Nucci teatral y comenzó su juego poco a poco. Pero es un duo tan centrado en Lucia que no terminó de lograrlo. En su primer aria de la segunda parte la cosa empezó casi peor. Un Eri tu entregado a la exageración: ¿cómo se puede gritar o dolcezze perdute? ¿Por qué si la palabra vendicatore se repite tres veces, las tres veces las hace igual? De nuevo naufragó como enamorado. Por cierto, alguien habló de legato en las crónicas del recital de Bilbao. Sería que la humedad de la cuenca hace que se peguen las palabras...
Pero claro, la revelación llegó con los dos papeles paternales. El dúo con Violeta y la Vendetta. Hizo un extraordinario Germont, una especie de padre de los de antes, severo pero cálido, incomprensivo pero capaz de amar. Salvo por esos Piangi piangi sádicos (en plan, llora, zorra), a pleno grito, plegó su voz a la complejidad de la escena. Me gustó mucho. Y luego la Vendetta, claro, que la borda, metido en su juego de resistencia y potencia. De bis, la Vendetta, y de tris, la Vendetta

Y de propina en solitario, un Nemico della patria emocionante, vibrante, muy bien cantado y en pleno estilo (no digo ná y te lo digo tó).
Ciofi tuvo SU noche. Hacía tiempo que no la oía (en grabación) tan cómoda, tan segura y tan gustándose. Tanto que llevaba dos años (salvo los dos últimos meses) sin dar ningún sobreagudo y ayer los dio (tampoco eran el colmo del mib, pero ahí estaban) todos. Salió con un O nube de la Stuarda que es testimonio de su visión del personaje. Una Stuarda joven, todavía soñadora (esas variaciones delicadas, que no rompen el momento mágico de un recuerdo que no es nostálgico y fatal, como otras Stuardas, sino todavía esperanzado y vitalista a pesar de todo), extremadamente frágil (TODO lo dice en la variación de la cabaletta, en resti resti sul trono adorata, en la que no hay ira ni rencor, sólo un cándido desdén; qué diferente a Devia, por ejemplo!). Vocalmente bien aunque la tesitura es algo incómoda para ella, que siempre fue una ligera. De lo muy bueno a lo sublime, con el Il faut partir de la Fille donizettiana, de tesitura comodísima, central-alta, en la que pudo desenvolver ese centro mórbido, mágico, que vuela. Una despedida emocionada pero contenida, cantada sobre un hilo, de nuevo incapaz del dramatismo fatal. Precioso. Brutal también en el duo de Lucia, un papel que tiene dominadísimo.
En la segunda parte llegó la perfección. La escena de Violetta fue maravillosa. No he visto tantas en directo como Tunner

pero las que vi no estaban afónicas precisamente (Devia, Gruberova, Dessay) y puedo decir que la de ayer fue la más emocionante de todas. Es una lectura del personaje TAN arrebatadora... Una Violeta que cuando dice che risolvi, paladeando, lenta, sabe que tiene todas las opciones abiertas, quiere vivir. Una Violeta que sabe lo que dice cuando acentúa así febbre, cuando se regodea en aLL'amor... Con Ciofi entiendes el dilema de Violeta en el I Acto, con ella comprendes la furia del Sempre Libera. Vocalmente lo dio todo. La voz se empobrece (no es nuevo, es una cantante muy por encima de su instrumento) en la zona aguda, aunque no pierde presencia (el sobreagudo, aunque descolorido, peta los oídos). La modulación es extraordinaria, apoyada en un fiato que le permitía acomodarse en los arcos del final del Ah fors'è lui. Además se esfuerza en lograr el contraste a través de la modulación (los dos Gioire, por ejemplo) ya que la morbidez y redondez del timbre no le permite hacerlo a través del color. Y ya rubricó su retrato de Violeta con un duo para recordar siempre. Logró toda la paleta de emociones de Violeta, la furia, la dignidad, la desesperación y la necesidad de calor paterno. Me ahorro pormenorizar porque sería una tarea titánica, pero el fraseo fue alucinante. Me quedo con ese final de duo, cuando repite el Conosca el sacrifizio, sobre un hilo de voz fatal, mortecino, casi heroico... Finalmente la Gilda del Tutte le feste, que ya conocíamos del año pasado (esta vez con mib en la cabaletta, tres veces! Eso sí que es una proeza para Ciofi

), y de propina individual el aria de La Rondine, maravillosa.
El público estuvo entregadísimo, vamos, lo esperable en un buen teatro de ópera (al nivel del Rigoletto del año pasado o de recitales como el de Gruberova), sacándoles el cuarto bis (la tercera Vendetta) que Nucci empezó conteniendo la risa (coincido con WAM en que ya estaban desfasaos

). Ambos dedicaron las dos Vendettas a Antonio Moral, que tuvo un bonito concierto de despedida, y lo dio todo braveando (otro histérico y autosugestionado

). Lo de la gente que se duerme en el concierto y luego te pregunta cuánto te han pagado por bravear ya es otro cantar
Mítico.
He releído un poco la crónica y está fatal escrita, perdonad
La he escrito emocionado, de corrido, como los pantalones de bayista.