Servidor asistió ayer,
9 de octubre, viernes, de 2026 a la representación.
Empiezo por el principio y final de lo más relevante con diferencia de lo sucedido. Por indisposición de Samoa Hernández, la intérprete de "
Manon Lescaut" fue
Carolina López Moreno, Primera vez que tenía noticias de esta cantante fue ayer en la correspondiente nota adjunta al programa de mano. Leyendo su CV, buena pinta: "Violetta Valery" en Tokio, "Suor Angelica" en Londres, apariciones en el San Carlo, Liceu, o Zurich y ya anunciada para la Scala de Milan con Boheme y nuevamente en Barcelona. El nombre despista: es alemana; padre boliviano y madre albanesa. 35 años. Pues amigos y amigas, triunfo total, apabullante y completo de esta soprano. Anotada con mayúsculas en la agenda de cantantes por los que Merce la pena pagar o viajar. Agenda corta, pero agenda al fin y al cabo. Solo el inicio, primeras notas de "
É ver, L'ho abbandonado", ya nos ponía en disposición saber que aquí algo extraordinario va a suceder. Contundencia, tércielo, filados a lo Caballé, fiatos larguísimos plenos de modulaciones, matices y riqueza, brillantez por arriba, abajo (qué graves tan llenos de drama) y por los lados. En el maravilloso duo también del segundo acto con el tenor, nos elevaron a esos puntos que el gran Puccini nos brinda en una parte que combina con un tinte wagneriano encantador. Para que todo eso sea una realidad plena necesitas a dos CANTANTES, y ahí estuvieron ambos. Para colmo, a Carolina le acompaña un espectacular físico que aprovechó de maravilla en la escena del baile con el maestro, haciendo movimientos casi atléticos, y cargados de la sensualidad fruto del transporte del baile al más estilo circo del Sol o de Las Vegas. Esto es dirección escénica, discutible? Sí. Pero ya puestos... no sé cual habrá sido el resultado con las otras interpretes, pero a decir verdad, me parece que salvo que te acompañe ese físico atlético, en cuyo caso hasta triunfas, vas a quedar completamente expuesta... bueno, yo sigo hablando de lo que vi, no de lo que no he visto. El público braveó ambas partes del acto segundo, y si no lo hizo tras un estremecedor "
Sola perduta abbandonata", es por respetar a la continuidad musical que uno el cello final con la llegad de su amado. La soprano agradeció su fuerte ovación final con varios gestos besando el suelo madrileño, quizás queriendo significar que sea este, fruto de una sustitución, el principio de una gran amistad. Así sea.
Ese respeto orquestal se debe a otro nombre propio, esta vez ultra conocido, que realizó una soberbia realización:
Nicola Luisotti. Siento decir que me sitúo en las completas, absolutas y más radicales antípodas de todo lo que se ha dicho sobre él con respecto a esta "Manon Lescaut" en el foro. Cierto que en los recientes Otello, Trovatore o Turandot en Milan, escuchaba una orquestación seca, un tempo exageradamente rápido, y barreras a una labor participativa con los solistas. Pero en esta “Manon Lescaut” he visto al Luisotti que me encandiló hace unos veinte años con el Trovador. Contrastadas dinámicas, tempo con sentido, pasión desbordante, claridad de ideas. Desde donde estaba podía ver perfectamente un despliegue bellísimo de gestos, generando pátina, brillantez, aristas. El interludio orquestal resultó toda una suite pucciniana, deliciosa y llena de color. Hablando de este momento, no tengo claro si debe ir antes del tercer o cuarto acto, pero siendo una pieza orquestal autoconclusiva a telon bajado, no parece un detalle muy relevante. En definitiva, que más lejos que un trazado de brocha gorda como se ha aseverado por aquí: yo vi pincel fino y pluma estilográfica. Esperemos que sus próximas realizaciones desde el foso sigan en esta línea. Grandes agradecimientos finales, y cerrada ovación en el mágico interludio.
Jorge de León. “
Renato Des Grieux”. Este papel le va como anillo al dedo. Para nada lo veo un role lírico, sino un tenor mucho más spinto: yo veo un perfil muy Andrea Chenier. Este perfil es con el que de León se ve más cómodo y puede dar mejor testimonio del gran instrumento vocal que posee. Y en esta ocasión añadió a su trabajo un refinamiento que a veces le hemos echado en falta. Su mejor momento llegó en el lamento del tercer acto, lleno de drama y emoción. Agudos rutilantes, brillantez general. Los duos con “Manon” fueron dignos homenajes a Puccini. Conquistó también al respetable.
Del resto del elenco, sobresale un “Lescaut” interesante con
Szymon Meclinski. Buen arioso del segundo acto, contando con un momento muy bien trabajado desde iluminación, con un juego de sombras a él mientras canta y en segundo plano “Manon” en postura de Cabaret: me gustó ese cuadro. Pietro Spagnoli nunca me ha parecido nada del otro jueves; ahora haciendo de “Geronte” mayor y con un toque bufo, da el pego. Poca cosa el “Edmondo” de Albert Casals, depurada la madrigalista (aunque yo ahí probaría tanto coro de niños como voz blanca), y sin mucha mas historia el resto de comprimarios.
De la escena, ya algo he dicho. No acompaña, y es de libro de instrucciones, es decir: propuesta fallida. Como planteamiento e idea genérica, podría haber funcionado, pero sobran muchas cosas, como ese sin sentido de tiovivo, y gente a veces, en especial el cuarto acto, que siendo sobre el papel el mas sencillo de representar (es un desierto...), fue el mas flojo. Me gustó la escena del desfile de las prostitutas por su teatralidad, y ya he comentado un par de momentos más de interés: no dejan de conformar un todo escénico insuficiente.
Es una sensación rara, porque está claro como el agua que para EMAR “Manon Lescaut” es un título “sota, caballo y rey” como la copa de un pino, sin embargo no se ha hecho en cinco décadas en Madrid: estamos pues ante una situación EMARDR ( “El mundo al revés del revés”), en la que no sabemos si tras tanto tiempo ya hemos de apostar por una escena vanguardista o clásica. Es complicado. En todo caso, tenor, director, y especial y sorprendentemente, soprano, me sacaron felicidad lírica. Firmo. Así muchas.
(y mañana, ya hoy, tempranito a Barcelona para una Aida… toca descansar un poco…
