Suther, puedes aplicar mi argumento así, si quieres. Pero una sinfonía no es teatro, ni ópera. Es otro género. Punto
Lo que quiere decir Téllez es que el compositor (y es así desde 1600) coge un texto y le pone una música. Y esa música da significado al texto y viceversa. No es como una sinfonía, que como dice la bella cita de Santuzza,
es. La música de ópera es en sí misma, pero también es lo que surge de su fusión con el texto, y de la fusión con lo visual. Y esa esa fusión, realizada en un momento concreto, irrepetible, en comunidad, con miles de significados que se mezclan con lo que pasa fuera de las paredes del teatro, con lo que pasa en las cabezas de los espectadores... todo eso es lo que define a la ópera. Hay muchas otras formas de disfrutarla: con un CD, leyendo una partitura, soñando con Rubini, viendo un dvd con el mute puesto o foll**** con Sempre Libera (un amigo me contó que lo hacía). Pero lo que la define es el ACTO creador.
Almaviva, estoy de acuerdo con que una obra hay que comprenderla con los elementos de su tiempo y sus circunstancias, desde dentro. Pero la comprensión no anula ni sustituye a la conexión emocional, a la experiencia estética, que se puede producir por muchas otras vías, la mayor parte de ellas anacrónicas. Sobre eso no sé si puedo discutir mucho. Otra cosa es si es legítimo que el director de escena utilice vías
anacrónicas para lograr esa experiencia estética. Yo creo que sí, y Zefirelli lo hacía, y el cartón piedra lo hace, y las puestas-que-no-molestan lo hacen

Mal, pero lo hacen (bueno, Zefirelli lo hacía muy bien).
Lamento que la discusión se haya desviado por el terreno de la paja mental. Me callo