
Espectacular, apabullante y un verdadero Sansón del canto. Franz —cuyo verdadero nombre era François Gautier (hermano del escritor François-Edmond, que firmó con el pseudónimo Guy de Téramond)— era dueño de un instrumento de brillantez y potencia fuera de toda duda, con un volumen extraordinario, homogeneidad y una robustez innegable. Su timbre, metálico y con muchísimo
squillo, le permitía proyectar la voz con facilidad sobre orquestas de gran densidad sonora (de ahí que haya sido considerado, y de hecho lo fuera, el
heldentenor francés más célebre que ha habido). Pero además de estas cualidades que le habían llegado
de natura, Franz manejaba ese chorro de voz con una habilidad y un dominio técnico fuera de toda duda, al ser capaz de conciliar el sonido colosal que salía de su boca con los principios refinados de la escuela clásica de canto francesa. Manejaba con habilidad el
passaggio, cubriendo bien el sonido para poder ascender al agudo sin romper la línea, ni emitir sonidos abiertos o estridentes. El apoyo era, asimismo de primera y dotaba al cantante de una espectacular resistencia física para abordar los endiablados papeles en los que se especializó (fundamentalmente wagnerianos, pero también del gran repertorio francés, como Radamés, Otello, Samson, Don José, Rodrigo de
Le Cid, Arnold, etc. Con todo, era también capaz de afrontar roles de tenor más ligeros (Roméo, Raoul, Faust). El sonido, colocado en la máscara, permitía a una voz tan robusta como la suya sonar siempre ligera, penetrante y con brillo. Además, sorprende en sus lecturas la pureza de la dicción, la clara vocalización y la perfecta articulación de las frases, en los que despliega un
legato de gran factura. Todo este dominio de los recursos técnicos explica, sin duda, su longevidad como intérprete, afrontando los roles más pesados de su cuerda durante tres décadas completas, y el que fuera capaz de afrontar romanzas tan difíciles como la de
Roi du ciel, de
Le Prophète con la frescura, la potencia y el brillo con que la grabó en 1933, cuando ya tenía 56 años (número que, por cierto, no está incluido en este disco de
Lebendige).