
Pese a tratarse de meras selecciones y emplear un estilo romántico propio de la época de la grabación, se trata de un disco que, por un lado, logra que el oyente se haga idea de la grandeza de la concepción gluckiana del destino de la reina de Tesalia, y por otro, y sobre todo, se caracteriza por la grandísima teatralidad que Georges Prêtre insufla a las piezas grabadas. La soberbia Consuelo Rubio (un poco justa en el extremo agudo en un papel híbrido entre las tesituras de soprano y mezzo, pero fraseadora de musicalidad asombrosa y espléndido instrumento) consigue que Alcestes suene a mujer de carne y hueso y el finísimo Nicolai Gedda es el Admeto ideal por belleza y estilo (lamentablemente, cuando veinte años después grabó la ópera completa con Jessye Norman y Serge Baudo, su timbre ya no exhibía la misma juventud, de modo que es una bendición que se conserve
Bannis la crainte et les alarmes tal y como lo canta aquí). René Bianco no está a la misma altura, pero es cumplidor.