Antes que nada, gracias a
Baldassare por su detallada crónica. Interesante cómo, si bien coincidimos (creo) en lo fáctico, nuestra apreciación de la velada pueda diferir tanto (de nuevo, creo), porque yo (y mis acompañantes) salimos muy, pero que muy contentos del Real anoche. Pero quizás eso refleje la riqueza de este arte, y de esta obra.
Soy un rendido admirador de Wagner, pero
Tristán siempre ha sido la obra que más se me ha resistido (tras muchas funciones en vivo, en DVD y en disco). Pues ayer fue como una pequeña revelación.
Por partes:
- Marc Piollet y la orquesta: tras la contestación que tuvo este señor a causa de su
Elisir (funciones a las que no asistí), no me esperaba mucho. Pero como Currentzis no me convenció nada en una
Titán de Mahler en este mismo teatro el año pasado, pues no lo he echado de menos...Aburrido no fue el
Tristán de Piollet, ¡para nada! Mucho empuje dramático, mucho
thrust forward. Eso sí, como bien indica
Baldassare, a costa de una falta de matices, y de puntuales excesos dinámicos que ahogaron a los cantantes por momentos. Pero satisfactorio en su conjunto. La orquesta en general bien (sobre todo, las cuerdas), pero los metales flojos (la música de caza en el arranque del 2º acto--desde un palco de proscenio--rayó el caos). Bonita la distribución espacial de la orquesta y los coros en algunos pasajes: coros de marineros desde los pasillos a los que se accede a los palcos de principal--que era donde yo estaba, fanfarrias a la llegada a Cornualles desde encima del palco real (igual que las maderas que tocan la llegada del barco de Isolda en el tercer acto), etc.
- Cantantes: la Urmana me pareció maravillosa, de altísimo nivel. Tiene todas los registros--vocales y dramáticos--del papel, si bien coincido que es más la Isolda "vengativa" o "altiva" que la "frágil". El agudo sin ninguna tirantez, ý sorprendentemente, sonaba
joven. Tras una Tosca hace unos años en el Real (en la que la encontré casi caricaturesca), Urmana ha hecho una creación de altísimo nivel (y no hace echar de menos ni a la inmensa Meier). Robert Dean Smith "aguantó el tirón" durante toda la función, y eso ya es para aplaudirlo. La voz la dosifica bien, y el personaje es creíble (si bien algo unidimensional). La Gubanova hizo una muy buena Brangäne, y sus advertencias el 2º acto emocionantes (desde encima del palco real), si bien con algo de vibrato excesivo. Selig muy convincente como Marke, un lujo para el papel. El Kurwenal de Jukka Rasilainen pobretón en el 1º acto, pero muy bien cantado y delineado en el tercero. Coincido que Nabil Suilman estuvo bien como Melot, pero en cambio el pastor / marinero--Alfredo Nigro--mucho menos logrado en su breve pero crucial cometido (al fin y al cabo, el primero que canta en la ópera es el marinero), y este señor necesita urgentemente un
coach de lengua alemana.
- El montaje: Una acción minimalista en un escenario dominado por el color negro (incluido el vestuario), pero presidido todo por las videoinstalaciones de Viola. Son imágenes que, al principio de cada acto, ilustran el
setting de la acción (mar en el 1º, bosque en el 2º...), pero luego se transforman en lo que conocemos de este artista plástico; imágenes ritualizadas, de movimientos muy lentos. De alguna forma, no tienen
nada que ver con
Tristán, y al mismo tiempo, tienen
todo que ver con
Tristán. De una belleza plástica innegable, pero muy difíciles de describir (lo que se ve en las fotos que hay por ahí no permite apreciar toda la riqueza de este trabajo). Puestos a poner pegas, en algún momento, seguir la acción en el escenario (por muy depurada que fuese), leer los sobretítulos, ver aquellas partes de la orquesta (y coros) "deslocalizados", podía ser un poco confuso... Pero hubo momentos mágicos, como la llegada del barco a Cornualles al final del 1º acto; ésta se hizo con las luces del teatro encendidas, con Marke bajando por el pasillo central del patio de butacas para saludar a los viajeros, las fanfarrias encima del palco real, el coro en los palcos...espectacular y bellísimo.
El teatro
tutto esaurito. Gran éxito (para los estándares de del gélido público del Real); Piollet, Urmana, Gubanova y Selig muy ovacionados, pero clara división de opiniones en lo que al equipo escénico se refiere.
Al principio de mi (largo

) mensaje, hablé de una pequeña revelación. Me explico: este montaje permite que la trama de esta "acción en tres actos en la que no pasa prácticamente nada"

adquiera (como creo que debe) un carácter intimista en ese escenario casi completamente negro y desprovisto de decorados. Pero todo ello está iluminado, arropado, por las instalaciones de Viola, de una belleza plástica portentosa, y que ilustran las atmósferas, los estados de ánimo de forma magistral... Y las imágenes están muy bien integradas en el discurso musical. No encuentro forma de describir el efecto, pero sí puedo decir que ver las imágenes aisladas (hay montones de ellas en internet) no permite hacerse una idea de lo que se ve en el teatro.
En fin, como dije en el hilo en "Discusión General", este
Tristán ha sido maravilloso, y de los que ha habido en Madrid en los últimos 25 años, clarísimamente el más logrado...
Saludos,