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Tercer intento; como se vuelva a colgar el ordenador hace la crónica su puñetera madre. Vigésimotercera función de Nabucco en la historia de la ABAO (Nabucco es el quinto título de la historia de la asociación) y segunda serie de funciones en la década; uno se pregunta si hacía falta reiterar con este título vista la crisis de cantantes verdianos pero desde luego vista tambien la respuesta de la gente parece que es lo que se quiere escuchar, aunque luego salga lo que salga.
¿La función? Un aprobado alto, con claros y sombras bastante evidentes. ¿Las perspectivas? las mías, escasas; las del público intuyo que altas por las entradas vendidas aunque tengo la sensación de que mucha gente salió con un punto de decepción.
Roberto Frontali ha sido la tercera opción de la ABAO tras Nucci y Dobber y creo que hay poco que reprocharle; su voz no tiene la densidad exigible pero sobre todo en el acto cuarto cantó con intención. Las partes intimas las salvaba; las partes más cañeras las solventaba como podía. La estrella del reparto era Maria Guleghina y con este tipo de cantante siempre me pasa lo mismo: que me dejan frio como un iceberg mientras otras personas parecen sumergirse en sensaciones casi orgásmicas, vista la reacción. Y creo que la cuestión clave es si una voz muy grande es razón suficiente para disfrutar o no, si el respeto a la partitura es exigible en cierta medida o no, si los trucos de la cantante son aceptables como mal menor o no. Y así es Guleghina: un torbellino que no duda en saltarse la partitura cada vez que quiere con tal de sacar sonido, de respirar donde le da la gana.
Carlo Colombara, sin tener una gran voz, canto un Zaccaria notable; reconozco que es el papel que más me gusta de la ópera pero además me pareció el cantante estilísticamente más cercano a Verdi. Un poco más de rotundidad sería deseable, un poco más de oscuridad pero creo que Colombara fue lo mejor de la noche. Alejandro Roy entró en una espiral de a ver quien metía más ruido y desde luego enseñó mucha voz, mucha cantidad; otra cosa es que los acentos verdianos estuvieran ausentes y que más que Ismaele estuvieramos escuchando a Turiddu. Estoy seguro que la ABAO le ofrecerá volver.
Insipida a más no poder la Fenena de Rosanna Rinaldi y sorprendente el Gran Sacerdote de Silverio de la O y digo sorprendente por no utilizar mi palabro preferido: execrable. Eduardo Ituarte pasó sin pena ni gloria en el Abdallo y Ana Otxoa consiguió destacar en todos los concertantes con sus notas agudas.
Decepcionante la Orquesta del Teatro Reggio di Parma, supongo que responsabilidad del director Massimo Zanetti. Y tambien decepcionante, lo que no deja de ser sorprendente, el Coro de la ABAO, un elemento seguro en todos los títulos y que, sin embargo, en esta ocasión -espero que sea algo puntual- mostró algunos fallos infrecuentes: voces aisladas que destacaban sobremanera, entradas a destiempo, inseguridades y, lo peor para muchos, un Va pensiero plano, muy lejos del muy emocionante de hace unos ocho años. Quizás la disposición del coro ayudó poco pero el problema ya se veía en otras escenas corales. Los aplausos a la escena coral fueron breves, sorprendentemente breves.
La puesta en escena vale para Nabucco y para cualquier ópera de época. Una especie de muro de las lamentaciones que sale y entra depende de las necesidades, con dos aberturas frontales donde se disponen los cantantes de forma que la acción dramática queda sistancialmente reducida.
Última edición por MarttiT el 23 May 2012 23:48, editado 1 vez en total
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