Vaya. El caso es hacer de menos a Don Ricardo sea como sea; bien con argumentos más o menos fundados, bien con opiniones históricas tan susceptibles de subjetividad como las que podamos manifestar nosotros. Luego dicen de los wagnerianos, caramba, pero quienes siempre están dispuestos a lanzar pullitas (y puyitas) contra Wagner --vengan a cuento o no-- son ustedes...
Vamos a ver... Empecemos por el final. ¿Qué valor puede tener, como argumento denigratorio decisivo contra Wagner, la opinión de otro músico (en este caso Clara Schumann) que era bastante especialita, que formaba parte del círculo íntimo de Johannes Brahms --estandarte paradigmático de esa corriente crítico-musical que fue el "formalismo" (opuesto abiertamente al "idealismo" propugnado por Listz y los de Weimar, así como por Wagner desde la distancia)-- y que se erigió en figura destacadísima de ese sector "conservador" en la denominada "Guerra de los románticos"? ¿Concedería Gino también, con la misma facilidad, validez absoluta a las declaraciones despectivas que Wagner y su círculo --con Cósima a la cabeza-- emitieron contra Verdi y su música? Bien sabemos todos que, a la hora de que un artista opine sobre otro, siempre entra en juego el tema de los "egos". ¿Y cómo no iba a ser así en el caso de estos grandes "genios" de la Música? De modo que conviene asumir con precaucación este tipo de opiniones y, desde luego, no convertirlas en dogma.
En cuanto a la filiación "euryanthiana" de
Lohengrin --es cierto que la obra de von Weber (así como la de Marschner y otros), fue indudablemente muy importante para Wagner, pero creo que no tanto como para decir que ésta no existiría sin aquella-- me gustaría preguntarle a nuestro compañero Tunner: ¿acaso fue sólo Wagner el que aprendió de fuentes anteriores? Hablemos también de Verdi y Mercadante. O de Verdi y Donizetti. O de Verdi y Bellini. O de Verdi y Wagner, incluso. Todo compositor, todo artista, en general, tiene modelos antecedentes (o contemporáneos) en los que se apoya e inspira para sacar adelante su obra. Ello no supone un demérito para él, sino más bien todo lo contrario (sobre todo cuando, como en los casos de Wagner y Verdi, la asimilación de lo hecho anteriormente les ayudó a dar los pasos de gigante que encontramos en sus respectivas obras).