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Algunos estuvimos allí. Segundo gran Verdi en apenas 24 horas tras el "Attila" romano, y de nuevo, una batuta protagonista. En esta ocasión, la de Mehta, al frente de una orquesta que cada vez que la oigo, me convence más y más de que es la mejor de España. Así debe sonar Verdi, con sus dinámicas, con su color propio. Sin embargo, yo sí le reprocho a Mehta alguna decisión aislada, como el tempo del "Ah si, ben mio", que no se amoldaba a las caracterísicas del tenor, que necesita de frases largas y más lentas para poder ir respirando y sacar adelante el aria. Un director, entiendo yo, debe estar a estas cosas, sabiendo qué demanda cada cantante. Único lunar de una dirección notabilísima por parte de otro de los últimos grandes que nos quedan. Y siguiendo por Jorge de León, creo que hizo un Manrico superior a lo que cabía esperar. El lenguaje verdiano no le es especialmente afín al tinerfeño, porque se exige saber decir la parola, tan importante en este repertorio. Mostró algunas de sus debilidades conocidas, como ese centro oscilante al comienzo de la función, próximo al desafine. Supo ir remontando su actuación, en una línea más heróica que romántica, y sacando partido de sus potencialidades: ese agudo y sobreagudo squillantísimo, luminoso, poderoso. Correcto en los dos primeros actos, brilló en los dos últimos, especialmente a partir de la Pira, rebajada medio tono. ¿El mejor Manrico de todos los tiempos? Desde luego que no. ¿El mejor de este tiempo? Sería mucho decir. Pero desde luego, una interpretación honesta y disfrutable. No es poco, pa los tiempos que corren. Su partenaire sí que tiene mimbres de cantante grande grande. Maria Agresta compuso una Leonora de muchísimos quilates. Más matizada que hace un año, cuando la conocí como Elena de "Vísperas Sicilianas" en Turín (que cantará en Bilbao el próximo año, por cierto), mantiene una voz hermosa en todo el registro, quizás con un agudo algo mate, pero ahí está, solvente. Hubo quien le reprochó una falta de volumen, pero yo lo veo más que suficiente. Incluso los ataques en piano, otra de sus flaquezas, los corrigió en la noche de ayer. Despliegue de medias voces, notas apianadas y mantenidas, sobreagudos en las cabalette (su punto débil)... Una gran Leonora. La alegría de la noche fue la cancelación en el último momento de Sebastián Catana y su sustitución por Juan Jesús Rodríguez. Gran actuación del barítono español, que se tuvo que hacer a la producción en apenas 24 horas. Me sigue pareciendo un intérprete interesantísimo, aunque respecto a su Enrico sevillano, le eché en falta algún matiz más. Los hubo en su "Balen", pero una golondrina no hace verano. Domeñar un poco más ese dotadísimo instrumento que gasta sigue siendo una asignatura pendiente. Aun así, tiene una matería prima que ya quisiera para sí mucha gente de su cuerda. Más frío me dejó la mezzo, la Semenchuk. Me pareció más una soprano corta que una mezzo como tal. Cantó con gusto, enseñó el grave cuando así lo demandó la partitura... pero me dejó frío. Un timbre demasiado lírico le restó presencia a su Azucena, débilmente aplaudida por el público en su "Stride la vampa". Correcto sin más el Ferrando de Liang Li, y en esta línea la Inés de Ilona Mataradze. Gran noche también del coro. Un buen Trovatore requiere de un buen coro. Cumplieron con creces su cometido.
Para echar de comer aparte, la producción horrenda de Gerardo Vera. El 2x1 entrañaba peligros. Querer cuadrar el concepto escénico de dos óperas tan diferentes como Trovatore y Medea pasó factura. No sé cómo será el resultado en el título de Cherubini, pero en el de Verdi fue un desastre. Traslada la acción a un momento indefinido, que podría pasar por la Posguerra española (o cualquier otra). Hasta ahí, pasable. Discutible algunas videocreaciones (a ver qué pintan unas banderas ondeantes en este contexto, o los ojos de una vieja amenazantes en el fondo del escenario durante el "Stride la vampa"), sospecho que de un low cost total. Pero grotescos los dos últimos actos, con una propuesta de esqueletos de hormigón que tanto vale como cuartel para el Conte di Luna que como cárcel o lo que toque. Fue abucheada por un sector del público. El propio director de escena explicó que quería retratar el dolor de las guerras, y que se había basado en estampas del Líbano y Palestina. Ya me dirán que narices tiene que ver eso con lo que cuenta "Il Trovatore". ¿No podemos dejar en paz lo que quieren contar las óperas?
A pesar de todo, una noche memorable. Mi primer "Trovatore" fue un espectáculo inolvidable.
Última edición por mitchum el 18 Jun 2012 23:58, editado 2 veces en total
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