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Yo también creo que no hay que perderse esta producción, y opino que el día del estreno vivimos un gran éxito. La sensación dentro del teatro era de satisfacción bastante generalizada y aunque se pueden (como siempre, a ver cuándo ha existido la función perfecta) poner peros y establecer matices, y no se haya instalado aún el aplausómetro dentro del teatro que nos convierta el concepto éxito en una cifra o dato mensurable, si consideramos este Mahagonny el primer espectáculo de la etapa Mortier, ésta ha empezado con un indudable buen pie. Creo que el buen resultado de esta producción parte de estar muy bien planteada, muy trabajada y muy bien ejecutada, a partir del compromiso y de la unidad de criterio de todos los participantes.
Ayer, en el primero de los llamados Enfoques que para esta temporada se nos ofrecen, y en los que Mortier compartió mesa redonda con el periodista Vela del Campo (si bien sus crónicas menguan extrañamente, su papel como moderador-presentador-entrevistador fue ayer magnífica), con los directores de la Fura y con Pablo Heras-Casado, se ofrecieron a los asistentes muchas de las claves de esta producción y de lo que van a ser líneas de trabajo y pautas de comportamiento exigibles a partir de ahora. Sobre estas últimas, Mortier insistió en que se va a pedir compromiso y dedicación tanto a cantantes como a directores, con su presencia y participación permanente en los ensayos. Sobre la producción en sí, y a preguntas de Vela del Campo, Mortier justificó la elección de esta obra de Weill en que de alguna manera están contenidas en Mahagonny tanto la tradición wagneriana (referencia necesaria desde el afán de superación para todos los compositores posteriores), como la música de Mahler o de Berg, junto con aspectos propios del jazz o el blues, y por ser además oportuno y necesario en el contexto actual (y a la manera en la que Esquilo ejemplificó a través de Los Persas cuestiones propias de la realidad política ateniense) subir al escenario obras que añadan luz a problemas reales actuales, "políticos" en la acepción más noble y, por desgracia, menos usual de la palabra. Al hilo de esta reflexión, se extendió brevemente sobre el papel del teatro como "centro" de la ciudad, no como mero espacio de entretenimiento, sino como lugar "político", otra vez en la acepción referida. La realidad sórdida de Mahagonny, la corrupción de las relaciones humanas marcadas por el afán desmesurado de lucro, la satisfacción desmedida, industrializada y mecánica de los apetitos más básicos, la comida, el sexo, (por cierto que magistralmente resuelta desde el punto de vista escénico por la Fura: no cuento nada para no chafar la sorpresa), pueden ser un elemento a partir del cual sacar conclusiones sobre problemas actuales, agravados en un contexto de crisis.
Otro aspecto aclarado por Mortier, y también por Heras-Casado, fue la elección de la versión inglesa en lugar del original alemán. Según Mortier, se había preferido la versión inglesa por ser esta lengua más conocida por el público que el alemán, lo que posibilitaría a más gente "escuchar y entender" directamente el texto sin tener que leer los sobretítulos. A pregunta de un asistente, Heras-Casado aclaró que las correcciones musicales necesarias para adaptar la partitura a esta traducción eran escasas y poco significativas, y que ambas adaptaciones, tanto la traducción del texto de Brecht al inglés, como las adaptaciones musicales necesarias, habían sido realizadas por el propio Weill, con lo que la fidelidad a las intenciones del autor quedan, en este caso, garantizadas.
Por parte de los directores de la Fura, y en particular por parte de Alex Ollé, el más locuaz y participativo, se explicó que se había optado por una producción menos "tecnológica" (ausencia en este caso de maquinaria, de proyecciones audiovisuales, etc) y más física y teatral, con lo que resultaba "aligerada", más sencilla y más barata de producir. Junto con Carles Padrissa (y otro de los miembros de la Fura, cuyo nombre lamento no recordar), defendió también los valores "políticos" de la obra de Weill y Brecht y la "utilidad" de representar obras como Mahagonny en el contexto actual que identifico con la falta de valores y con el afán desmedido por ganar dinero como única finalidad. Resaltaron la importancia de una perfecta sintonía entre la dimensión teatral y la dimensión musical de la obra, y subrayaron el pronto entendimiento con Pablo Heras- Casado (narraron con gracia "el método de los gin-tonic", su primera toma de contacto en un ambiente relajado e informal, con una copa en la mano) y el compromiso de los cantantes, el coro y la orquesta. Hicieron además un llamamiento a los espectadores a acudir y al teatro a intentar facilitar todo lo posible el acceso de la gente más joven.
El director musical explicó a continuación que hasta tener que afrontar esta producción de Mahagonny, no se había interesado demasiado en la música de Weill, pero que se había quedado sorprendido al encontrar, bajo unas aparentes facilidad y ligereza, una música de gran profundidad. Destacó la riqueza rítmica de la obra, su habilidad para la caracterización de los personajes y para la casi "caricaturización" de las situaciones, lo perfectamente integradas que resultaban en la partitura todas las "influencias", desde la música más "culta" a la más "popular", hasta resultar en un todo coherente. Dijo también que se había preocupado especialmente por resaltar de manera adecuada las características individuales de las voces de cada uno de los cantantes de esta producción.
Así que, oído al parche, y al Mahagonny de Madrid, que merece muy mucho la pena.
_________________ -Wer naht?
-Der König!
-Welcher König?
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