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| Mozartiana |
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Registrado: 23 Mar 2004 18:46 Mensajes: 5223 Ubicación: Barcelona
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aquí una crónica de Die Walküre..
bestial!!!!!!!!!!!
Publicado en Mundoclasico.com Una Walküre más allá de lo nuevo y lo viejo Londres, 12.07.2005. The Royal Opera House, Covent Garden. Richard Wagner, Die Walküre. Keith Warner, dirección escénica. Stefanos Lazaridis, escenografía. Marie-Jeanne Lecca, vestuario. Wolfgang Göbbel, iluminación. Matthew Deely, asistente del escenógrafo. Mic Pool and Dick Straker, video. Plácido Domingo (Siegmund), Waltraut Meier (Sieglinde), Eric Halfvarson (Hunding), Bryn Terfel (Wotan), Lisa Gasteen (Brünnhilde), Rosalind Plowright (Fricka), Geraldine McGreevy (Gerhilde), Elaine McKrill (Ortlinde), Claire Powell (Waltraute), Rebecca de Pont Davies (Schwertleite), Iréne Theorin (Helmwige), Sarah Castle (Siegrune), Clare Shearer (Grimgerde), Elizabeth Sikora (Rossweise). Orchestra and Chorus of the Royal Opera House, Covent Garden. Antonio Pappano, dirección musical. Ocupación: 100% Emanuele Senici La producción de Die Walküre firmada por Keith Warner fue estrenada en marzo y se repone ahora en tres representaciones con un reparto algo distinto; a estas tres representaciones se suma una versión concierto en el Royal Albert Hall como parte de los BBC Proms. Plácido Domingo fue ‘Siegmund’ (sustituyendo a Jorma Silvasti), Waltraud Meier fue ‘Sieglinde’ (sustituyendo a Katarina Dalayman) y Eric Halfvarson fue ‘Hunding’ (sustituyendo a Stephen Milling).
La voz de Domingo es perfecta para un papel como el de ‘Siegmund’ en el que predomina el centro de la tesitura; además, no tuvo problemas para proyectar su voz por encima de la masa orquestal. Al final del durísimo primer acto estaba obviamente cansado, pero se recuperó para ofrecer una emocionante y vocalmente sólida ‘Anunciación de la muerte’ con ‘Brünhilde’. Si algo permanece inalterado y resulta todavía absolutamente seductor es su cálido, rico y broncíneo timbre, que envuelve al oyente en un abrazo sonoro como ningún otro tenor que yo haya oído en directo.
A pesar de algunas episódicas tiranteces, la voz de Meier no es menos apropiada para el papel de ‘Sieglinde’. La cantante parece poseer una incombustible energía que muestra no sólo cuando canta, sino cuando actúa, siendo la mejor actriz de la velada y enseñando la faceta levemente histérica de su personaje a la perfección.
Gasteen posee las notas y la fuerza necesarias para ‘Brünhilde’ (y aún más), e interpretó su parte ofreciendo a un tiempo trascendencia emocional y psicológica. Se echó en falta mayor riqueza y profundidad en los agudos: el resultado es que algunos clímax se quedaron cortos de aliento. Creo que me paso de exigente: ¿acaso hay otras que puedan cantar ‘Brünhilde’ en nuestros días con tal precisión y valentía?

No obstante algunos problemas en el registro grave, la ‘Fricka’ de Plowright sonó temible y lució un perverso atractivo: se ha inventado un nuevo modo de andar que se apoya en largos y lentos pasos, que representaban una mezcla de prepotencia y sex-appeal. Halfvarson atronó como ‘Hunding’ (¿qué otra cosa se puede hacer con este papel?; debe ser aburridísimo cantarlo) y las ocho valquirias lo dieron todo en una temible y notable cabalgata, con trinos y todo.

Nos queda Terfel. Tengo que confesar que escucharlo me entristece un poco, y me irrita otro tanto. En potencia, tiene una voz de barítono impresionante, sabe cómo frasear, actúa convincentemente y otorga a ‘Wotan’ su firma personal. Pero, ¡ay!, su técnica vocal no es buena. Su voz no está bien apoyada y por tanto tiene que empujarla sin parar para pasar sobre la orquesta (no hay duda, pues, del por qué de sus frecuentes cancelaciones, puesto que se cansa demasiado). Al no estar apoyados, sus piani y pianissimi suenan como susurros que no llegan a ninguna parte. Esto del susurro comenzó a hacerse en los años 1920 y 1930 cuando nacieron los micrófonos y funciona en musicales en que se usa amplificación y en grabaciones, pero fracasa estrepitosamente en el teatro. Estaba sentado en la fila M del patio de butacas y apenas pude oír a Terfel cuando intentaba cantar suave. Es una pena ver que semejante talento está atrapado por su obvia falta de técnica; y es francamente sorprendente que este problema nunca se mencione entre las muchas cosas que se dicen de Terfel, ni siquiera por aquellos críticos que resultan más sensibles a estos problemas técnicos.
Pappano ha sido criticado por dirigir Wagner como si se tratase de ópera italiana. Si bien astuto, el comentario está fuera de lugar. Su versión es notable por su claridad textural, su seductora manera de destacar la melodía y su enérgico ritmo. La primera incandescente exposición del tema en la primera escena entre ‘Siegmund’ y ‘Sieglinde’, por ejemplo, fue conmovedora por su franqueza e intensidad. Las cuerdas de Covent Garden sonaron especialmente ricas y empastadas, si bien todas las secciones siguieron al director con entusiasmo, quizás demasiado en el caso de los metales.
¿Qué decir de la producción de Keith Warner? Casi unánimemente, la crítica la atacó cuando se estrenó en marzo. Parece que Warner se ha esforzado por pasar sobre el rancio enfrentamiento entre tradición e innovación que ocupa las discusiones sobre las escenografías wagnerianas. El intento es encomiable, pero sólo consiguió un éxito parcial. Me sentí confundido en varios momentos por las pieles de lobo que los personajes llevaban sobre sus trajes pseudo-decimonónicos (y digo pseudo porque sólo Fricka viste de acuerdo a la moda del XIX), por las aspas o por el ventilador que se mueven por la escena.
La decoración, inspirada en el modernismo de los años 1930, ofreció un momento de Verfremdung brechtiano: quizás influido por la predecible cazadora negra de ‘Hunding’, no pude sino acordarme en el acto primero de la famosa Tosca de Jonathan Miller ambientada en la era fascista, y tampoco pude dejar de pensar que ‘Hunding’ diría a ‘Siegmund’ con el malvado y suave tono de ‘Scarpia’, “Subía, cavaliere, riflettete, saggia non è cotesta ostinatezza vostra”. Mentiría si dijese que no disfruté de este momento, pero me pregunto si a Warner también le habría gustado que lo viésemos así.
Hubo otra inesperada situación, esta vez mucho más dura. Al principio del acto tercero una de las valquirias emerge del suelo con los restos de un héroe muerto: un brazo, una pierna y el tronco. Me quedé aterrorizado. Por suerte no nos han mostrado las imágenes del rescate de las víctimas de las bombas del metro de Londres, pero muchas descripciones mencionan cuerpos desmembrados. De repente, todo pareció demasiado real de un modo que no parecía congeniar con el resto de la producción. En ese momento quise dejar el teatro e irme a casa, refugiarme en la falsa seguridad del ámbito doméstico. Me quedé, pero, de algún modo, la velada se había estropeado ya. Ni la mejor interpretación de Walküre del mundo podría haberme hecho olvidar ese momento. 19.07.2005
_________________ AUPA WOLFIE!!!...esto ya lo había dicho, no? Fantinetta, hoy mismo
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