|
la extraordinaria novela del escritor argentino Manuel Mujica Láinez fue la base de una ópera de Ginastera, estrenada en Washington en 1967 porque el gobierno argentino de entonces prohibió el estreno.
Gran admirador de la novela original (la he leído 4 veces, y ya me dan ganas de ir a por la quinta...), acabo de conocer, vía internet (ya me entendeis) la grabación del estreno.
De estilo "dodecafónico", para entendernos, es difícil de asimilar a la primera, y todavía no me atrevo a emitir juicios sobre la ópera hasta quw la haya escuchado otra ver.
Sin embargo, sí me siento capacitado para plantear un bebate, bastante viejo por otra parte: la cuestión de las adaptaciones.
El tema se plantea muchas veces a propósito del cine: "¿qué es mejor, el libro o la peli...?"
Después de leer 4 veces una obra maestra como "Bomarzo" de Mujica Láinez, me acerco a la ópera de Ginaster y me encuentro con "algo" completamente distinto: lo que en Mújica es una obra deslumbrante, emocionante, hedonista, un placer, un deleite, en Ginastera se transforma (amén de la simplificación argumental) en una obra atormentada, enrevesada, un laberinto del alma, un criptograma musical, quiasi una pesadilla.
La cuestión es muy antigua: ¿Traiciona Ginastera a Mujica? Pues yo creo que no. Aparte de la custiñon del lenguaje (poco tienen que ver el lenguaje literario con el operístico-musical, y estos con el cinematográfico), es posible-creo- que el venerable Umberto Eco tuviera razón al fendern la obra de arte como "obra abierta", de la que un artista puede extraer otra oboa de arte, interpretando la obra original baj un prisma diferente, pero totalmente válido.
Podríamos aplicar el ejemplo en dos casos prácticos: adaptaciones operísticas sobre obras literarias, y puestas en escena "polémicas" sobre óperas de repertorio.
_________________ Las pequeñas cosas son las que hacen la vida.
|