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 Asunto: Caruso en México
NotaPublicado: 01 Oct 2006 20:54 
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Han salido hoy una serie de notas en un diario mexicano sobre la visita de caruso a estas tierras que me ha parecido que a alguien le gustará leerlas ....copio una y pongo el link a donde pueden ver las otras:

Los recitales de Caruso fueron una fiesta popular
Juan Solís
El Universal
Domingo 01 de octubre de 2006

En 1919, el considerado Rey de los Tenores , Enrico Caruso, decidió visitar México para ofrecer una serie de conciertos, y no porque se encontrara en el declive de su carrera, por el contrario, ya que en ese momento no había ningún cantante de ópera que le hiciera sombra a Caruso.
El comendador, Enrico Caruso, estaba en la cúspide de su carrera cuando llegó al Distrito Federal. En mayo había recibido un homenaje en Nueva York por 25 años en los escenarios. Recibió 100 mil dólares en regalos y se le dio nombramiento de capitán de la policía neoyorquina.

Para no quedarse atrás, El Abate Benigno escribió en estas páginas, tres días antes del debut de Caruso en el Iris, un sentido homenaje rimado al cantante que en una de sus estrofas decía "...pero habrá, como hubo en Nueva York, policía/ que te honre y te haga -tal como la de allá-/ miembro honorario suyo para que nunca olvides/ que police allá fuiste y tecolote acá".

La idea del Abate no tuvo eco. No obstante algo tuvo que ver el tenor con la policía mexicana. El 4 de octubre, el conductor Ubaldo Bassini atravesó a toda velocidad las calles de Revillagigedo, en el Centro Histórico, provocando varios accidentes a su paso, pero evitando daños en su vehículo Hudson gracias a su pericia.

Los elementos policiacos lo persiguieron hasta la colonia Juárez y posteriormente a la Roma. En la Plaza de Orizaba, Bassini, o alguno de sus acompañantes, dispararon sobre los policías sin herirlos. Finalmente fue detenido y, cuando se le preguntó la causa de su locura, respondió que fue por haber comido unas horas antes unos exquisitos macarrones con Enrico Caruso.

El viernes 26 de septiembre, cantantes de ópera mexicanos, entre ellos la soprano Consuelo Escobar de Castro, ofrecieron un homenaje al tenor en el teatro Arbeu (en República del Salvador 49, donde hoy se ubica la Biblioteca Lerdo de Tejada).

Caruso manifestó de puño y letra su deseo "de conocer y aplaudir sus muy distinguidas facultades para el arte sublime y puro de la ópera que ya por muy buenas referencias tengo en gran estima".

La actuación de los compatriotas no secundó las palabras del tenor. Como explicó el cronista teatral de este diario "había yo no sé qué genio maléfico en el ambiente del Arbeu que todo mundo fracasaba a pesar de sus buenas intenciones". Josefina Llaca desafinó, Ángel R. Esquivel y Rodolfo Cervantes no estuvieron a la altura, y Consuelo Escobar convenció. El público los abucheó.

El domingo siguiente, enfundado en un traje de charro, con todo y sombrero, el tenor asistió a la kermés de los Caballeros de Colón, realizada en la Quinta Lira, donde "comió quesadillas y tortas a la usanza callejera".


Caruso a escena

A las nueve de la noche del lunes 29 de septiembre de 1919, inició la primera de seis funciones que Caruso ofreció en el Teatro Iris.

Tres mil personas llenaron el foro ubicado en la calle de Donceles, donde daría la cara por el canto mexicano la yucateca Adda Navarrete, quien hizo a Adina, y el bajo David Silva, quien hizo a Dulcamara.

A la prueba del lunes para tenor ligero, siguió la del jueves para tenor dramático: Un baile de máscaras, de Donizetti, interpretando a Ricardo, al lado de la conocida contralto Gabriella Besanzoni. El domingo la pareja Enrico Caruso-Gabriella Besanzoni pisó el escenario de El Toreo con Carmen, de Georges Bizet. Lo que más se oyó esa tarde no fueron las voces ni la música de la orquesta, sino las ovaciones de un público que soportó la lluvia del tercer acto.

Por presión de los abonados accionistas, Sansón y Dalila, de Saint-Saëns, se cantó en el Iris el 3 de octubre. Los operómanos brincaban de gusto por tener una obra nada trillada y un cartel nada común.

Vendría Un baile de máscaras, en El Toreo, la lluviosa tarde del 12 de octubre, y luego Martha, en el Iris, el 17, en donde Caruso daría vida a Lionel. El domingo 19, el foso de la colonia Condesa fue el escenario de la obra Sansón y Dalila.

El jueves 23 tocó el turno a Los Payasos, de Leoncavallo. Luego de haber interpretado soberbiamente la pieza, el público explotó en una gran ovación y el escenario del Iris se llenó de flores, mientras el tenor lloraba emocionado.

Para entonces la gente se disputaba los más de 20 mil boletos disponibles para verlo el domingo 26 en Aída, en El Toreo.

El cronista no supo si Caruso cantó bien o no, si la orquesta se lució o no. De lo que sí dejó constancia en su ágil texto (que reproducimos en estas páginas), fue de la fiesta popular en que se transformó la función.

Aquí no ´afusilan´

La temporada se acababa. El empresario trataba de arreglar algunas fechas más, pero era imposible. El martes 28, Caruso cantó en el Iris un concierto organizado por el H. Ayuntamiento de México cuyas ganancias se destinarían a "mejoras materiales de la capital y de atenciones de la instrucción pública".

Acompañado por la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Julián Carrillo, el tenor incluyó en el programa un conjunto de canciones napolitanas.

El jueves 30, Caruso se despidió del Iris con su peor actuación en México, debido a que estaba enfermo. En Manón, Caruso "se hallaba fatigado; tosía a menudo; esquivaba los escollos de la partitura apelando a sus buenas mañas de viejo lobo de escena".

Pero todo cambió 24 horas después, cuando artistas nacionales ofrecieron al comendador una noche mexicana en su honor en el Teatro Iris.

Instalado en la platea de honor, el tenor apreció emotivo homenaje que inició a las siete de la noche y se extendió hasta las dos de la madrugada del sábado.

El maestro Carrillo, al frente de la OSN, dirigió su Obertura de Los naranjos. Caruso se divertía haciendo caricaturas de María Conesa, quien en una parte del espectáculo apuntó con una pistola de utilería al tenor. Caruso "dio un grito en la bemol, entre las risas y aplausos del público".

El Cuatezón Beristáin contó que en Xochimilco, Cartucho (como se le dice allá) "bebió pulque y comió enchiladas".

"Díjole también Beristáin a Caruso (...), que cuando fuera a su cantón, les dijera a sus paisanos que no es cierto que aquí afusilan, ni roban, ni matan a los extranjeros, y que, por el contrario, se les recibe con flores, mujeres y harto tlamapa".

El día de muertos de 1919, Caruso cantó por última vez en México. Eligió sus más grandes éxitos en este país: el tercer acto de El elíxir de amor, el tercero de Martha, y el primero de Los Payasos. A pesar de la lluvia, el tenor se mantuvo en el escenario sin protección alguna.

La ovación que le propinó el público mexicano al final de la función fue de época. Caruso se llevaba de México -según se lo confesó al cronista-, bellas impresiones de gentes, costumbres y paisajes. "Por ello es que ahora, no le decimos, ni podríamos decirle adiós; sino... ¡hasta luego!".

Pero sí fue un adiós definitivo. El rey de los tenores, el amo del mundo, murió el 2 de agosto de 1921, de una pleuritis purulenta, en el Hotel Vesubio, en su natal Italia.



http://www.eluniversal.com.mx/cultura/50049.html


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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com