Desde luego, siempre se ha comentado, de escritores y músicos famosos, que han dicho algo ingenioso o, al menos, interesante en su lecho de muerte. Lo más racional es que en esos momentos críticos o no se diga nada, o se diga algo incoherente o sean, simplemente, palabras que no tengan sentido más allá del ámbito de la intimidad. Pero, claro, siempre habrá alguien que, incluso sin estar presente en el momento del óbito, ponga en labios del moribundo ciertas palabras de resonancia. Lo que ocurre es que, con el tiempo, algunas frases son atribuidas a diferentes personalidades, sin poder saber, a estas alturas, a quien corresponde realmente la sentencia o si ésta fue, de hecho, pronunciada. Creo que el caso de Beethoven se puede enmarcar perfectamente en la primera hipótesis, pues esta frase la he visto atribuida a varios personajes del mundo de la cultura entre los que median, incluso, la distancia de siglos.
