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A mi esta Traviata, ya lo dije varias veces, pues no me gustó. Ni la puesta en escena, con más de una incongruencia con el libreto (¡qué raro!) ni los cantantes: partiendo de que Hampson no es ni nunca ha sido un cantante verdiano, su Germont resulta blandengue en lo musical y soso en lo escénico. Se me ocurren muchos Germonts mucho mejores ahora mismo: Nucci, Bruson, Pons, Carlos Álvarez o incluso el que tuvimos aquí, estupendo Zdejko Lucic.
Y la parejísima.... pues qué quereis que os diga: ella actúa muy bien, si, como una gata en celo toda la obra, que es lo que le pide el montaje, pero su canto deja bastante que desear, porque esta chica tiene una ligera tendencia a entrar cuando le da la gana y a respirar donde le apetezca sin esperar al final de las frases que bueno... aunque el timbre es agradable en el centro. Y Villazón pone pasión, pero a veces confunde pasión con descontrol: creo que no debería sacrificarse tanto el canto para poner pasión como él lo hace. Pero bueno, esto es ya cuestión de gustos... A mi lo cierto es que Villazón (casi) nunca termina de convencerme por completo en cuanto le he escuchado, que empieza a ser bastante (nunca en vivo, eso es cierto también).
Si a todo esto se le suma que la dirección de Carlo Rizzi no está especialmente inspirada... pues llegamos a un espectáculo que puede tener el suficiente, incluso el bien.... pero que no entiendo como puede convertirse en un hito reciente de las funciones de ópera cuando hay muchas otras que lo merecen mucho más.
Si comparamos esta producción consagrada con otras consagradas como 'La belle Helene' o 'Platee' que firma Laurent Pelly... se ve que a todos los niveles hay una diferencia entre lo normal (esta Traviata) y lo muy bueno (por ejemplo estas dos producciones que cito). Yo creo que esta Traviata es perfectamente prescindible... pero claro, con todo el revuelo que está levantando... todo el mundo querrá verla al menos una vez para poder tener su propia opinión...
_________________ El tiempo es algo singular: Mientras pasa sin más la vida, no es nada en absoluto. De pronto, solo le sentimos a él, a nuestro alrededor y en nuestro interior, fluyendo una y otra vez por nosotros, por nuestros rostros, como un silencioso reloj de arena.
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