Ya estaba algo puesto en música clásica pero no me gustaba la ópera, mejor dicho, no la entendía.
Hasta que, por puro error, me colé sin querer en una función.
Resulta que yo había comprado una entrada para el día anterior, recuerdo que eran obras de Arcangelo Corelli. Pero, torpe de mí, me equivoqué de fecha y me presenté en el teatro al día siguiente de la fecha en cuestión.
El despistado portero me picó la entrada despreocupado. Claro, cuando me di cuenta de que pasaba algo raro (me entregaron un libreto), pregunté y advertí mi error.
Pero como ya me habían picado la entrada tuvieron la bondad de permitirme ver la función a mí y a mi acompañante en dos butacas que, casualmente, estaban vacías.

Las únicas
En el momento en que empezó quedé prendado, anonadado. La ópera en cuestión era La Scala di Seta, ópera que está todavía entre mis favoritas y es mi favorita de Rossini. No tenía ni orquesta, sólo un piano, y la puesta en escena no me agradaba del todo (inspirada en los 20, creo) pero Rossini y el elenco hicieron el resto.
Los cantantes no son muy conocidos pero recuerdo que me encantaron, sobre todo Elizaveta Martirosyan, Vicenç Esteve Madrid y Juan Tomás Martínez.
En fin, esta es mi absurda historia de cómo me atrapó la ópera.
P.S: Para más información fue en la Maestranza de Sevilla, la directora musical, de escena y pianista era Rosetta Cucchi, creo que fue en Marzo de 2003, pero no estoy seguro.